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El Lobo en el Mito
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El Lobo en el Mito
EL LOBO MÍTICO

El aspecto maléfico del mito del lobo lo asocia a las tinieblas, a los infiernos, al pecado, al engaño, a la violencia; a la voracidad (lobo) y la concupiscencia (loba). Este fue el significado promulgado por los cristianos, que lo asocian con el diablo, y el culto al mismo en la Europa medieval. Será un obstáculo en la ruta del peregrino para los árabes y, en ocasiones, también para los hindúes.

Sin embargo, en su aspecto benéfico, el lobo es un símbolo de luz, un símbolo celeste, asociado a divinidades solares como Apolo. Representará las cualidades de fuerza y valor, y aparecerá en numerosos mitos fundacionales de ciudades, dinastías y clanes.

La noción del lobo como guerrero enfurecido, fuera de sí, aparecerá en Roma, asociado al dios Marte, pero también entre los pueblos del norte de Europa en la forma de los berserks, y como símbolo de iniciación en sociedades guerreras de todo el mundo.

La loba encarnará la divinidad ctónica, la fecundidad, y frecuentemente aparecerá como nodriza de personajes importantes en la historia de los pueblos que le rendirán culto.

Por último el lobo, como otros cánidos, será asociado a la muerte y a los infiernos, así como al descenso hacia la oscuridad iniciática. G. Durand señala que existe una convergencia entre la mordedura del cánido y el temor al tiempo devorador, Cronos, devorando el tiempo humano, y los astros que éste emplea para medirlo. Sin embargo, es también el aspecto luminoso del lobo el que conduce no sólo a los muertos, sino a las almas de los vivientes, por el camino adecuado, para evitar su extravío, o bien haciéndoles superar diversas pruebas, actuando a un tiempo como guía y guardián de los misterios que entraña la oscuridad en la que él ve.

El mito del licántropo, del hombre transformado en lobo, del que aquí se muestran algunas trazas, se tratará en una sección a parte, debido a su extensión y profundidad.


ITALIA

Tal vez el mito clásico más conocido acerca del lobo está en la leyenda de la fundación de Roma, según la cuál el dios Marte se enamoró de Rhea Sílvia, una virgen vestal; de su unión nacieron los gemelos Rómulo y Remo, que fueron introducidos en una cesta y lanzados al río Tíber, del cual los rescataría una loba y los criaría como si fueran sus propios cachorros, hasta el momento en el que el pastor Faústulo los recogería y los dejaría al cuidado de Acca Larentia. Algunos autores apuntan que Acca Larentia pudiera ser en realidad la loba, la palabra latina lupa, designa a un mismo tiempo loba y prostituta. En todo caso, la loba pasó a ser el emblema de Roma, apareciendo en sus monedas y monumentos.

El lobo en la mitología romana está asociado a Marte, dios de la guerra, como el mismo dios, en otros países, evocará también una idea de fuerza mal contenida, gastándose con furor, pero sin discernimiento.


GRECIA

En Grecia el lobo se asocia fundamentalmente a a figura del dios Apolo. Delphos (antiguamente Liconia) había sido fundada por los supervivientes de un diluvio, guiados por los aullidos de los lobos. Pausánias narra la historia en la que un saqueador del santuario de Apolo fue muerto por un lobo, que no dejó de aullar hasta que las gentes acudieron al lugar y encontraron el tesoro secuestrado, devolviéndolo al templo y erigiendo allí un lobo de bronce junto al altar mayor. En otro episodio, Apolo tubo un hijo con la hija del rey Minos, Miletos pero éste fue abandonado y recogido por una loba hasta que, posteriormente fue recogido por unos pastores; de este modo fue como el fundador de Mileto, en Asia Menor, pudo sobrevivir.

El lobo también fue una de las formas atribuidas a Zeus (Lykaios), a quien se propiciaron sacrificios, para poner término a las sequías y plagas naturales de cualquier especie.

El lobo como divinidad infernal existe también en la mitología grecolatina : la loba de Mormólice, nodriza de Aqueronte (el barquero de los infiernos); también Hades, señor de los infiernos, se reviste con un manto de piel de lobo, y entre los etruscos, el dios de la muerte tiene orejas de lobo.


ESCANDINAVIA

La boca del lobo, en la mitología escandinava, es un símbolo de reintegración cíclica, similar al que encontraos en la india, Skoll y Hati son gigantes en forma de lobos que persiguen al sol y a la luna,y eran causa de los temidos eclipses, en los que se los hubieran tragado, de no ser por los hechizos forjados contra ellos. A Fenrir, el lobo gigante, únicamente la magia de los enanos logrará contenerlo un tiempo, hasta la batalla final, en la que éste se liberará y se enfrentará al dios Odín, derrotándolo, y muriendo a su vez a manos de su hijo.

Sin embargo, Odín, el dios principal, también se asocia al lobo en múltiples ocasiones, llegando a adoptar su forma. Lo acompañan siempre dos lobos, Gere y Freke, a los que alimenta en el banquete de los guerreros que han muerto con honor, en el Valhalla.

El lobo también está asociado a la imagen del Berserk, un guerrero ritualmente metamorfoseado en animal, llevado por un furor agresivo que lo hacía invencible.


INDIA

En el Rigveda el devoto le pide al sol, dios Pushan, que aparte del camino del hombre piadoso al hombre pernicioso; en otro himno, se habla de la codorniz prisionera en la garganta del lobo Vrika, posteriormente liberada; aquí la codorniz es un símbolo de luz, y la boca del lobo las tinieblas, los infiernos; la liberación de las fauces del lobo es la aurora, la luz iniciática que sucede al descenso a los infiernos.

Sin embargo, en la civilización hindú, el lobo también es héroe, así, en la epopeya del Mahabharata, Vridokara (vientre de lobo) representa el valor, el honor y la victoria del héroe.


MONGOLIA

En esta zona, el mito del lobo azul reviste una fundamental importancia; el lobo azul, Bortä-Tchino, o lobo celeste simboliza la luz uránica, el rayo; es la pareja de la cierva blanca o leonada, que representa a la tierra, en la unión sagrada de tierra y cielo, padres de la dinastía Khan, de la cual sería descendiente Gengis Khan.


TURQUÍA

Una leyenda explica cómo un pueblo fue masacrado, salvándose sólo por descuido un niño, que sería recogido por una loba y protegido en su guarida. Posteriormente la loba se convertiría en su mujer, y la descendencia de ambos sería el origen de los primero turcos. Cada año, se ofrecían sacrificios en la gruta en la que la loba habría dado a luz a los antepasados, lo que nos recuerda a las lupercales romanas, y al igual que entre los romanos, entre los turcos el lobo es un símbolo propiciatorio de fecundidad. En Anatolia, aún se ve a las mujeres estériles invocar al lobo para tener hijos. En Kamchatka, en la fiesta anual de octubre, se fabrica una imagen del lobo de heno y se conserva un año con el fin de que despose a las jóvenes de la aldea.


EGIPTO

Los egipcio tenían un dios lobo de los muertos, llamado Upuaput, "el que abre camino", encargado de guiar la barca del sol en su desplazamiento nocturno. Upuaput tenía una ciudad que posteriormente los griegos llamarían Licópolis. Según Diodoro de Sicília, un ejército de lobos habría detenido una invasión etíope sobre el territorio, y el nombre conserva el recuerdo de la victoria de los lobos sobre el enemigo.

Cuando el dios lobo era invocado por los vivientes, los conducía por múltiples pruebas hasta llegar al camino de los Bienaventurados, lugar dónde Osiris los acogía e impartía sus enseñanzas. También, según Diodoro de Sicilia, el mismo Osiris resucita en forma de lobo para ayudar a Isis, su esposa, y Horus, su hijo, a vencer a su malvado hermano Set.


INUITS

Una leyenda cuenta que al principio sólo existieron una pareja de humanos, sin animales; y la mujer pidió a Kaïla, dios del cielo, que poblara la tierra. Éste mandó perforar un agujero en el hielo, como los empleados en la pesca y de allí salieron todos los animales, el último de los cuales, y más preciado, fue el caribú que daría alimento, pieles y otros enseres a la comunidad. Sin embargo, al cazar a los mejores, pronto no quedaron más que los enfermos o débiles. Entonces la mujer volvió a pedir ayuda y, por el mismo sistema, pescó al lobo, enviado por Amorak (el espíritu del lobo), para que devorara a los animales débiles y mantuviera la calidad del caribú.


CHINA Y JAPÓN

La China igualmente conocía un lobo celeste (la estrella Sirius), guardián del palacio celestial (la Osa mayor). El carácter polar se encuentra en la atribución del lobo al norte. Este papel guardián da lugar al aspecto feroz del animal. En ciertas regiones del Japón fue invocado como protector.


Bibliografía :

Jean Chevalier, Alain Gheerbrant. Diccionario de Símbolos. Editorial. Herder, Barcelona, 1988

Jean Marc Landry, El lobo, Ed. Omega, Barcelona, 2004

Massimo Izzi; Diccionario ilustrado de los monstruos, Editorial José de Olañeta, Mallorca, 2000.

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer; ni el león al caballo cómo ha de atrapar su presa. (W. Blake)
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El Lobo en el Mito
LOS BESTIARIOS

Los Bestiarios son recopilaciones de descripciones, acompañadas a menudo por ilustraciones, de una serie de animales reales o míticos, y en ocasiones también de elementos naturales (piedras, plantas...) y sus propiedades, con intención moralizante cristiana, cuyo mayor representación se encuentra en la época medieval. La principal fuente de la que beben los bestiarios medievales es el Physiologus (El Fisiólogo). Esta obra, de autoría discutida, fue posiblemente escrita en Alejandría, entre los siglos II y V . En casi 50 capítulos, el autor se sirve de las criaturas descritas para explicar el dogma cristiano. A pesar de ello, las historias que presenta el Fisiólogo, provienen de fuentes aún anteriores, por un lado de filósofos como Aristóteles y Plinio; por otro de cuentos de animales indios, hebreos y egipcios. La difusión del Fisiólogo entre los siglos XII y XIII, convirtió a esta obra en inspiración para los bestiarios escultóricos, y recreaciones animales en el arte del periodo Románico. En un principio los animales descritos pertenecían al ámbito oriental, tardíamente se introducirían los animales europeos, así como un sinfín de criaturas híbridas surgidas de la imaginación de escritores e ilustradores. En los bestiarios los animales son instrumentos del Dios cristiano. A grandes rasgos, los animales considerados bellos están destinados a encarnar las virtudes cristianas, los que se consideran peligrosos se reservan al servicio del mal. Esta imaginería y asociaciones de significado pudieron ser empleadas en el discurso doctrinal de los predicadores de la época, para atemorizar y ejemplificar a los oyentes. Pero al parecer los Bestiarios no se reservaron únicamente las alegorías más evidentes. Entre sus contenidos conviven símbolos procedentes de la alquimia, y una serie de códigos descifrables por unos pocos. A pesar de ser presentados con las características de una "historia natural" (incluyendo en ella a las criaturas que hoy consideramos míticas o imaginarias), en los Bestiarios pesa más el valor simbólico o alegórico de las criaturas descritas que la realidad de las afirmaciones. Esto resultó ser el origen de falsos tópicos acerca de ciertos animales, que aún se conservan.

EL LOBO EN LOS BESTIARIOS

En la imaginería románica el lobo era una criatura iniciatica, para las cofradías de constructores. En alquimia el lobo era símbolo del antimonio y por tanto de saturno; por sus propiedades de fijeza y solidez se contraponía al mercurio, volátil. Para la iglesia medieval, el lobo estaba asociado al Maligno, y frecuentemente se le dota de un talante excepcionalmente astuto y cruel. Se utiliza su condición de predador y sus taques al ganado, especialmente a las ovejas, para simbolizar al diablo acechando y "robando" almas cristianas, al mínimo descuido del desafortunado. El lobo era símbolo de voracidad, y la loba de concupiscencia y lascivia. Es posible que algunas de las creencias populares acerca del lobo, recogidas siglos más arde en algunos tratados de caza tengan su precedente en los bestiarios medievales. Algunos tópicos extendidos tienen cierta base real, por ejemplo, el brillo de los ojos en la oscuridad (por las características de la retina, sus ojos, al igual pero en menor grado que los felinos, reflejan la luz para mejorar la visibilidad). Se dice también que en periodos de hambre, "se alimentan de tierra"; y esto podría venir de haber visto al lobo desenterrar los restos de alguna presa ( los lobos entierran en ocasiones restos de sus cacerías para momentos de escasez). También se decía que un lobo veía a una persona antes que ésta le viese a él, la persona perdía la voz, y esto puede darse cuando una persona pasa mucho miedo. Otros tópicos que no tienen ninguna base real son que el lobo nunca bebe agua (al contrario, tan necesaria les es que no pueden vivir demasiado lejos de ella), que no puede volver la cabeza, que es un animal concupiscente ( sólo hay una pareja en una manada de lobos, y sólo se aparea una vez al año, además las parejas de lobos suelen mantenerse estables). Otros son exageraciones que subrayan la astucia atribuida al lobo, como la capacidad de aullar con una pata en el hocico, para que parezca que son varios en lugar de uno solo; o que cuando varios lobos cruzan un río se sujetan los unos a otros por la cola, para que no se los lleve la corriente. Las más tristes elucubraciones son, sin duda, las que conciernen a la crueldad del lobo, por ejemplo, que el lobo ataca deliberadamente a una cierva preñada para robarle el feto y devorarlo delante de ella, para después matarla.

FUENTES:

Jean Marc Landry, El lobo, Ed. Omega, Barcelona, 2004

Albert Manent, El Llop a Catalunya, Memòria, llegenda i història, Pagès Editors, Lleida, 2004.

http://www.aragonesasi.com /bestiario/index.php

http://expositions.bnf.fr /bestiaire/expo/version_esp /salle2/accueil.htm

http://espanol.geocities.com /ornitorrinco13/Simbologia _Romanica/simbologia_romanica.html

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El Lobo en el Mito
Traducción de extractos de "El lobo en la Edad Media"

EL LOBO, MONSTRUO Y DEMONIO

A principios de la Edad Media, entre los celtas, el guerrero envidiaba a los lobos su poder y atrevimiento. Algunos soldados galos incluso recubrían su casco con una cabeza de lobo después de comer su corazón. Pero el lobo es también un animal inteligente y paciente, capaz de esperar horas antes de atacar a su presa. El pastor desatento se hace robar a sus ovejas, el agricultor sus aves. Rápidamente nacen oscuras leyendas contadas en la noche cerrada. Se culpa al lobo ahora de las desapariciones, ahora de las agresiones.

Desde la Alta Edad Media, Carlomagno (en 813), reglamentará la caza del lobo. En primer lugar, dará lugar a los loberos encargados de hacer desaparecer a los lobos por cualquier medio. Las grandes desgracias de la Edad Media obligaron al lobo a acercarse del humanos. Se acostumbrarán a las presas domésticas.

Se constataron entonces las primeras devastaciones sobre las manadas. Los lobos empujados por el hambre llegan incluso hasta entrar en las ciudades y los pueblos. Muy rápidamente la imagen del lobo lo presenta como algo diabólico, devorador de niños. En el siglo XII, la mera idea del lobo aterroriza al pueblo, su imagen de monstruo, de bestia, ha anclado en las mentalidades.

El nacimiento del animal de mano de Eva se describe en el Roman de Renard. Al lado de la imagen del lobo estúpido (Ysengrin) del que el malvado zorro abusa, se podía descubrir cómo la mujer que había implicado el hombre en su caída creaba también al animal demoníaco que iba a atormentar sus noches.

Sin respuesta, la Iglesia omnipresente en el mundo medieval, tiene una parte de responsabilidad en esta sombría imagen del lobo. La moral judeo-cristiana justificó y explicó estos miedos que atormentaban a señores y vasallos. El lobo no sería otro que el Diablo, o su servidor que, devorando los cuerpos, se apropiaba de las almas.

En la iconografía cristiana, el lobo aparece en principio como un símbolo de las fuerzas diabólicas que amenazan al rebaño de fieles representados por corderos. En el Fisiólogo de los primeros años de la cristiandad, el lobo que es un animal listo y malvado, se hace el muerto cuando encuentra una persona, para atacarle mejor a continuación. El « lobo disfrazado de pastor » simboliza a los falsos profetas que tienen por objetivo "corromper a los inocentes".

Des del siglo IV, San Ambrosio, obispo de Milan afirmaba: « Si el lobo amenaza con saltar sobre ti, toma una piedra, y huirá. Tu piedra, es Cristo. Si te refugias en Cristo, él no podrá atemorizarte". El lobo era, pues, para los cristianos, una amenaza tanto para su cuerpo como para su alma. Esta imagen de la pura e inocente oveja puesta en peligro por la sombra del lobo permanecerá por largo tiempo en nuestro inconsciente colectivo. (...)

En los Misterios, obras representadas en las plazas de las catedrales, los actores que encarnaban al Diablo estaban recubiertos por una piel de lobo, reforzando la imagen popular del animal diabólico.

En el « Bestiaire de Pierre de Beauvais » del siglo XIII, se puede leer una condena del lobo sin nombre. « El lobo representa al Diablo, pues prueba constantemente odio hacia la raza humana, y merodea en torno a los pensamientos de los fieles con el fin de errar sus almas. […] Los ojos del lobo que brillan en la noche, son obras del diablo, que parecen bellos y agradables a los hombres desprovistos de razón, y a aquellos que son ciegos en los ojos de su corazón. [...]El lobo roba toda fuerza de gritar a un hombre cuando lo ve él primero, y así este hombre no puede recibir la ayuda de personas que se encuentran lejos él. »

En la edad Media, el lobo fue, pues, el chivo expiatorio del Maligno. Capturados en vida, algunas veces fueron juzgados y condenados a la hoguera. Las habladurías sobre los pactos con el Diablo, su presencia junto a las brujas que los cabalgaban para ir al aquelarre, sus ataques contra los niños asustados; son historias se extienden de pueblo en pueblo.

Los naturalistas de la época no tenían una opinión mejor que los campesinos del lobo. « El lobo es un animal terrible. Su mordedura es venenosa porque de buen grado se alimenta de sapos.La hierba no vuelve a crecer por allí dónde pasa". Los conductores de lobos que atormentaban los oscuros bosques acompañados de sus siniestros camaradas mantenían los miedos. Muchas historias, en todas las regiones de Francia, los citan con temor o respeto. Estos hombres, se decía, hablaban con los lobos, curaban la rabia… pero cuando llamaban a su puerta, caída la noche, era necesario darles techo y cena, ya que podían también pedir a sus lobos que atacaran.

En el siglo XIV la imagen del lobo no mejoró demasiado. « El lobo adora la carne humana, y puede ser si es muy fuerte, que no coma de otra » dicen las Crónicas. Gaston III de Foix, dice Phébus, enunció las mismas creencias, precisando en todo momento que el lobo prefería los niños « que tienen la carne más tierna ».

A principios del siglo XV, el Reino de Francia se rasga por la guerra de los Cien Años y la guerra civil. En 1421, el invierno fue tan largo que en el mes de junio, la vid aún no había florecido. El hambre segaba a la población. « Los lobos desterraban de sus tumbas los cuerpos de la gente que se enterraba en ciudades y campos; pues por todas partes donde se iba, se encontraban muerte por la gran pobreza que sufría en campos y ciudades. »

En julio de 1493… « venían todas las noches los lobos a Paris, y atacando a menudo tres o cuatro juntos, se llevaban a la víctima arrastrándola por los pies por París. » El Journal d'un Bourgeois de Paris cuenta lo mismo: « En este tiempo (noviembre 1438) venían los lobos a Paris desde el río y se llevaban a los perros, y se comieron a un niño en la plaza aux Chats tras les Innocents. » El hambre había obligado a los lobos a acercarse a los hombres. En este tiempo de escasez, las callejuelas oscuras cubiertas de desperdicios donde retozaban cerdos, aves y ovejas eran un terreno de caza inesperado. En los campos de los alrededores, los rebaños son atrapados. Los lobos se acercan a las granjas para entrar en los gallineros y los establos. Algunos pensaron que el gusto del lobo por la carne humana venia de los festines que los campos de batalla les ofrecían. Sobre este hecho, abundan numerosas historias en todas las épocas. En 1477, el cuerpo de Charles el temerario será también devorado por los lobos en el campo de batalla. (...)



EL LOBO SÍMBOLO DE VALENTÍA O DE ARREPENTIMIENTO

La Iglesia, en la Edad Media, hizo del lobo el compañero del Diablo. Los Tratados de montería hablaban de un "bestia negra" que debe clasificarse entre las "alimañas". El Roman de Renard, del siglo XII muestra a un Ysengrin desequilibrado y estúpido. Con todo, en Francia, más de 1200 familias llevaron escudos de armas o incluso divisas "al lobo". En el siglo XV, Antoine de Ligne, príncipe de Mortagne, funda en Hainaut la orden de caballería del Lobo para « devorar al lobo de Borgoña ».

El lobo era allí un símbolo de valentía, fuerza y atrevimiento. Esta imagen había nacido de la observación del lobo en caza. Ya, durante la Antigüedad, los Romanos lo habían adoptado por esta razón como uno de los emblemas de sus legiones. El 16 de agosto de 1513, se dijo, el condeArtois fue acompañado por un verdadero lobo erguido que combatió por él en la batalla des Eperons.

Incluso el mundo cristiano encontró cualidades en el salvaje animal. En numerosas leyendas hagiográficas, el lobo encarna el arrepentimiento. Ciertos Santos tenían el poder de transformar su ferocidad en piedad. Desde el siglo XV, en Normandía, San Loup (Lobo) le pasó una estrella alrededor del cuello. Un siglo más tarde, Santa Austreberthe le hará reemplazar en su tarea al asno que había devorado. Al lado de muchos santos, el lobo cumplirá las funciones más diversas: perro lazarillo, transportador de piedra, buey de labranza, guardián del ganado.

En la literatura profana de la edad Media, los autores hacen referencia regularmente a los « garoués », hombres metamorfoseados en lobos. Este hombre cautivo en el cuerpo del animal continúa teniendo sentimientos humanos que el no puede expresar por la palabra. Cuando un hombre lo trata con afecto, a menudo un caballero o su dama, el garoué se convierte en su protector, del que no se separará jamás. Se hace mención, por ejemplo, en el Ciclo Artúrico, al lado del Rey Arturo.

Se encuentra muy lejos entonces de la imagen del monstruo demoníaco. Aunque los hombres lo temieran por su fuerza, su resistencia o su inteligencia, no podían evitar respetarlo y admirarlo por las mismas razones. (...)



FUENTE:

Le Loup au Moyen Age

http://www.haut-koenigsbourg.net/loups/d...moyena.htm

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03-Sep-2007 08:13 PM
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El Lobo en el Mito
http://www.temakel.com/simbololobo.htm
Esteban Ierardo

El lobo persigue a su presa a través de grandes distancias. Puede confundir y agotar a su víctima. Durante la cacería junto a la manada, evidencia una astucia y eficacia capaz de competir con el cazador humano. Este hecho quizá motivó la tendencia arcaica universal a vislumbrar en el lobo una encarnación del mal. Pero el temor ante los poderes depredatorios del animal de los aullidos también suscitó fascinación y promovió la creencia de que en él bullen fuerzas extrañas, misteriosas. Así, en la costa noroeste de América del Norte, el lobo era venerado como poderoso espíritu animal que concede al chamán potencia sobrenatural. Se obtenía de esta manera una vivaz medicina con la que curar a los enfermos. Al cubrir su rostro con una máscara de lobo, el chamán, hombre de lo sagrado, se vinculaba con violentos espíritus de la caza. Los chamanes lapones se creían lobos y los chamanes tunguses invocaban al lobo para ser poseídos por su espíritu. En diversas culturas de raigambre chamánica, se relataban las visitas que los hechiceros recibían de una mujer disfrazada de lobo. En la mitología nórdica, las valquirias, mujeres guerreras, cabalgaban montadas en lobos para atravesar el cielo. En el contexto también de la imaginación germánica, Odin muere durante la Ragnarok, la batalla final donde se destruye el mundo. Entonces, Fenrir, el lobo cósmico-hijo monstruoso de Loki- devora los restos del antiguo dios tuerto de la sabiduría. En la mitología celta, un lobo celeste despedaza el sol cada atardecer para que la noche no extienda su oscuro reino.

Rómulo y Remo fueron fruto de un lazo clandestino entre Marte, dios de la guerra, y una vestal. A causa de esta penumbra en su origen, los gemelos fueron arrojados al Tíber para que allí encontraran una líquida tumba. Pero las aguas los llevaron hasta la gruta del Lupercal, donde una gran loba, los acogió y amamantó. Cuando luego, los dos hermanos fundaron Roma, su madre adoptiva resplandeció como símbolo de la ciudad y expresión simbólica del valor y las garras destructoras del imperio romano. En la Lupercal, fiesta romana de la fertilidad, se honraba a la maternal loba mítica.

En la Europa medieval, los lobos suscitaron un profundo temor. Sus ataques sobre ovejas y demás ganado doméstico, motivó, junto al miedo, la repulsa del animal cazador. Esta presencia cercana y amenazante del lobo se combinó con la ancestral creencia en hombres animales, humanos que, generalmente en la noche y al amparo de los opalinos rayos lunares, se transformaban en letales bestias depredadoras. Esta mágica transformación acontecía en el caso de los hombres leopardo y los hombres hiena de África, y el hombre jaguar del Amazonas. Y era el caso también de los hombres lobos en la tradición occidental. La leyenda del hombre lobo nació en Arcadia, montañoso territorio de la Grecia antigua, atiborrado de lobos. Esta creencia se entroncó con el culto del Zeus Licio (Zeus Lobo), y con Licaón. En muchas leyendas, Licaón y sus hijos eran presentados como una familia proclive a los excesos. Intrigado por estas anomalías, Zeus lo visitó una vez, disfrazado de campesino. Licaón mandó servirle carne de un niño. Encolerizado, Zeus volcó la mesa y, según algunas variantes de la leyenda, luego, como castigo, transformó a Licaón en lobo. De esta leyenda procedería después la expresión “licantropía” para aludir al hombre que se muta en animal y que aúlla y ataca el ganado de los campesinos.

Y el lobo es el señor del aullido. Autor de entrecortadas canciones en el bosque nocturno.

Lois Crisler, una científica norteamericana especialista en lobos, describe el coro de aullidos de sus animales favoritos como un placer musical y escalofriante: Fuimos despertados, en plena noche canadiense, por los aullidos de los lobos. Probablemente, su canto figura entre las más hermosas composiciones animales del mundo. Las dos voces cambiaban de continuo. Se elevaban y descendían siempre en forma de acordes, nunca en unísono ni en disonancia. Los intervalos alternaban entre terceras menores y quintas. A veces se oía una nota larga de un lobo, mientras que la voz del otro tejía curiosos acompañamientos alrededor de la del compañero. Sus sonidos, extraordinariamente puros, recordaban los de un cuerno de caza. Los lobos se interrumpían intempestivamente y entonces reinaba un silencio impresionante, como si escucharan. La inquietante impetuosidad de aquel dúo nos envolvió en un miedo oprimente¨. La científica recrea el canto de los lobos con admiración. Desde una respetuosa distancia. ¿Pero qué podría ocurrir si los misteriosos animales del bosque cantaran cerca, tan cerca que…?

Edito (Vae); para incluir fuente y autor.

La consigna:
Mantener la Dignidad, la Fe, la Esperanza, el Respeto y el Honor. A traves de la Sabiduria, la Serenidad, la Sensibilidad y la Sencillez. regresar al Origen.

Los seres humanos son libres excepto cuando la humanidad los necesita.
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26-Nov-2007 04:05 PM
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Mensaje: #5
El Lobo en el Mito
Cita:Eddas de Snorri Sturluson, es la fuente primaria de las interpretaciones actuales sobre los mitos nórdicos.


[size=]Capitulo XII \"El Sol, la Luna y sus Perseguidores\" [/size]

Entonces dijo Gylfi:

\"Rápido viaja Sol, y parecería que está asustada, y no apresuraría más su marcha si temeise la muerte\"

Entonces Har dice:

\"No es extraño que vaya deprisa; cerca va quien la persigue, y no tiene más salida que escapar... Hay dos lobos, y el que va tras ella se llama Skoll; la asusta y quiere atraparla. Y se llama hati (el que odia), hijo de Hrodvitin, el que corre delante de ella y quiere atrapar a Luna, y así habrá de ser (finalmente en el Ragnarokk, lo lograran) ... - luego explica el linaje de los lobos - ...La vieja giganta (Gyg) engrendra muchos hijos de gigantes, todos ellos en figura de lobo, y de ahí vienen éstos. Y se dice que el más poderoso de ese linaje es Mánagarm (lobo de la Luna), se alimenta con la vida de todos los hombres que mueren, y tragará la luna y rociará con su sangre el cielo y todo el aire. De ahí que el sol perderá su brillo y los vientos estarán intranquilos y rugirán aquí y allá\"

Fuente: http://www.planetarios.com/manual-escand...oluna.html

lux
13-Dec-2007 06:27 PM
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El Lobo en el Mito
Diccionario de Símbolos, Jean Chevalier, Alain Gheerbrant. Ed. Herder, Barcelona, 1988. pp.652-654

Lobo, loba. Lobo es sinónimo de salvajismo y loba de desenfreno. Pero éstas son nociones sumarias. La segunda sobre todo es conocida como nodriza de Rómulo y Remo, como el emblema de Roma.

1. El simbolismo del lobo, como bastantes otros, entraña dos aspectos: uno feroz y satánico, el otro benéfico. Porque ve en la noche, es símbolo de luz. Ésta es su significación entre los nórdicos y los griegos, donde se atribuye a Belen o a Apolo (Apolo Licio). El simbolismo luminoso del lobo, usual en los países septentrionales, no aparece en el dominio céltico, que ha identificada Lug (equivalente u homólogo de Apolo) y el lince (y no el lobo).

(…) El aspecto luminoso del lobo lo presenta como símbolo solar. También entre los mongoles tiene carácter netamente celeste; es el ancestro de Gengis Khan. La China igualmente conocía un lobo celeste (la estrella Sirius) que es el guardian del palacio celestial (la Osa mayor). El carácter polar se encuentra en la atribución del lobo al norte. Debe señalarse, sin embargo, que este papel guardián da lugar al aspecto feroz del animal: así en ciertas regiones del Japón lo invocan como protector contra los demás animales salvajes. Evoca una idea de fuerza mal contenida, gastándose con furor, pero sin discernimiento. L.G.

2. El lobo es un obstáculo en la ruta del peregrino árabe y la loba en la de Dante, donde toma las dimensiones de la bestia del Apocalipsis. La iconografía hindú lo ve como animal de mal augurio y lo atribuye a las divinidades en su aspecto siniestro. La velocidad del animal se expresa por la relación del lobo con el pecado y de la loba con la pasión, el deseo sensual. El lobo es una de las formas dadas a Zeus (Lykaios), a quien se inmolaban seres humanos como sacrificio en los tiempos en los que reinaba la magia agrícola, para poner término a las sequías y plagas naturales de cualquier especie: “Zeus vertía entonces la lluvia, fertilizaba los campos, y dirigía los vientos”.

3. La boca del lobo, en la mitologia escandinava, es un símbolo de reintegración cíclica, lo que sin duda nos remite al lobo que devora la codorniz, del que habla el Rig Veda. Si, como hemos señalado, la codorniz es un símbolo de luz, la boca del lobo es la noche, la caverna, los infiernos, la fase del pralaya cósmico (…); la liberación de las fauces del lobo es la aurora, la luz iniciática que sucede al descenso a los infiernos, el kalpa. P.G.

4. La fuerza y el ardor en el combate hacen del lobo una legoría guerrera para numerosos pueblos: “Yo soy el lobo solitario, merodeo en muchos países”, dice un canto de guerra de los indios de la pradera americana. Semejantes metáforas abundan en la poesia turca y mongol. Para estos pueblos, el mito del lobo azul reviste una fundamental importancia; el lobo azul o lobo celeste es una kratofanía de la luz uránica, del rayo; es la pareja de la cierva blanca o leonada, que representa a la tierra, en la hierofanta tierra-cielo, de donde nace, entre otros héroes y jefes de linajes, Gengis Khan.

5. Al lobo azul celeste, creador de las dinastías mongolas y chinas, se opone la loba de Rómulo y Remo, terrena sino ctónica. Tanto en un caso como en otro, este animal queda asociado a la idea de fecundidad. La creencia popular en el país turco ha conservado esta herencia hasta nuestros días. Así, entre los bezoar apreciados por los yakuto en Liberia, el lobo se considera como el más poderoso en este sentido; en Anatolia, es decir, en la otra extremidad de la extensión geográfica de los pueblos altaicos, aún se ve a las mujeres estériles invocar al lobo para tener hijos. En Kamchatka “con ocasión de la fiesta anual de octubre, se fabrica una imagen del lobo de heno y se conserva un año para que el lobo despose a las jóvenes de la aldea; entre los samoyedos se ha recogido la leyenda de una mujer que vive en una caverna con un lobo”.

6. El lobo, al igual que el perro desempeña un papel de psicopompo. Un mito de los algonquinos lo presenta como hermano del demiurgo Menebuch, el gran conejo que reina en el oeste, en el reino de los muertos. Semejante función de psicopompo se le reconocía en Europa, como lo atestigua este canto mortuorio rumano:

Aparecerá aún

El lobo frente a ti

(…)

Tómalo como hermano

Pues el lobo conoce

El orden de los bosques

(…)

Él te conducirá

Por la ruta llana

Hacia un hijo de rey

Hacia el paraíso.

(Trésor de la poesie Universelle, por R.Caillois y J.C. Lambert, Paris 1958)



7. El lobo en cuanto divinidad infernal existe ya en la mitologia grecolatina : la loba de Mormólice, nodriza de Aqueronte, que amenaza a los niños, exactamente como en nuestros días se evoca al gran lobo feroz; de un manto de piel de lobo se reviste Hades, señor de los infiernos; las orejas del dios de la muerte de los etruscos son de lobo; también, según Diodoro de Sicilia, Osiris resucita en forma de lobo para ayudar a su mujer e hijo a vencer a su malvado hermano.

8. En la tradición nórdica, los lobos simbolizan la muerte cósmica:son devoradores de astros; lo cual evoca el jaguar ctónico de los centroamericanos, abriendo sus monstruosas fauces para tragar al sol. Fenrir, el lobo gigante, es uno de los enemigos más implacables de los dioses. Únicamente la magia de los enanos puede detener su curso, gracias a una cinta mágia que no se puede romper o cortar. En la mitología egipcia, Anubis, el gran psicopompo, es llamado Imp., el que tiene forma de perro salvaje; en Cinopolis se lo reverencia como dios de los infiernos (chacal).

(…) G. Durand concluye excelentemente en estos términos: “Hay una convergencia muy clara entre la mordedura de los cánidos y el temor del tiempo destructor. Cronos aparece aquí con el rostro de Anubis, el monstruo que devora el tiempo humano o ataca incluso los astros que miden el tiempo”.

9. El lobo, en la imaginería europea de la edad media, es también la forma que revisten más frecuentemente los brujos para presentarse al Sabbat, mientras que las brujas, en las mismas ocasiones, llevan ligas de piel de lobo. En España es la montura del brujo. La creencia en los licántropos u hombres-lobo está atestiguada desde la antigüedad en Europa; Virgilio ya lo menciona. En Francia apenas comenzaba a dudarse de ello en el reinado de Luis XIV. Es una de las componentes de las creencias europeas, uno de los aspectos que sin duda revisten los espíritus de los bosques.

Según Collin de Plancy, “Bodin relata sin sonrojarse que en 1542 se vio una mañana a ciento cincuenta hombres-lobo en una plaza de Constantinopla”. (…).

Diccionario de Símbolos, Jean Chevalier, Alain Gheerbrant. Ed. Herder, Barcelona, 1988. pp.652-654

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer; ni el león al caballo cómo ha de atrapar su presa. (W. Blake)
16-Dec-2007 10:04 AM
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Mensaje: #7
El Lobo en el Mito
http://homepage.mac.com/oscarmv/Kitsune%20...2326/index.html


(...) Realmente es interesante ver cómo las culturas del mundo pueden llegar a tener visiones completamente opuestas sobre un mismo tema. En el caso que nos ocupa de la figura de los lobos en Japón, nada tiene que ver con el lobo de caperucita que vive en el bosque y quiere zamparse a la niña, la abuelita y el cazador si se tercia. En el país del sol naciente los lobos eran considerados animales benéficos por los agricultores e incluso en la creencia shinto, ookami es el mensajero de la diosa de la montaña, yama no kami, también se ocupa de vigilar y controlar los fuegos que se producen en la montaña. Es por lo tanto un animal no solamente relacionado con la divinidad sino una figura relacionada con la sabiduría y la protección tanto de la naturaleza como del ser humano.
Hay dos elementos que influyen en esta visión del lobo en Japón:

1-Las dos categorías de lobos existentes eran el lobo de Honshû que como su nombre indica habitaba las zonas de Honshû, Kyûshû y Shikoku. Y el lobo de Ezo (Hokkaido).

El primero era de muy pequeño tamaño y se extinguió en el año 1905 siendo capturado en las cercanías de Nara, en el monte Takami; el segundo cercano en envergadura al lobo occidental se extinguió en 1889. Evidentemente el tamaño de ambas especies los hacía temerosos de los humanos.

2-La economía eminentemente agrícola de Japón. La escasa explotación ganadera japonesa hacía que los pobladores de los pueblos no vieran amenazados sus ganados por los ataques de los lobos, que se alimentaban principalmente de ciervos y jabalíes muy abundantes en las montañas de Japón, ayudando a los agricultores puesto que dichos animales destrozaban los cultivos.

Así pues no era de extrañar que la gran mayoría de los agricultores acudiera en masa a los templos shinto para comprar amuletos (omamori) de ookami, una palabra con doble escritura, ookami=大神 gran dios; ookami=狼 kanji procedente de China para "lobo". He leído al respecto que kami también puede tener la lectura "kamu" algo así como comillo o boca, no recuerdo bien, y que entonces ookamu sería algo así como "boca grande", la deidad de la boca grande, o de colmillos grandes, la deidad que devora mucho. Pero esto estaría relacionado con creencias "ainu" en las que no voy a entrar porque nos llevaría demasiado tiempo y para ellos necesitaría bibliografía seria de la que no dispongo. Invito a nuestros expertos clientes de la casa de té, que de tanta ayuda nos han sido en anteriores ocasiones.

Curiosamente estas dobles lecturas han servido para que en Japón saliera un interesantísimo juego titulado precisamente "ookami" con los kanji de grande y dios, pero cuyo protagonista es un lobo en cuyo interior habita la diosa Amaterasu (la diosa solar), teniendo en cuenta que el nombre de Amaterasu es Amaterasu ômikami, también con los kanji de grande y dios, es todo un juego de palabras que da paso a un juego sobre los dioses shinto japoneses que no ha salido en el mercado occidental.

Lamentablemente a pesar de no representar un peligro para la población japonesa, fue la mano del hombre y la rabia las que terminaron con los sabios y protectores lobos japoneses. En el caso de Hokkaido es muy curioso, porque fue el resultado de una política gubernamental inducida por un occidental. En 1868 cae el gobierno Tokugawa y comienza la revolución Meiji, un intento por occidentalizar Japón que se propagó por todos los sectores de la vida japonesa, tanto cultural como económicamente. En el caso de la agricultura el nuevo gobierno pidió ayuda a los Estados Unidos para implantar una explotación al estilo rancho en la isla de Hokkaido.
Edwin Dun, un ranchero de Ohio fue el encargado de trasladarse a la isla e iniciar los cambios necesarios creando el rancho Niikappu. Sin embargo no solamente llegaron con él las innovaciones occidentales sino también los temores hacia los animales salvajes, así que nuestro ranchero sugirió a los gobernantes de Hokkaido el envenenamiento de los lobos mediante estricnina. En un periodo histórico en el que se desconocía la palabra ecologismo, no se dudó en comenzar una auténtica cacería del lobo, con el resultado de su completa extinción en 1890.

Pero estamos aquí para analizar no tanto los aspectos físicos y reales del lobo japonés, sino los aspectos legendarios y folklóricos relacionados con los mismos.

No suele ser habitual ver al lobo implicado en historias truculentas, tipo niñitas devoradas, honrados agricultores perdidos en el bosque para ser atacados después, etc... Eso suele ser más una tarea de los o-bake o de los yûrei, en ninguna ocasión tanuki o kitsune devoran a nadie, siendo más divertido despistarlos, transformarse en ellos o tomar posesión del ser humano por un buen rato.
Sin embargo, se dice que el lobo para transformarse en alguien, al no tratarse de un o-bake típico, debe devorar a la persona en cuestión. Cuenta una leyenda que un samurai debía de cruzar habitualmente un bosque para llegar hasta su hogar, en una ocasión le atacó un lobo al que se enfrentó valientemente y lo puso en fuga. La siguiente vez que el noble samurai cruzaba el bosque volvió a atacarle el lobo, pero esta vez iba protegida su cabeza con una cazerola de metal de las de cocer el arroz. Aún así el espadachín logró enfrentarse al lobo y hacer una muesca en la cacerola. Tan extrañado estaba nuestro protagonista de esta ingeniosa idea del lobo, que preguntando por la zona, dio con un calderero y le preguntó si había desaparecido alguna de sus ollas, el otro dijo que sí, que había desaparecido una pero que después la había encontrado cerca de su taller, pero con una profunda muesca que la hacía inservible. El samurai comenzó a atar cabos y preguntó si había alguien en su familia que hubiera sufrido algún accidente hacía poco. Por supuesto, la anciana madre del calderero la noche anterior, volviendo de su baño habitual se había golpeado en la frente con una rama, herida de la que todavía se estaba recuperando. Rápidamente los dos hombres entraron en la habitación de la anciana que permanecía en cama, el samurai sin dudarlo un momento sacó su espada y cortó de un tajo la cabeza de la mujer ante el horrorizado hijo. En pocos minutos el cuerpo se había convertido en el de un lobo. Poco después excavaron debajo de la casa y encontraron los huesos de la madre del calderero al que el lobo había devorado.
Esta es una de las pocas excepciones que he encontrado sobre lobos perpetrando crímenes.

-OKURI OOKAMI: esta es la expresión que define a un lobo que sigue a un humano desde la montaña hasta la puerta de su casa sin intención de atacarle. Se creía que si alguna vez te seguía un lobo en estas condiciones era símbolo de buena suerte y de protección. Al parecer el lobo veía al humano caminando solitario en mitad de la noche y le seguía para protegerle de los posibles peligros, si caminabas él caminaba, si te parabas él se paraba... Sin embargo había que tener mucho cuidado en estas ocasiones, puesto que si te girabas a mirar al lobo o te caías en tu camino entonces era la señal para que el animal te atacara sin piedad.
En la actualidad (...) "Okuri-ookami" son los amigos que insisten en acompañar a una chica a su casa para luego robarle un beso o sobar un poquito. Los hombres que siguen a una mujer desconocida son simplemente chikan, pervertidos." (...)

-MITSUMINE JINJA (el santuario de las tres cimas, se refiere a las cimas de las montañas Kumotori, Shiraiwa y Myoo-ga-take): Este santuario shinto dedicado a Izanagi e Izanami, los grandes dioses de la creación, está situado en el pueblo de Ootaki en la prefectura de Saitama, donde en tiempos remotos había una amplia población de lobos en sus montañas, página del santuario pulsad aquí . Cuenta la leyenda que el príncipe Yamato, posterior unificador del Japón se perdió en estas montañas y fue un lobo blanco quien le guió de vuelta a su hogar. El rey volvió al lugar he hizo el recorrido que había hecho su hijo a modo de peregrinación como agradecimiento a los dioses, fue entonces cuando descubrió el lugar desde el que se veían los tres picos de las montañas y decidió situar allí el santuario. El actual no está en el mismo lugar puesto que se cambió de las faldas del monte Kumotori a las de Myoo-ga-take en época Meiji.

Como es habitual en los templos shinto aquí también existen dos animales guardianes de la puerta del templo, pero en este caso no son dos zorros sino dos lobos.

-FUJIWARA NO HIDEHIRA: miembro del clan Fujiwara, tercer señor de Hiraizumi, Provincia de Mutsu, una ciudad rodeada de templos y de la que se dice que la familia Fujiwara enterró sutras a su alrededor como protección y plantó numerosos cerezos para embellecerla. Página de la ciudad aquí.

Allí fue trasladado durante su infancia Minamoto no Yoshitsune tras su educación en las montañas de Kurama, para ponerlo a salvo de la furia de Taira no Kiyomori. Fue también en este lugar donde ser resguardó por un tiempo Yoshitsune de la venganza de su hermano mayor Yoritomo. Traicionado por el hijo de Hidehira, éste resistió junto a su protegido a las tropas unidas de sus propios hijos y de Yoritomo.
Cuenta la leyenda que en su infancia Hidehira fue amamantado por una loba en el bosque al estilo de Rómulo y Remo, contando así con la protección de los lobos de por vida. (...)

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer; ni el león al caballo cómo ha de atrapar su presa. (W. Blake)
21-Dec-2007 03:50 PM
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Mensaje: #8
El Lobo en el Mito
SIMBOLISMO DEL L O B O


© Ediciones Arché. Milán.
© por la traducción Ernesto Milà
Fuente:infofrikis

Un saludo a todo el foro.Lamento no poder participar tanto como quisiera,pero últimamente estoy más liado que un trompo.Espero poder contribuir más asiduamente dentro de poco.

Salud y paz mental a tod@s


I. EL CONDUCTOR DE ALMAS. TIR Y FENRIR. EL MITO ESCANDINAVO


"Los Ases educaron al Lobo (Fenrir); entre todos ellos, Tyr era el único lo suficientemente valiente para ir hasta él y darle de comer. Pero cuando los dioses vieron hasta que punto Fenrir crecía cada día y recordaron que todas las profecías supieron que estaba destinado a provocar su perdición; entonces fabricaron una cadena extremadamente fuerte para retenerlo" (3).
Así comienza este mito escandinavo. Los dioses intentaron contenerlo con cadenas, pero Fenrir las rompió. Los Ases utilizaron entonces una cadena mágica, "hecha de seis partes: ruidos de paso de gatos, barba de mujer, raíz de montañas, nervios de oso, aliento de pez y esputo de pájaros; (...) La cadena era lisa y dulce como un paño de seda, pero sólida y fuerte (...)"
Los dioses quisieron encadenar a Fenrir, a una isla llamada Gleipnir, pero el lobo desconfió. Exigió que, en prenda, uno de los Ases colocara la mano entre sus dientes: "Los Ases se miraron entre ellos; la petición era inesperado y nadie quería ceder su mano. Entonces, Tyr tendió la derecha y la colocó entre las mandíbulas del lobo. Cuando este las cerró, la trampa quedó tendida y contra más se movía, más se cerraba la presa. Entonces, los Ases estallaron en carcajadas, todos salvo Tyr: acababa de perder la mano". Gleipnir no se rompe más que en el “Ragna-rök”, el "destino de los dioses", también llamado "crepúsculo de los dioses". Fenrir se convierte entonces en el sepulcro de hombres y dioses. Este mito está ligado directamente al ocaso de un mundo, al fin de un ciclo.
Vamos a examinar, a continuación, la naturaleza y el papel de los dos protagonistas, Tyr y Fenrir, que nos permitirá comprender mejor el significado del mito.
”TIR”
La forma más habitual de su nombre es ”tiwas”. Procede del indo-europeo “deiwo”, o también “dyu”, que designa el cielo durante el día. De esta raíz han derivado particularmente: el dios védico Dyaus, el Cielo, el romano Júpiter, el griego Zeus, el término francés "dieu", "divino". La raíz “div” quiere decir también en sánscrito, "brillar". En Escandinavia, “tyr” equivale a "dios", su plural es “tivas”. Snorri Sturlesson presenta así a Tyr: "Es el más valiente y el más bravo y decide la victoria en los combates; los valientes lo invocan. Aquel que lucha con otros hombres y no retrocede jamás, es marcial como Tyr; también es sabio, de forma que se dice de quien es más sabio que los demás, que es sabio como Tyr" (4). Representa, igual y principalmente, la ley y la justicia. Los juramentos se hacen bajo su advocación, así como la celebración del Thing, que para los vikingos era, a la vez, el tribunal y la asamblea. Otro nombre de Tyr es Irmin, que procede de Irminsul, el árbol y el eje del mundo germánico. El Irminsul asegura la cohesión y el orden del Universo.
En sánscrito, “rito” –literalmente, "lo que está perfectamente ajustado"-, la ley, y “dharma” -"lo que mantiene las cosas en su lugar"-, expresan la misma idea. Este es el otro nombre de Tyr que representa la ley y el orden. Ocupa con Odín la primera función de la sociedad indogermánica, la sacerdotal y el ejercicio de la soberanía. Su sacrificio, narrado anteriormente, asegura, o más bien, salva, durante un tiempo, el orden del mundo. Por el contrario, la pérdida de una parte de su fuerza y de su pureza, perdiendo su brazo, es señal de desgracia para el conjunto de los dioses. Snorri afirma: "Desde entonces, Tyr ya no es llamado “saetir manna”, pacificador, conciliador de hombres".
La mitología escandinava cuenta otros mitos necesarios para la edificación y la estabilidad del mundo o episodios, como la muerte de Ymir, que provocan el odio destructor de los Gigantes. Este odio engendra las potencias que pondrán fin a este mismo mundo. La muerte acompaña la vida, la construcción llama a la destrucción. Los mismos dioses están atrapados por el Devenir y el Mundo. En este lugar el orden y el caos, el espíritu y la materia, se enfrentan y se mezclan. El más bravo y justo, Tyr, así como el símbolo mismo de la pureza, Balder, son los primeros afectados. Estas dos tragedias marcan el fin de la Edad de Oro. Una grandiosa batalla cierra el ciclo y es el punto de partida del “ragna-rök”, en curso del cual las fuerzas de la luz capitaneadas por Odín y las fuerzas tenebrosas conducidas por Loki y Fenrir, se matan entre sí.
Tyr lucha contra una hipóstasis del lobo, Garm, el perro de los Infiernos. Con su mano izquierda estrangula al monstruo, pero éste le hiere mortalmente. Así perecen, y se aniquilan, las representaciones del Cielo y de las Tinieblas durante la disolución del ciclo.


FENRIR Y LA EDAD DEL LOBO


El lobo Fenrir es hijo de Loki y de la giganta Angerboda. Su corazón, Hel, gobierna sobre el reino de los muertos. Su padre se muestra como un perpetuo instigador de conflictos, una fuente de problemas.
En su fuero interno, Loki detesta a los Ases e intenta destruirlos y perjudicarles constantemente. A causa de sus artimañas, muere Balder, representación de la Edad de Oro y, por tanto, de su exilio fuera de nuestro mundo. Así mismo, como hemos dicho, conduce a las fuerzas obscuras que disuelven el mundo.
Loki parece estar más próximo a los Gigantes que a los dioses. Los Gigantes, uno de los cuales es Fenrir, son fuerzas elementales. El “Völuspa” se inicia invocándolas: "Yo recuerdo a los Gigantes, nacidos en el origen". Estos, también son llamados Thursos, escarcha. Casi siempre residen en Jotumheim, se dice también de ellos que pueblan el Utgard, "Recinto exterior". Sueñan con invadir el Midgard, "Recinto Medio", donde viven los hombres, en cuyo centro reina el Asgard, "Recinto-de-los-Ases". Frecuentemente, son localizados en el Este del mundo. Esta orientación indica su anterioridad pues en el Este se asiste al nacimiento del Sol, al inicio de un ciclo, al comienzo del mundo.
Los Gigantes no son excesivamente malvados, los dioses los confunden a menudo mediante trampas y artificios, y ellos se muestran violentos. Sin embargo, algunos de entre ellos poseen una gran sabiduría y conservan la memoria de los orígenes. Así, Odín se enfrenta al gigante Vafthrudnir, cuyo nombre significa "Fuerte en la pelea".
Partiendo para esta lucha, confía en Frigg, su mujer:"Este es el antiguo saber que posee este muy sabio gigante". Los dioses descienden de los Gigantes, pero, sin embargo, representan otra generación, casi una mutación. La mitología griega comporta una evolución similar entre los Titanes, la primera generación de los dioses, nacidos de Urano y los Olímpicos descendientes de Zeus.
En ambas tradiciones, se producen numerosos conflictos entre los dos grupos. Según la tradición escandinava, los lobos son de la raza de los Gigantes; son llamados "corceles grises de la giganta". Para botar el barco fúnebre de Balder, los dioses piden la ayuda de la giganta Hyrrokkin que se desplaza cabalgando sobre un lobo. En el “Gylfaginning”, a propósito de Skoll y de Hati, lobos que perseguían respectivamente al Sol y a la Luna, se dice: "Hay una giganta que vive al Este del Mitgard, en un bosque que se llama Jarnvid ("Bosque de hierro") (...). Esta vieja giganta engendra muchos hijos de gigantes, todos bajo forma de lobos, y de allí proceden todos los lobos". El “Völuspa” evoca algo parecido:
"En el Este se establece la anciana
En el bosque de Hierro
Allí criaba a la raza de Fenrir (...)".
Los lobos, con Fenrir a la cabeza, representan la venganza de los gigantes, su voluntad de destruir el mundo que se ha construido a sus expensas. El “Völuspa” los contempla así:
"Ella chapoteó
En los ríos caudalosos
A hombres perjuros
Y lobos criminales (...)
El lobo despedazaba a los hombres (...)
Los monstruos viajaban
Todos con el Lobo (...)".
"La bestia va a saltar" no cesa de repetir el “Volpa” (viajante), en el “Völuspa”; tal es su descripción en el período que precede al “ragna-rök”. El desorden, el odio, la maldad, las traiciones, la violencia, el caos, invaden el mundo: "Los hermanos combatían entre ellos y se daban muerte unos a otros. Los padres mancillaban su propio linaje; tiempos rudos en el mundo, adulterio universal, tiempos de hachas, tiempos de espadas, los escudos están en alto, tiempos de tempestades, tiempos de lobos, antes que el mundo se hunda: nadie perdonará a nadie". En consecuencia: "(...) todos los lazos se romperán y serán arrancados". Entonces, sobrevendrá el momento temido desde hace mucho tiempo: "El lobo Fenrir se liberará". Entonces devorará al mundo: "El lobo Fenrir, abriendo las mandíbulas, apoya la inferior contra la Tierra, la superior contra el Cielo. Las abriría aún más si tuviera espacio. El fuego sobresale de sus ojos y de su ocico". En el Asgard, se aprestan para el combate: "(...) Heimdal, se alza con todas sus fuerzas en Gjallarhorn. Llama a todos los dioses y celebran un consejo". Todos los dioses, salvo Loki que dirige las fuerzas enemigas, acompañados por los héroes muertos con las armas en la mano, van al combate final: "A la cabeza, cabalga Odín, con yelmo de oro y hermosa cota de malla, con su lanza que llama Gungnir ("estremecedora"). Se dirige al encuentro del lobo Fenrir". El lobo devora a Odín. Durante un instante, podría creerse que el mundo es definitivamente conquistado por las tinieblas y el caos: "Pero acto seguido, Vidar se precipita y aplasta de una patada la mandíbula inferior del lobo. En ese pié lleva el calzado que, desde siempre, los tiempos han fabricado (...). Con una mano agarra el maxilar superior del lobo y le arranca la mandíbula: es la muerte de Fenrir". Los dos ejércitos se aniquilan: Odín y Fenrir, Tyr y Garm, Heimdal y Loki, Thor y Jormungandr, la serpiente gigante hermana de Fenrir. Los hijos de los dioses sobreviven. Una nueva generación, hipóstasis de la precedente toma el relevo. Un nuevo mundo empieza.
El Sol, justo antes de ser tragado por el lobo Skoll, da nacimiento a otro sol que le sucede. Balder, la Edad de Oro, vuelve entre los vivos
* * *
El lobo simboliza pues, en la tradición escandinava, las fuerzas oscuras, elementales, que se infiltran y corrompen, hasta disolver el mundo.
Con las diferentes partes del cuerpo de Ymir, antepasado de los Gigantes, los dioses construyen el mundo. Los Gigantes representan a las fuerzas naturales, y, por tanto, a la materia. Son diferentes elementos que, con el paso del tiempo, involucionan y se hunden. En suma, el mundo muere de sí mismo, por sí mismo; las potencias fundadoras son también las que matan. Lo que da la vida, da igualmente la muerte, a continuación. La tradición hindú representa esta noción mediante Shiva que personaliza, entre otras, la construcción y la destrucción. Se trata de una ley fundamental de lo que los hindúes llaman “maya”, a la vez la materia, la forma, la potencia y la ilusión, el mundo. La única posibilidad de escapar a este ciclo es unirse al Uno, el Espíritu, lo Eterno, más allá de la vida y de la muerte. A continuación veremos, que es el mismo lobo quien conduce también a la liberación.
El otro punto, directamente relacionado a lo que precede, que nos parece importante precisar aquí, se refiere al crecimiento constante, inversamente proporcional a la involución cíclica, de Fenrir. Cada día el lobo crece, amenaza primero al mundo, hasta convertirse en gigantesco. Este proceso parece inevitable.
Finalmente, con el paso del tiempo esta potencia devastadora se convierte en un peligro cada vez más preocupante, que, finalmente, será mortal. Sin embargo, nada puede destruir a Fenrir o a Loki, ni siquiera la idea misma es evocada en lugar alguno. Solamente Thor amenaza con matar a Loki en el curso de una disputa y afronta a la serpiente gigante Jormungandr; sin éxito pues su auxiliar se atemoriza. La única defensa, provisional que utilizan los dioses consiste en aislar a Fenrir y a Loki, encadenándolos. Esto, por lo demás, no detiene la involución; otras fuerzas disolventes están en marcha en el mundo, como los lobos Skoll y Hati, Jormungandr, los gigantes, etc. Sin embargo, hasta el desencadenamiento de Loki y Fenrir, que tañen las campanas fúnebres del mundo, una relativa estabilidad es preservada.
Sin embargo, el elemento decisivo viene del mundo de los hombres. En efecto, además de las anomalías cósmicas (ausencia de sol, tres inviernos que se suceden), lo que caracteriza a esta edad, son las guerras fratricidas, el deshonor, el afán mortífero de lucro, las ambiciones, que desgarran el mundo de los hombres. Estos últimos, tienen una responsabilidad determinante en el desencadenamiento catastrófico de las fuerzas obscuras. Pues, finalmente, si los dioses y los hombres no pueden destruir a Fenrir, es precisamente porque se encuentra entre ellos y crece con ellos. Son ellos quienes lo alimentan. El matar equivaldría para ellos, a matarse, o a transformarse. Es particulamente notable que aquel que destruye a Fenrir, Vidar, vive en el bosque, representa el mundo virgen, no corrupto, original, al margen del resto de dioses. Se le llama el silencioso.
Fenrir es inherente al mundo. Su pareja en el mundo escandinavo, es el cordero. El uno no puede encontrarse nunca sin el otro. Ambos presentan los dos aspectos extremos de la realidad terrestre. Es por ello que en el Paraíso, el lobo cohabita pacíficamente con el cordero, ambos no forman más que uno: "El lobo vive con el cordero, la pantera se acuesta cerca de la cabra, buey y león pacen juntos bajo la mirada de un niño" (Isaías, XI, 6).
La Edad del Lobo, es el equivalente escandinavo de la Edad de Hierro griega, del “kali-yuga”, la edad de los conflictos hindú, la última edad (5), aquella en las que ciertas características del lobo son los valores, implícitos o explícitos, que dominan el mundo, en particular: la voracidad, es decir, la bulimia de materia, la inestabilidad, el individualismo.
”LA MANDIBULA DE LOS INFIERNOS”
Garm, hipóstasis de Fenrir, es el guardián de los Infiernos. Fenrir, con las mandíbulas abiertas, devora al mundo. Estas dos imágenes muestran claramente que el lobo representa a los Infiernos bajo su aspecto dinámico, conquistador.
La asociación del lobo y de los Infiernos, se encuentra también en la mitología griega. La loba de Mormolycé, con la que se amenazaba a los jóvenes disipados en la Antigüedad, fue, se dice, la nodriza de Aqueronte, uno de los ríos que rodean los Infiernos. Hades, dios de los muertos, dueño de los reinos subterráneos, se reviste en ocasiones con un manto de piel de lobo. Según los etruscos, el dios de los difuntos posee orejas de lobo.
La Edad Media, fue más categórica. Pierre de Beauvais, a principios del siglo XII, escribe en su “Bestiario”: "El lobo representa al Diablo, pues éste experimenta constantemente odio por la especie humana y merodea en torno a los pensamientos de los fieles afín de hacer extraviar sus almas".
El lobo, gran carnicero, devora la materia, el mundo. Pero, como él mismo, es el mundo, quien se autodevora. La historia de Lycaon, en la mitología griega, es, a este respecto, significativa. Este rey ofrece a Zeus la carne de su hijo menor, Arcan según otras versiones. El dueño del Olimpo, indignado, transforma entonces a Lycaon en lobo.
Es pues, aquel que destruye su propia sangre, destruye su propia carne. Al igual que el mundo, cuando inicia su involución, se autodestruye poco a poco.
La transformación de Lycaon en lobo se inicia a final de la edad de bronce. A ella sigue el diluvio de Deucalión y, en consecuencia, el fin de un mundo. Esto coincide con la idea de que el lobo es una maldición enviada por Dios para castigar a los hombres. Jeremías (V), clama a quienes han abandonado a Dios y la "Vía de Yavhé": "(...) ellos también habían roto el yugo y cortado los lazos. Por ello el león del bosque los atacó, el lobo de las estepas los persigue, la pantera está al acecho ante sus ciudades: quien sale de ellas es descuartizado. Sus pecados son numerosos, múltiples en sus rebeliones".
Calamidad que tiene también como finalidad obligar a los hombres, una vez ha terminado la Edad de Oro, a ser vigilantes y a no relajar sus esfuerzos. Virgilio, en “Las Geórgicas”, se hace eco de ello: "Es él (Júpiter) quien da sus perniciosos virus a las negras serpientes, que manda a los lobos vivir de sus rapiñas, a la mar agitarse (...); su fin era, ejerciendo la necesidad, crear poco a poco, las diferentes artes, hacer buscar en los surcos la hierba de trigo y extraer del seno de guijarro el fuego que encierra".
Una leyenda bretona afirma igualmente: "Dios, viendo que los pastores no guardaban a los corderos y les dejaban devorar el trigo, golpea con un pié una mota de tierra y hace nacer al lobo".
Esta idea de castigo divino es recuperada por Habert en el siglo XVII: "Rigurosos castigos, castigos celestes. La ira del Gran Dios se manifiesta, ya que permite a los lobos, atacar al hombre, Rey de todos los animales sometidos bajo su ley".
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El lobo representa a las fuerzas elementales en libertad, dominarlo equivale a que el espíritu domine al mundo, el perpetuo cambio, las fuerzas de "lo bajo". En Occidente las conversiones de lobos en animales santos expresan esta idea. En Europa son numerosos los mitos fundacionales cristianos que oponen santos a lobos, en ocasiones a serpientes como en la isla de Lerins, o de los dragones. Así, san Columbano, cuando funda el monasterio de Luxeuil en el siglo VI, debió afrontar un camino infestado de lobos. Sin embargo, a diferencia del dragón, que es preciso matar, el lobo puede ser dominado, convertido.
A principios de la Edad Media, hay una alusión al conflicto entre el cristianismo y el paganismo. El lobo, en esta óptica, representa los residuos de las religiones europeas precristianas.
La nueva creencia debe combatirlas para impulsar un nuevo ciclo. Esta lucha remite, igualmente, a los enfrentamientos cósmicos entre el Sol y las Tinieblas, frecuentemente imaginadas por el combate entre un dios, o un enviado de Dios y un monstruo. Es preciso también ver la purificación de un espacio que se convierte en sagrado, es decir, que el lazo con el Cielo y con el Centro, se ha restablecido. Esto pasa por la eliminación de las fuerzas oscuras que habían tomado el control a favor de un involución. Sin embargo, se trata de un restablecimiento del espíritu sobre la materia, no de la destrucción de esta. La materia permanece, pero transformada, regenerada. En el período en cuestión, el Cristianismo debía operar una simbiosis con los cultos anteriores. De ahí resultó el catolicismo medieval. Los lobos que trabajan, o transportan diferentes cargas, a cuenta de un santo, son otras tantas lustraciones de esta transformación. En ocasiones, un lobo toma el lugar de un asno, como sucede con el de San Austraberto o de San Maló. El asno simboliza las potencias de lo bajo. Por ello se sacrificaba el asno a Apolo. En el “Kalki-Pirôna”, sirve de montura a la personificación de “kali-yuga”. Tomar su lugar equivale a asumir una parte de su significado simbólico.
El lobo convertido en divino, en las leyendas, pasa a ser un servidor ejemplar de Dios. Así sucede con el célebre lobo de Gubbio que San Francisco de Asis volvió dulce y servicial. Los lobos acuden en ayuda de los santos, como san Deodato, san Florentino o San Odón.
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El fin de un ciclo, la muerte, la disolución, aportadas por el lobo no significan extinción. El Infierno puede no ser más que un tránsito, una “obra al negro”. La muerte puede preludiar a otra vida.
La primavera sucede al invierno, el sol victorioso al sol oculto. Las mandíbulas del lobo sirven como puerta. Abren, ya sea hacia el hundimiento en la materia y las formas, o hacia una vida diferente, para el ser.

II. “EL LOBO Y LA RENOVACION DEL MUNDO”
El episodio en el que Fenrir engulle a Odín, puede parecer paradójico. En efecto, Odín reina entre los lobos. Siempre en sus flancos, los lobos Geri, "Glotón", y Fleki, "Voraz", se alimentan con los restos que el dios tuerto les da. Inspira los “ulfhednar”, los "hombres-lobo", sobre los cuales volveremos más adelante.
Odín controla a sus lobos. Le son devotos y fieles. Tienen su lugar en el orden establecido desde el inicio del ciclo. Sin embargo, Odín, dios-lobo, es también “Ulfs bagi”, "enemigo del Lobo". Este pone fin a sus días. Hasta el ataque funesto de Fenrir y de los suyos, hay acuerdo entre las diferentes partes que componen el mundo. Este posee una ley, vías, un sentido. El espíritu domina la materia, la modela, la dirige, al igual que los lobos son vasallos de Odín. El hijo de Loki, devorando al "dios de los lazos", disuelve este orden. Cuando Odín y Fenrir mueren, el mundo, purificado hasta el límite, vuelve a cero. Solo permanecen los gérmenes de vida.
El invierno es el período durante el cual el mundo se renueva. El punto culminante de esta renovación es el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, noche más larga del año. El Sol parece definitivamente vencido. Sin embargo, a partir de esta fecha, reaparece cada día más y triunfa poco a poco sobre la oscuridad.
El 21 de marzo, equinoccio de primavera, el astro de luz toma una ventaja decisiva. Los días se vuelven más largos que las noches. La Tierra parece revivir. La naturaleza es, de nuevo, prolífica. El Sol ha vencido.
Al invierno corresponde, como orientación simbólica, el Norte; a la primavera, el Este; al verano, el Sur; al otoño, el Oeste. El Este, "Tierra de las auroras", abriga el Conocimiento, la Edad de Oro, el Paraíso se sitúa frecuentemente ahí.
El Sur, el verano, es el lugar de la plenitud, de la mayor riqueza, de la prosperidad. Sin embargo, la oscuridad lanza y recupera la ventaja en un mundo que, enervado por esta hermosa estación, olvida la luz de los orígenes. El Oeste, el otoño, evoca la agonía, la descomposición, luego, en el límite del invierno, la disolución, la última batalla.
El mundo que muere ha sido condenado por sus propias culpas. Es él mismo quien engendra al lobo encargado de devorarlo. Su decadencia provoca su pérdida, el lobo representa el choque con retroceso, entraña el nacimiento de un mundo nuevo, lavado de todas las manchas del presente. Como escribe Montherlant, en “El Treceavo César”, "(...) quien ha abierto las alcantarillas, perecerá por las alcantarillas". Todo mundo corrupto llama al lobo, aquel que viene a cauterizar el mal por el mal. Él mismo se infringe esta terrible justicia.
Si hemos indicado las correspondencias entre las estaciones, los puntos cardinales y las edades de un ciclo, es en la medida en que el lobo es un animal ligado, frecuentemente, con el Norte y el invierno. En Alemania del Sur, el antiguo nombre del mes de diciembre es “wolfsmond”, "mes del lobo". En la Grecia antigua, el lobo se encuentra asociado a Capricornio, signo zodiacal que cubre el primer tercio del invierno (6). Tal como expone Mircea Eliade (7): "La experiencia fundamental es provocada por el encuentro con los muertos que, sobre todo en las proximidades del solsticio de invierno, vuelven sobre la tierra. El invierno es también la estación en la que los iniciados se transforman en lobos". El invierno es un período oscuro. Igualmente, cuando el lobo devora a un ser, como la muerte de Odín, acarrean una caída en las tinieblas.
Un himno del “Rig-Veda” refiere que los Ashvins, gemelos, han arrancado una codorniz de la mandíbula de un lobo. La codorniz se identifica con la luz y la primavera. Cuando el lobo se la pone en su mandíbula, la luz sufre un eclipse. Su liberación anuncia la primavera. En su ira hacia Lycaon, Zeus no perdona más que a uno de sus numerosos hijos, Nyctimos. Bajo el reino de éste tuvo lugar el diluvio de Deucalión. Su nombre procede del griego “nuktos”, "noche". En consecuencia, le es asociada la idea de oscuridad. En la tradición china igualmente, el lobo corresponde al Norte y al invierno.
El “Grimnismal”, texto escandinavo, indica en una descripción del Walhalla: "Un lobo ante la puerta mira al oeste, un águila mira por debajo". Más adelante volveremos a esta asociación entre el águila y el lobo. Interesa aquí señalar la situación del lobo: en la puerta del oeste. Parece guardarla. Efectivamente, a partir del Oeste, empiezan sus dominios, es decir a partir del otoño, cuando el mundo se disuelve. Entonces el lobo gigante retuerce su hocico y muestra sus colmillos. El fin no está lejos.
EL CONDUCTOR DE ALMAS
Mediante la destrucción que opera el lobo, provoca también una metamorfosis, el tránsito de un estado a otro. No es el único en hacerlo en el bestiario simbólico. En Occidente, el león, tiene igualmente este papel de guardián del umbral y de animal psicopómpico, es decir, conductor de almas, al igual que los diferentes monstruos antropófagos omnipresentes en la escultura romana.
En el capítulo precedente, hemos evocado este papel del lobo en el macrocosmos. Aquí, nos ocupamos del microcosmos, del hombre. Pero como, según la enseñanza de Hermes Trimegistro, "lo que está arriba es como lo que está abajo", encontramos, en otra escala, la misma ley.
Tal como hemos descrito precedentemente, el lobo no es sólo un destructor, sino también, en otra vertiente, un conductor. Lleva al Uno a aquel que se muestra digno. Lo que parece ser la nada, la muerte y que puede serlo efectivamente, se abre, tras un período oscuro de transición, sobre otra vida.
Hasta entonces hemos asociado al lobo con las tinieblas. Sin embargo, podemos igualmente hacerlo con la luz. Esto responde a la dualidad propia de este animal. En efecto, está frecuentemente relacionado con divinidades luminosas como Apolo, llamado “lukogenès”, "nacido del lobo". Zeus es llamado en ocasiones “lukios”, "con forma de lobo". La palabra griega que designaba al lobo, “lukos”, está muy próxima a “lyké”, "luz".
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Un canto fúnebre rumano recomienda: "Aparecerá aquel lobo ante ti (...) Tómale como tu hermano pues el lobo conoce el orden de los bosques (...) Te conducirá por el camino llano hacia un hijo de Rey, hacia el Paraíso".
El Paraíso es el lugar de la unión con el Uno. El hijo del Rey es el creador de nuestro mundo, la emanación del Uno, su "puerta". Su camino llano remite a lo plano que simboliza nuestro mundo, por su horizontalidad, pero también el Otro Mundo, en la tradición céltica. Expresa igualmente la idea de espacio ilimitado. Por orden de los bosques, es preciso entender aquí el conocimiento de los laberintos. En suma, el lobo conoce el camino que lleva del laberinto de nuestro mundo a la luz eterna.
Se asegura que el lobo puede ver en la noche y posee una mirada que percibe las tinieblas. Según una creencia, el anillo de Saint Loup, cura la ceguera. San Hervé, ciego, fue guiado por un lobo. En la tradición egipcia, Oupouaout, "el que desbroza caminos", o también "el que abre los caminos", dios lobo, guía el barco del Sol en su peligrosa travesía nocturna. Citemos también, en la misma tradición, a Anubis, dios con la cabeza de chacal, perro o lobo, que conduce las almas en el reino de los muertos. Es, igualmente, el "señor de la Necrópolis", el que la guarda. Pesa los corazones y, de alguna manera, la autenticidad de las almas; por tanto, decide su destino “post mortem”. Habitualmente, era llamado "portero del Hades", lo que evoca a Garm y a Cervero. En ocasiones fue asimilado a Horus, el Sol espiritual, lo que no deja de recordar la asociación del lobo con Apolo.
En una leyenda turca, un lobo-guía, nacido de la luz, interviene así ante Oghuz, ancestro de los Seléucidas y de los Otomanos: "(...) cuando despunta el día, en la tienda de Oghuz kaghan, entra una luz como el Sol. De esta luz sale un gran lobo de pelaje y crines azules. Este lobo permanece ante Oghuz kaghan y se dirige a él (...) Oghuz, yo, voy a marchar ante ti".
”EL LOBO Y EL AGUILA”
El lobo representa la fuerza mal contenida, irracional, impulsiva. En clave iniciática, corresponde a la toma de posesión de una fuerza cuyo empleo puede ser, tanto destructora, como constructora.
Aquel que dispone de ella, debe canalizarla y dirigirla. Esta fuerza puede volverse contra quien la utiliza, pudiéndolo destrozarlo o cabalgarlo. Permanece a sus lados como una amenaza constante, un arma de doble filo. Evola (8), contemplando esta situación, advierte: "En un solo instante disminuye de intensidad la tensión, gracias a la cual un poder es atraído hacia un hombre y le obedece, en el instante mismo este poder lo desborda y arrastra en el seno de la corriente vertiginosa de las "aguas"".
Esto vale para quienes pretenden utilizar la fuerza inconmensurable del lobo. Aquí reside la tentación titánica consistente en utilizar esta potencia con fines no espirituales, por razones individuales, materiales o colectivas. En este caso, esta fuerza se apropia de ellos, así la caída y la destrucción comienzan.
Evola, en otra obra (9), analiza la naturaleza simbólica del lobo y del águila. La primera está ligada al mundo, hereda su ambivalencia. Caracteriza la función guerrera y sus dos orientaciones posibles: caballeresca o titánica. El águila es, por otra parte, un ave, que escapa a la atracción terrestre y, así, se sitúa como intermediaria entre la Tierra y el Cielo. Por otra parte, contempla e incluso fija, al Sol que percibe directamente, en todo su esplendor. Simboliza la soberanía, la autoridad del Centro. Por ello, Evola habla de "someter el lobo al águila", pues: "El águila es el símbolo de una naturaleza real que, por sus propias fuerzas, sabe elevarse más allá de la Tierra hasta fijar al Sol -según la antigua creencia".
Mientras, el lobo permanece como "un rebelde que tiene el poder de arrastrar, pero no de construir". Igualmente, opone su "potencia transitoria" a la "potencia eterna" del águila. Da como ejemplo a Rómulo que habría realizado una: "(...) transfiguración en lo sagrado de un principio simplemente viril y guerrero (lobo); una compenetración -si se puede decir- del principio desencadenado de Marte, dios de la guerra y de la serenidad solar y dominadora de Apolo".
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Todo es interesa recordarlo, especialmente a la hora de interpretar el simbolismo guerrero del lobo. Si bien conduce, escolta, es decir, protege en el curso de un desplazamiento peligroso, no da la dirección para ello. El lobo tiene necesidad de ser dirigido y sobre todo orientado hacia el polo espiritual, el que dispensa una fuerza positiva, constructora. Aquel que es lobo, o que marcha a su lado, tendido hacia el Uno, de forma auténtica, irradia pureza. Sino, el lobo no dejará de devorarlo.

III. VIRILIDAD Y FECUNDIDAD
Casi en oposición a su carácter destructor, el lobo simboliza igualmente la fecundidad; esto equivale casi a engendrar antes que a construir, pues no en vano el nacimiento supone una etapa anterior de la edificación. Es una venida al mundo y no una estructuración. Esta última etapa exige cualidades que el lobo no posee. Este impulsa, da la fuerza, es decir la materia, pero debe someterse a un principio superior a fin de que su intervención se convierta en verdaderamente positiva, para que se oriente hacia lo alto. Este principio, eje y polo, toma, particularmente, la forma del águila tal como hemos evocado en el capítulo precedente.
En Europa, son principalmente los lobos quienes ilustran este aspecto. En efecto, el ejemplo más conocido es el de la loba que alimenta a Rómulo, fundador de Roma, y Remo. En la mitología griega, Leto se transforma en lobo antes del nacimiento de Artemis y Apolo. Por el contrario, entre los demás pueblos e incluso entre los romanos y griegos, un lobo interviene virilmente en el origen.
La idea inicial es la misma. Procede del mundo indo-europeo. Sin embargo, cuando se trata de una loba, el principio masculino está siempre presente bajo la forma de un pájaro, sustituto, en este caso, del lobo. Así, un pico-verde, pájaro profético consagrado a Marte, ayuda a la loba a alimentar a Rómulo y Remo y los protege por igual. El lobo estaba consagrado igualmente a Marte, dios de la guerra. Su madre, Rea Silva, evoca a Rhea, la esposa de Knosos o Saturno, que los romanos han transformado en Cibeles, o también en Hécate que se convierte en ocasiones en loba como la diosa irlandesa Morrigan. Se encuentra, en consecuencia, una pareja lobo-loba. El mito griego parece similar. En efecto, hemos señalado que Zeus, padre de Apolo y de Artemis, era llamado en ocasiones “lukios”, "en forma de lobo". Durante el nacimiento de Apolo, un grupo de cisnes se manifiesta y rodea la isla luego conduce al dios a Hiperborea. Bajo la forma de un cisne, Zeus se une a Leda, madre de los Dióscuros, Castor y Pólux, a los cuales se parecen mucho los gemelos romanos. Según las leyendas relativas a Merlín, este fué engendrado por un pájaro, luego bautizado por el eremita Bleiz, "Lobo", el cual vivía retirado en el bosque en compañía de un lobo gris. El encantador adoptaba, según se dice, en ocasiones, la apariencia de un lobo. La tradición turca refiere que K’uon-mo, rey de los Wou-Suen, abandonado tras su nacimiento, fué alimentado por una loba y un cuervo. En Europa, el cuervo es, de una parte, el mensajero del Sol y de los dioses. Los cuervos de Odín, él mismo “hrafnagud”, "dios de los cuervos", se llaman Hugin, "Pensado" y Munin, "Memoria".
Viajan por el mundo por el dios tuerto y le refieren lo que han visto y oído. Helios envía un cuervo a Mithra para encaerarle matar a un toro. En el mitreanum de San Prisco, una inscripción dice: "Salud para los cuervos, protegidos de Mercurio", este último era el mensajero de los dioses. El cuervo estuvo asociado a Apolo, al dios celta Lug, a la diosa irlandesa Bodb, a Apolo, uno de los nombres de Morrigan, en esta tradición, poseer "la sabiduría del cuervo" quiere decir el conocimiento supremo. Esto nos introduce al segundo punto aquí desarrollado, relacionado con el color negro del cuervo. Este simboliza las tinieblas primordiales, la indiferenciación original, anteriores a la Creación. Evoca también la noche, la obra al negro, la muerte transitoria que precede y permite, el nacimiento del nuevo sol. Por otra parte, cuervo era el nombre del primer grado de la iniciación en los misterios de Mithra. Así el Cielo, viril, está presente a través del pájaro. El cisne y el cuervo refuerzan la idea de inicio.
Hemos citado a Rómulo y Remo, y a Apolo como ejemplos. No son los únicos. Miletos, héroe epónimo y fundador de la ciudad de Mileto Asia Menor, hijo de Apolo según las leyendas, fué alimentado, en suprimera infancia, por una loba. La historia de Lycastos y Parhasios, fundador de la ciudad arcadia Parhasia, está quizás inspirada por la de Romulo y su hermano. Ellos también fueron recogidos por una loba. Según Plutarco, Ares sería el padre de dos gemelos, recordemos que es igualmente el de los gemelos romanos.
Otras versiones atribuyen la paternidad a Zeus. Uno de los primeros santos irlandeses, San Aislbe, nacido de la segunda función, fué, según una leyenda, amamantado por un loba.
”EL LOBO Y LA BICHA”
Gengis-Khan pretendía descender de un lobo azul, Börte Tchino, que se habría unido a una fiera salvaje, Ko’ai Maral. La morada de este lobo, representación del principio masculino, se encuentra en el Cielo y la luz. Los pueblos uralo-altaicos tienen una veneración por el Cielo donde reside el Soberano Supremo. "(...) el rayo del Cielo es un lobo azul, se dice en Turquía, lobo celeste de una virilidad acerada que atraviesa a la fiera de la Tierra, y la semilla para que dé a luz a los héroes, conquistadores, rudos jefes armados con vigor sobrehumano hasta los ojos de acero enrojecido" (10). La comparación del lobo y del rayo no deja de tener interés. Por excelencia el arma del Cielo, el rayo, castiga o insemina.
Establece un lazo entre el Cielo y la Tierra. El "cuchillo que atraviesa a la fiera" no deja de lugar a dudas en cuanto a su naturaleza viril e ígnea. La leyenda siguiente, parecida a la que narra los orígenes del linaje de los Gengiskhánidas, fué recogida en el siglo XVIII por Abu’l Ghazi Bahadur Khan, historiador y jefe turco del Khrezm en el Turquestán occidental. Ilustra la asociación de la luz celeste y de la fecundidad. Alan Ko’a es la mujer de Dobun Mergen, el cual desciende del Börte Tchino y de Ko’ai Maral. Esta leyenda renueva el mito fundador del linaje: "Una mañana, en el momento en que el día iba a ponerse, Alan Ko’a fué despertado por un rayo de luz que penetró en su tienda por la apertura superior. Vio un hombre de rostro blanco y con los ojos azules oscuros salir de este rayo de luz y descender hacia ella. Se aproximó a ella y usó de los derechos de un esposo, luego se fue pasando a través de la misma abertura. Este hombre volvió una vez más. Sin embargo, desde la primera noche, Alan Ko’a llevaba en su seno un recuerdo de esta unión". El color azul indica el origen celeste. Los turcos, así como los mongoles, se refieren a “kök tengri”, el "cielo azul", a la vez “möngke”, "eterno", “dere”, "supremo", y “kötch”, "poderoso". Los primeros se calificaban de "turcos azules", los segundos de "mongoles azules". La bicha simboliza el principio femenino. En la mitología griega, es consagrada a Hera, la Tierra y a Artemisa, que la caza o se sirve de ella para tirar de su cuadriga. Además de la gracia y la belleza, la bicha evoca la virginidad y la pureza, Ko’ai Maral es llamada en ocasiones como si fuera blanca. El otro color que es el más frecuentemente atribuido a esta última, la fiera, pone el énfasis sobre su equivalencia con la Tierra. Una creencia Anatolia quiere que cuando una bicha se sitúa bajo una luz sobrenatural ilumina a la Tierra.
Tenemos aquí, pues, un mito auroral similar a la hierogamia primordial, le fecundación de la “materia prima” por el Espíritu divino. El mito fundador de las Gengiskhánidas comporta tres indicaciones que confirman esto. Primeramente, una versión precisa que el lobo atraviesa el mar. Lo que equivale al enfriamiento de las "Tinieblas invernales" (11). En Extremo-Oriente, el elemento correspondiente al invierno es el agua. Esta es colocada en paralelo con todas las leyendas relativas a una navegación que tenga como fin abordar una isla, o una tierra maravillosa, donde la Edad de Oro está preservada. Luego, se señala que el lobo se dirigía hacia el norte, dirección del origen, del tránsito de la Tierra al Cielo. En fin, el relato afirma que el hijo nacido de esta unión nace cerca de la fuente del río Onon. Aquí también, la idea del inicio es expresada.
Los ríos fueron en ocasiones divinizados, nacidos de una misma fuente, que tiene su origen en el Paraíso. El Ganges procede del monte Meru, montaña polar, eje del mundo, donde posee su fuente terrestre, incluso alimentada por el Ganges celeste nacido de la estrella Polar, es decir, por significación simbólica, del polo espiritual, Dios. En otras leyendas altaicas, una loba salva y alimenta al ancestro de un pueblo, el cual, en ocasiones, se une a ella. El hombre y el animal se refugian en una caverna. Esta representa la matriz, la oscuridad primordial, el nuevo sol, aun en germen, se desarrolla. El lazo entre Artemis y la bicha no deja de tener interés. En efecto, siendo hermana de Apolo, y asociado él a su vez al lobo, este funda una pareja lobo-bicha en la Grecia antigua, parecida a Börne Tchino y Ko’ai Maral. La bicha se relaciona igualmente con el Norte; en consecuencia, encarna la pureza original. Para capturar la bicha de Cerynia consagrada a Artemisa, Hércules, según Píndaro, se desplaza a Hiperbórea. Según Calímaco, la hermana de Apolo le habría encontrado en el momento de partir, con otros cuatro, sobre el monte Liceo. En esta montaña se albergaba un culto a Zeus “lukaios”.
El nombre Liceo, mismo, deriva del lobo en griego, “lukos”. Esta leyenda aparece pues como un eco de la unión mítica del lobo y la bicha.
No se trata en absoluto de coincidencias. El mundo antiguo no era del todo fijado como se imagina muy frecuentemente hoy. Esto se explica, particularmente, por las migraciones indo-europeas que recorrieron en varias oleadas el continente euro-asiático. Fueronla fuente común de culturas de pueblos diferentes, del Extremo-Occidente al Extremo-Oriente. Entre otros pueblos, turcos y siberianos, el lobo es igualmente sinónimo de fecundidad. En Anatolia, las mujeres lo invocan para que cese su esterilidad. En Kamchatka, en el extremo este de Siberia, durante las fiestas de octubre, la representación de un lobo es escenificada a fin de atraer la fecundidad. Diferentes ritos, relacionados con la fecundidad del lobo, están difundidos entre los samoyedos y los yakutos.
”LA CELEBRACION DEL LOBO-CARNERO”
Dos divinidades del entorno mediterráneo, ya evocadas, establecen lazos suplementarios entre el lobo y la fertilidad. En la mitología griega, Hécate, en ocasiones asimilada a Artemisa, concede la prosperidad, la elocuencia, la victoria y toma, de tanto en tanto, la forma de una loba. Hesiodo dice de ella en la “Teogonía”: "Sabe (...) hacer crecer el ganado (...) el hijo de Knosos a hecho de ella la nodriza de la juventud (...)". La otra divinidad es Anubis en ocasiones calificado como "Señor de las vacas lecheras". Pero, es en Roma donde esta asociación revestía tal importancia que se manifestaba mediante una fiesta anual cardinal en la vida de la ciudad, las Lupercalias. Estas tenían lugar el 15 de febrero. En esta fecha, los lupercos, hermandad de sacerdotes, inmolaban, en una gruta del Lupercal, situada en el nor-oeste del Palatino, un cabrito o una cabra y un perro. Luego cortaban las lanas en la piel del cabrito o de la cabra, y a continuación se distribuían por la ciudad flagelando a las mujeres que lo deseaban. Esta fustigación era considerada como deparadora de fecundidad. La palabra lupercalias se descomponía en “lupus”, "lobo" e “ircus”, "carnero" o "cabrito". El significado del carnero se refiere a la del signo zodiacal del mismo nombre, el cual comienza en el equinoccio de primavera.
Fecundo, enérgico, viril, simboliza la naturaleza que explota por su prodigalidad. En la India, está relacionado con el fuego, Agni, pero también a Indra, aquel que, por la muerte del dragón Vritra, permite la renovación del mundo. Sirve de montura, en la misma tradición, a Kuvera, guardián del Norte y de sus tesoros. Este lazo con el Norte, el Origen, se evidencia en el seno de la mitología griega en las leyendas que se refieren a los Argonautas en busca del Toisón de Oro del carnero ofrecido por Zeus a Phrixos y Helle. Esta misma tradición conocía un Hermes Krioforo, "porta-carnero".
Los dorios adoraban al Apolo Karneios, "el dios carnero". El chivo posee atributos propios a parte de los del carnero. Animal de Dionisos y Afrodita, tiene un aspecto sensual, enteramente absorbido por el acto sexual y la lujuria. Este carácter se acentúa con el tiempo en Europa, hasta tal punto que durante la Edad Media se representa al diablo a través de un chivo. En la India, es como el carnero, asociado a Agni y al fuego primaveral, dador de vida: "El chivo es Agni; el chivo es el esplendor (...); el chivo expulsa a lo lejos las tinieblas (...)" (“Atharva-veda”). Al igual que el lobo, la energía que lleva puede, en ocasiones, volverse, por su exceso y su caricatura, hacia lo infrahumano. Ya no está, a partir de entonces, inspirado en la luz del Espíritu, sino en el demonio de la materia. En la Roma antigua, loba era el nombre dado a las prostitutas. Malas lenguas han insinuado que una de ellas, Acca Laurentia, fue la nodriza de los gemelos. La cabra está asociada a menudo al rayo, especialmente en China, el Tibet, y en la Grecia Antigua. En esta última tradición, donde su morada simbólica se encuentra en el signo de Capricornio, la cabra Amaltea alimenta a Zeus durante su infancia sobre el monte Ida, en Creta. Se encuentran en presencia diferentes elementos que indican un mito auroral: la montaña, representación del centro y del eje, último refugio y punto de partida de un ciclo, el solsticio de invierno por el Capricornio, la juventud de un dios, el animal-nodriza, que representa la “materia prima” generosa y fecunda.
Señalemos especialmente que Zeus ofrece a Amaltea un cuerno de cabra que iba a poder procurarle todos los frutos deseados. Se le llama Cuerno de Amaltea, o también Cuerno de la Abundancia. Se trata aquí de un tema conocido que evoca la abundancia de la primera edad. Esta profusión señala, ante todo, la felicidad espiritual. Su último avatar es la búsqueda del Graal, la cual consiste en encontrar e incluso en reintegrar, lo que ha sido perdido, el estado original, la Edad de Oro. En cuanto al perro, reemplaza al lobo.
El sacrificio del animal remite al desmembramiento del gigante cósmico o al estallido del huevo primordial. Referido sobre el año, ocupa el período del equinoccio de primavera, el cual sucede a la gestación invernal. El signo del carnero e inicia el 21 de marzo, es decir, durante el equinoccio. El lobo, animal invernal, lo precede. Este período ve la transformación del lobo en carnero. La naturaleza, de estéril y rigurosa, se convierte en pródiga. Se trata siempre del mismo poder, pero que adopta otro aspecto. Hécate, la loba, diosa generosa, toma también, en ocasiones, un aspecto infernal, tenebroso.
La gruta representa la matriz, oscura, fértil, del nuevo sol. Febrero es el mes de las purificaciones. Es, también hoy, la época de la Cuaresma. Esto corresponde igualmente, siempre en la tradición católica, a la fiesta de la Purificación de la Virgen o Candelaria que, poco a poco, ha reemplazado a las Lupercalias. Hay que señalar, a propósito de los orígenes de esta conmemoración, que Juno Lucina, que preside los nacimientos y estuvo en el origen de los ritos de las lupercales, tenía un templo sobre las faldas del Aquilino, cerca del lugar donde hoy se alza, majestuosa, la basílica de Santa María la Mayor, en la cual termina la gran procesión de la purificación de la Virgen.
Juno Lucina, la Virgen, la purificación, son otros tantos símbolos que señalan el período de renovación y de inicio de un nuevo ciclo.
El detalle, que sigue, del mito relativo a la loba y a los gemelos romanos confirma estas indicaciones.
”LA MADRE DE ROMA”
Rómulo y Remo tienen por madre a Rea Silvia, hija del rey Numitor, vestal, es decir, virgen. Diversas leyendas refieren que Marte seune a ella durante su sueño. Este acto remite al invierno y al tema cosmogónico de la unión de una fuerza viril con una virgen en el centro de los tiempos.
Los gemelos concebidos son amenazados de muerte. Su errar por el mundo comienza. Esto evoca también la infancia de Zeus para evitar la teofagia de su padre, al igual que Leto que vaga por el mundo para dar a luz a Artemisa y Apolo. Este viaje se nos muestra igualmente parecida, por la canasta que navega sobre las aguas, alas de Noé y Deucalión, cuyas arcas salvan de un diluvio a quienes iban a fundar, acto seguido, una humanidad.
Luego, la cesta se detiene ante la higuera Ruminal. Esta representa al “arbor mundi”, el eje cósmico en torno al cual se ordena el mundo. Una montaña, sobre la cual embarrancan las arcas, la representa frecuentemente. El eje cósmico relaciona y une, los tres mundos: infierno, tierra y cielo. Por este eje pasa la influencia divina. Todo lugar donde se encuentra un centro, es el punto de partida de un ciclo. Tanto como los hombres permanecen próximos al eje, al centro, irradian. Si se alejan, entendiendo que se trata de un alejamiento espiritual, las tinieblas se apropian poco a poco de ellos. Hay que señalar que la corriente deposita la cesta al nor-oeste del Palatino. Esta orientación se asocia con la disolución del mundo y el tránsito entre nuestro mundo y el supramundo, a un cambio de Estado. El Palatino se sitúa en el corazón de Roma, los emperadores habitaron allí. Ovidio, en “Las metamórfosis”, dice hablando del palacio de Júpiter: "Es el lugar donde, si la audacia en las palabras nos es permitida, no temería en llamar el Palatino del Cielo". Su función de centro se ve así claramente confirmada. El autor latino relata, en la misma obra, una leyenda que confirma su papel de montaña polar, origen de toda vida es decir, lazo entre el Cielo y la Tierra. Un día Rómulo ve: "(...) su lanza, fijada sobre el monte Palatino, se cubre de golpe de hojas, mantenida en pie por una raíz nueva y no por el hierro hundido en el suelo, ya no un arma, sino un árbol de ramas flexibles (...)". El arma, de golpe, se convierte en "árbol de la vida", "árbol verde", al cual se opone el "árbol seco" de los períodos de eclipse. Este árbol que se desarrolla, de forma sobrenatural, sobre el Palatino representa el eje cósmico. La jabalina representa, el rayo. Esta escena expresa, por una parte, la legitimidad concedida por el Cielo, de otra parte, el inicio de un ciclo.
Prosigamos con el mito. La cesta se encuentra a los pies de la higuera. La loba llega. Amamanta a los gemelos. Un pico-verde le ayuda. La leyenda sitúa esta acción en una gruta próxima a la higuera. Ya hemos dicho algunas palabras sobre el significado de la gruta y señalado leyendas similares en otras tradiciones. Todos estos elementos evocan el nacimiento de un mundo. Otra indicación notable: por la gruta, llamada Lupercal, discurre una fuente, promesa de regeneración y de fecundidad. Es igualmente digno de ser señalado que el nombre de la higuera, Ruminal, procede de “rumis”, pezón. Fue a continuación objeto de culto. Por la higuera, los gemelos reciben la luz celeste. La loba les aporta una fuerza y una raza del alma, un estilo que modela la Roma antigua. Si el lobo actúa por el Cielo, se encuentra sin embargo en el mundo. También, sirve de intermediario, al igual que el alma es Šintermediaria entre el espíritu y el cuerpo.
Los romanos, como muchos pueblos indoeuropeos tal como veremos a continuación, han nacido de tribus que decían descender de un lobo mítico. Esta filiación atestigua una forma de vida y un tipo de civilización específicos. El lobo fue uno de los emblemas de las legiones romanas. La loca es calificada de “mater romanorum”. Todos los romanos son sus hijos. Esta les ha transmitido la luz de Lo Alto, pero bajo un aspecto que se muestra conquistador, viril. Abnegación, sacrificio, simplicidad, rudeza, estos diferentes rasgos caracterizan las mejores cualidades de la Roma republicana. Serán quienes construyan la grandeza de Roma. La loba transmite a los gemelos, al inicio de este ciclo, una forma interior, un estilo si se prefiere. Si la higuera indica de donde vienen, la loba les indica como realizar su destino y los propulsa.
Simbólicamente, los gemelos tienen una parte divina y otra humana. Son así intermediarios entre los dos mundos. Zodiacalmente, se sitúan en Géminis uno de cuyos animales correspondientes es el caballo, animal que conduce de un mundo a otro. El dios asociado a Géminis es Mercurio, el mensajero. Los gemelos son quienes aportan lo que la loba y la higuera, les ha dado. Este don original contenía el destino de Roma, a la vez solar y marcial.
”EL LOBO VERDE”
En Jumiges, Normandía, cada año el 23 y el 24 de junio, tiene lugar la fiesta del Lobo Verde (12). La sustitución del asno de san Austroberto por un lobo es el mito fundador oficial. Veamos en qué consiste esta fiesta: El 23 de junio, la Hermandad de San Juan acude a la casa de un hombre, el Lobo Verde del año. Este se viste entonces de verde. Luego se desarrolla el oficio eucarístico en la iglesia. Durante la tarde, ante el fuego de San Juan encendido por el Lobo Verde, la hermandad corre y danza en torno al fuego intentando atrapar, por tres veces, al futuro Lobo Verde que se defiende con una vara. Tras lo cual este último sufre un simulacro de cremación. Luego la hermandad vuelve a la casa del Lobo Verde que ofrece una comida frugal. Pero, tras la media noche, se come, se bebe, se habla, sin parar. En la mañana se oficia una nueva misa y la bendición, tras la que el Lobo Verde tiene mesa franca durante varios días. El verde es el color de la regeneración, de la vegetación, de la primavera. El Lobo Verde es el lobo de la primera mitad del año cuya actividad está marcada por la fecundidad. El solsticio de verano marca el apogeo de este período de felicidad. En los días que siguen empieza un lento declive en beneficio de las tinieblas. En este momento cardinal del alma, los fuegos del solsticio celebran el estallido y la irradiación del Sol, de la naturaleza, la prosperidad y el júbilo de los días felices. La ronda en torno al fuego evoca el año. Atrapando al futuro Lobo Verde, la comunidad imita el ciclo anual y, por ello el período sombrío que vendrá y la ruptura que opera, se refiere al lobo fecundo de primavera. El número tres, aquí, hace referencia al tránsito de un mundo a otro. Así los tres días que separan la muerte sobre la cruz de la resurrección de Cristo, o en el Mazdeismo, los tres días que separan de la muerte física al tránsito del puente Chinvat o de la caída de este. Este número expresa también la idea de totalidad del mundo manifestado. Este está presente en el "triple tiempo": pasado, presente, futuro; en las tres regiones cósmicas: infierno, tierra, cielo; y también en el año que, en la mitología griega, se divide en tres tiempos (13). El simulacro de cremación contiene dos ideas principales. De una parte, remite al Sol, a la unión del lobo con el centro del círculo, es decir, con el fuego, la luz y, por eso, con la unión de la “materia prima” con el Espíritu. Por otra parte, este rito expresa la idea de regeneración, de nuevo nacimiento, como los del fénix y del águila, como se creía aun en la Edad Media para esta última, tal como explica Guillermo El Clérigo en su “Bestiario Divino”: "El águila es el rey de los pájaros. Una vez llegada a la vejez, puede recuperar la juventud gracias a su naturaleza completamente extraordinaria. Cuando el águila llega a la vejez, cuando sus ojos se oscurecen, cuando cada una de sus alas se vuelve en demasiado débil, le pesa, busca entonces una fuente clara y pura, donde el agua sea límpida e hirviente, en el momento en que los rayos del Sol son más destellantes. El águila empieza entonces a alzarse en los aires, muy alto, por encima de esta fuente, en dirección al Sol, que extiende muy a lo alto su luz. Cuando el águila ha alcanzado la altura máxima, justo en el lugar donde hace más calor, fija sus ojos en el gran disco solar y lo contempla por todo el tiempo que desea pareciendo que vaya a arder por completo.
Entonces, en esta llama, abraza a la vez sus ojos y sus alas; luego desciende hacia la fuente, en el lugar donde es más clara y sana y se zambulle, bañándose por tres veces, hasta que esté, sabedlo bien, enteramente nueva y regenerada, curada de su vejez". Otro punto importante: las dos comidas dadas, la primera antes de media noche, la segunda después. Media noche, en relación al año, corresponde al solsticio de invierno. La primera comida es frugal. Hace referencia al período de esterilidad, de desnudamiento, que precede al 21 de diciembre. Luego, renovación del Sol, una nueva Edad de Oro comienza. Esta amplitud solsticial se expresaba igualmente en las saturnalias romanas, las kronias griegas, o en el festín de Tara de los celtas. En cuanto al mito fundador, traza la transformación del lobo devorador, come el asno y por ello al mundo, en un servidor ejemplar de la luz. El lobo del fin de los tiempos sucede a aquel que impulsa la primera edad. Se trata pues de una fiesta que se refiere a la primera mitad del año, el “deva-yana”, el "camino de los dioses", para los hindúes. Es una llamada a las fuerzas creadoras del solsticio de invierno y esto al solsticio de verano, al apogeo, es decir al momento en que se inicia una inexorable caída. De forma que esta fiesta es, a la vez, homenaje a la primavera, a la creación, y también al Sol, pero sobre todo, una conjura contra el obscurecimiento del mundo.
LOS HIJOS DEL LOBO
Hemos visto como Gengis Khan, los turcos, los romanos, se reclamaban descendientes de lobos. Esta singular genealogía es igualmente reivindicada por numerosos pueblos. Así, en la Italia pre-romana, tres tribus hacen referencia a un lobo como ancestro del grupo. Los lucanios: "Plinio (...), nos sitúa, con una sola palabra, sobre la pista: a su entender los lucanios son samitas a quienes había conducido a la victoria un tal Lucius. Este jefe lleva el nombre de un dios- lobo, Apolo “lukeios”, del cual los romanos hicieron Apolo “lycius”. Es el hombre-lobo; y, para afirmar su parentesco con la bestia divina, los lucanios han emitido en la segunda mitad del III siglo antes de nuestra era, monedas en cuyo anverso figura Zeus, pero cuyo reverso lleva, con una cabeza de lobo, la leyenda “lukanon”, como si su nación procediera del lobo: “lukos”" (14). Los hirpinios, tribu instalada en el Benevento, de “hirpi”, "lobo" en sabino, realizaban un culto al lobo, al igual que los Hispi-sorani cuyos ritos se desarrollaban sobre el monte Soracte, en el norte de Roma. Son ciertamente los sabinos, pueblo que comprendía varias tribus como los lucanios, los hirpinios y los Hirpi-sorani, que estuvieron en el origen de la celebración de las lupercalias. Sobre todo esto, Carcopino señala: "Mientras que en Roma no encontramos fuera de la leyenda de los Gemelos, vestigios muy claros de un culto al lobo y a la loba, es en la religión de los sabinos donde este animal, a la vez temido y venerado, fue verdaderamente para ellos el “totem” que, por una contradicción frecuente en semejante caso, sabían poner en fuga como un maldito y seguir, en sus expediciones guerreras, como su protector soberano. Es lógico que reorganizando la ciudad romana, donde se han establecido definitivamente hacia el 450 a. JC introdujeron el culto por el cual se habían habituado a vencer; y los ritos del Lupercal, fuera de los cuales lo buscaríamos en vano en la Ciudad, llevan la evidencia de su huella indeleble". En territorio griego, mencionamos Licia, en Asia Menor, casi el "país de los lobos", nombre dado, según los autores, por Leto a este país donde los lobos le guiaron. Podría tratarse de una herencia de los Lobitas cuyo nombre procede de "luz" y quizás de "lobo" en indo-europeo. El nombre Licurgo significaría (16) "conductor de lobos". Esto implica que los pueblos griegos se identificaban con lobos; esto procedía, sin duda de una ley de los dorios, pues el legislador espartiata, -compárese con el Lucius de los lucanios- vivió en el siglo IX, dos siglos después de la llegada de los dorios, fundadores de la ciudad, originarios del norte de la península balcánica. Estos fundaron también Argos, ciudad que tomó por emblema el lobo y cuyos habitantes se llamaban así mismos "lobos". Macedon, héroe epónimo de Macedonia, era, según algunos autores, hijos de Lycaon. Según Diodoro, lleva una coraza de piel de lobo y la cabeza de este animal. Los dorios fueron vecinos, e incluso primos ya que igualmente indo-europeos, de los dacios, antepasados de los romanos, también llamados getios o tracios. Su nombre procede, según Estrabón, de “daoi”, "lobos", o "los que son semejantes a los lobos". Más al este vivían los escitas, pueblo también indo-europeo, que practicaba el nomadismo del Mar del Norte al Mar de Aral. Entre ellos, los Neuros, que habitaban en la actual Ucrania, se transformaban, algunos días al año, en lobos, según Heródoto (libro IV, CV). En la laguna aralo-caspia se encontraban, varios siglos antes de nuestra era, tres tribus escitas entre ellos los Haumavarga, literalmente "lobos de haoma". El haoma, el soma para los hindúes, es el licor sagrado, frecuentemente divinizado, que procura fuerza, éxtasis, embriaguez. Volveremos más adelante sobre este tema. En el territorio persa, en el sur del Mar Caspio, una región se llamaba Hyrcania, "país de lobos". Los griegos designaban sus habitantes por el nombre de Hyrkanoi, "los lobos". Poblando el actual Sin-Kiang, región durante mucho tiempo indo- europea, los Uigures, según su tradición, son los frutos de la unión de dos mujeres jóvenes con lobos celestes.
* * *
Todos estos pueblos, que reivindicaban a un lobo como ancestro o que se identificaban con los lobos, tenían dos puntos comunes: el nomadismo y la tradición indo-europea. Este animal es, por excelencia, para los sedentarios un raptor, un cazador que roba y azota las propiedades. Contra este, los agricultores, y sobre todos los pastores, invocaban las divinidades para su protección y la de sus bienes, Fauno en Italia, Apolo en Grecia. El antiguo nomada rogaba al dios al cual el lobo se asociaba anteriormente le liberase de las antiguas fuerzas que, desde su instalación, le son nefastas. San Jorge y San Miguel, "maestros de lobos" en algunas regiones de Europa son implorados en otras contra estos mismos animales. El lobo, visto bajo este ángulo, se presenta ligado a un tipo de civilización: el nomadismo. Es revelador el hecho que fueran los turcos, el último gran pueblo nómada y conquistador, herederos de una parte notable de la tradición indo-europea, quienes consideraron a este animal como emblema sobre sus estandartes en una época donde este símbolo era olvidado en tanto que tal en Europa. Esto explica porque el lobo, animal anteriormente venerado, encarnaba el más alto punto de las virtudes esenciales para todo pueblo emigrante, cae al rango de animal maldito, luego odiado, que necesita verdaderos exorcismos, como a fines de la Edad Media. Como término de esta desconsideración y hostilidad crecientes, esta frase de Buffon cae como una cuchilla: "Es perjudicial en su vida, inútil tras su muerte". "El espíritu del lobo" fue dominado, es decir domesticado, o simplemente exterminado para el nuevo mundo que emergía. Pero, en ocasiones, esta fuerza rechazaba resurgía inopinadamente por una violencia revuelta. Esto, entre otros, ha dado el tema del "loup-garou", cuyo equivalente sería "el coco", el licántropo, residuo de un culto inmemorial convertido en superstición. Los pueblos que se han llamado "lobos" eran indo-europeos o estaban fuertemente influenciados por ellos. Fueron durante mucho tiempo nómadas antes de establecerse. Su tierra original se convirtió sin duda en inhabitable tras un cataclismo y un importante cambio de las condiciones naturales colocando a los supervivientes ante la eventualidad de emigrar. Durante milenios, vivieron

Salud y paz mental
13-Mar-2008 05:27 AM
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El Lobo en el Mito
Muchas Gracias Tyr-Saiwala, ya borré el tema publicado dos veces.

Coincido que esta es una de las mejores rese;as de simbolismo del lobo, pero, hay una cosa importante.

Yo tengo el libro en papel, aunque se lo presté a Vaelia, vaelia, podrias poner los datos del libro por favor ?

Es comprensible que no teniendo el libro a mano, tomaras por buena la informacion de la web , modificando las fuentes sin saberlo.Infocrisis, no infofrikis, como lo pusiste es un sitio relacionado con el fascismo; el autor es Julius Evola, y el traductor, Ernesto Milà (conocido por otros rumbos también) es también bastante conocido en esos ambientes.

Como no quiero malas interpretaciones, le pido a Vaelia que después de poner los datos del libro, cierre el tema a pesar de ser un muy buen resumen.

Gracias.
13-Mar-2008 08:14 AM
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El Lobo en el Mito
Lo tengo en la otra casa ...
Pido disculpas, lo anoto en pendientes personales, y cierro el tema hasta que consiga el dato. Normalmente la memoria me sirve para estas cosas pero con este artículo siempre me lío, por cosas como, por ejemplo, que esté parcialmente publicado en el diccionario de símbolos de Chevalier .

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer; ni el león al caballo cómo ha de atrapar su presa. (W. Blake)
13-Mar-2008 10:22 AM
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El Lobo en el Mito
Fuente: Pagina-1 Revista de la Sierra Norte de Madrid nº14 , Marzo 2009
http://www.pagina-1.es/noticia.asp?ref=713

El Lobo es un hombre para el Lobo.
Lobis Home o la Persistencia humana en la fiera

Por Antonio Terán y Pando


“Quod simul imposuit mensis, ego uindice flamma
in domino dignos euerti tecta Penates
territus ipse fugit nactusque silentia ruris
exululat frustraque loqui conatur; ab ipso
colligit os rabiem solitaeque cupidine caedes
utitur in pecudes et nunc quoque sanguine gaudet.

In uillos abeunt uestes, in crura lacerti:
fit lupus et ueteris seruat uestigia formae…”


Este bello pasaje de Ovidio (Metamrphoseon, Lib. I, 230-237), nos recuerda como Licaón es transformado en lobo por Zeus. Antes de ese momento, crucial, el lobo no existía.
El pensamiento griego, siempre tan lógico, no podía dejar de explicar lógicamente (con la lógica de la mentalidad mitológica, naturalmente) como una fiera merodeante y sanguinaria camina por la tierra.

Pero recreemos el escenario.
En la región de Arcadia, región remota de Grecia, hay un monte piramidal y solitario. Para el resto de los griegos, Arcadia resultaba una zona atrasada (recuérdese la palabra “arcaico”, que se nutre de la misma raiz), cuyos habitantes realizaban ritos cruentos y hasta es posible que fueran antropófagos.
El primer aborígen de la región se llamaba Pelasgo que gobernaba la zona (Pausanias, comenta con lógica o con humor, que éste Pelasgo, debiera estar acompañado por alguien más, pues si no ¿sobre quién gobernaba?). Pelasgo introdujo cierta civilización en la región: enseñó a las gentes a comer bellotas en vez de raices, a vestirse con pieles y a construir chozas. Su hijo Licaón (del griego “lykos”, lobo, es decir el nombre del hombre nomina a la bestia, siendo, en la práctica, una situación biunívoca) fue un hombre religioso que siguió culturizando su remota patria. Lamentablemente su piedad, mal encaminada, le llevó a construir un templo a Zeus donde llevó a cabo sacrificios humanos.
Este extremo, terrible, pudo ser algo más común de lo que nos gustaría en muchos pueblos y los textos clásicos dejan trazas de ésta impropia costumbre.
Zeus, horrorizado, cuando llegó a las alturas celestiales el aroma abyecto de un niño sacrificado, transformó a Licaón en lobo. Debió de transformar a más gente en lobos, recordemos a Pausanias.
Ovidio, retoma el mito y lo que es más importante interpreta la línea básica argumental del mismo como la pretensión de Licaón y sus hijos de engañar al Rey de los Dioses.
Zeus, disfrazado de anciano, se pasea por la Tierra, informándose de primera mano de categoría moral de sus habitantes. En el palacio de Licaón es invitado a un banquete. Licaón tiene sus sospechas de que aquel anciano no sea un Dios y le presenta para cenar un guiso de carne de niño. Esta impiedad, éste transpasar los límites del hombre respecto a la divinidad -en cierto modo la soberbia del hombre- es inadmisible.
Además el tal Licaón, que era una buena pieza, planeaba matar al supuesto anciano, pues otros habitantes de la región también sospecharon que el anciano -probablemente por su honorable porte- era un personaje divino y había comenzado a rezar plegarias.
El pueblo de los Molosos había enviado a Arcadia un rehén (quizás un adolescente, casi un niño) al que Licaón dio muerte, siendo los miembros de éste moloso los que Licaón “ablanda en agua hirviendo y otros los tuesta sobre el fuego” como nos cuenta el propio Zeus transcrito por Ovidio.(1)
Como casi todo el mundo sabe, el moloso es un tipo de perro pastor, muy apreciado desde la antigüedad, cuya víctima primigenia, el rehén, sella el odio eterno entre los dos cánidos: lobos y perros pastores. Por tanto el mito, explica dramáticamente no sólo la aparición taumatúrgica del lobo sobre la tierra sino el comportamiento de sus adversarios.
Los hijos de Licaón fueron también transformados o liquidados por el rayo.

Los textos nos ofrecen cierta luz acerca del remotísimo origen del mito. Independientemente de la antropofagia, parece ser que en la Remota Arcadia existía un rito en el cual si un individuo comía carne humana (real o simbólicamente) se transformaba en lobo, inmediatamente después, desnudo, atravesaba a nado un estanque y se ocultaba en los bosques. Si durante los nuevos años siguientes, se abstenía de probar carne humana, podía regresar a la comunidad, nuevamente transformado en hombre.
Todo nos indica un rito de iniciación, en el cual un grupo de jóvenes arcadios, abandonaban la comunidad viviendo en los bosques, ya como adultos.
Es interesante recordar aquí, con respecto a los ritos inciáticos, que se dice que Licaón introdujo el cultivo de la amapola en Arcadia, como parte del proceso de culturización del país. Los griegos conocían perfectamente el uso del opio y de sus propiedades narcóticas, siendo muy utilizado -junto con el cornezuelo de centeno- en diversos ritos mistéricos.

Otros autores clásicos nos relatan que los asesinos fueron sólo los hijos de Licaón, por lo que Zeus sólo les transformó a ellos. Licaón, visto el desastre, construyó un templo en la cumbre de un monte (llamado Licaón, por cierto) dedicado al Tonante. Noel nos dice que el nombre del monte es Liceo (Diccionario de Mitología Universal, 799) lo cual está en contraposición con la plausible etimología de la misma palabra que ofrece Corominas (Diccionario Etimológico Castellano e Hispánico, 360).
Licaón, siguiendo este último presupuesto, instauró un culto mistérico dedicado a Zeus Licaeo. Se cuenta que los que penetraban en el templo, hombres o animales, dejaban de producir sombra. Además instituyó unas fiestas: las Lupercales (del latín lupus, lobo) (2).
Hay muchos más Licaones, hasta nueve, según varios textos antiguos. Es curioso que siendo una denominación que representaba la crueldad fuera adoptado por otros personajes. Está claro que el nombre de hombre dio lugar al de la bestia, como ya he comentado.
Aristóteles enseñaba en una colina denominada Liceo. Con ese nombre se conocen cientos quizás miles de lugares de aprendizaje, incluso de representación (Liceo de Barcelona, Liceo Francés, etc, p.e.). En Atenas, la loma donde enseñaba el filósofo, estaba cercana a otra, sobre la cual se erigía un templo dedicado a Apolo Liceo (del griego lykoi, matador de lobos) (3).

Cuentan que en la región de Sicione, sus habitantes, hartos de que los lobos arrasaran sus rebaños, preguntaron a un oráculo cómo acabar con la plaga. El dios oracular por excelencia, Apolo, les indicó que debía mezclar carne con corteza de árbol y de ésta forma todos los lobos que comieran aquello perecerían.
Recuérdese que una forma harto cruel de matar perros -otros canes- fue untar con morcilla un corcho. El derivado vegetal inmune a los jugos gástricos obstruía el intestino del animal produciéndole una horrenda muerte.

La presencia del lobo en la historia de la humanidad es enorme. Animal temido y odiado, ha simbolizado también la valentía y la ferocidad en el combate. Muchas legiones romanas portaban cabezas de lobo en sus estandartes, muchos blasones medievales muestran lobos, pasantes o rampantes. Y desde luego la convivencia retroactiva de la naturaleza lupina en el hombre, como en los mitos del Lobis-Home, o cualquier otro hombre-lobo. Destaco, pues es muy importante etnológicamente, en su creación mitológica, es el lobo el que porta germen humano. Más tarde esta simbiosis espiritual se vuelve de doble sentido, siendo, en Europa y algunas culturas amerindias, el animal que más espiritualidad o germen ontológico tiene con el ser humano es el lobo.
Desde la “bestia de Givaudan” al lobo terrible que devorará a Odin, pasando por Caperucita Roja, las fábulas de diferentes autores y hasta las obras de Hesse, el lobo es un ser consustancial con la naturaleza del hombre. Casi siempre, para qué nos vamos a engañar, como elemento bestial extremadamente cruel. Taimado y de apetito feroz (ésta palabra proviene del latín fêrus, silvestre, es decir, el famoso “Lobo feroz” en realidad es el “Lobo silvestre” realmente un extraño pleonasmo), el lobo nos visita desde Esopo y siempre de forma desasosegante:

“Un lobo mordido y maltratado por unos perros, yacía herido, sin poder procurarse comida; al ver a una oveja le pidió que le llevara agua del rio que fluía por allí cerca:
“Si me das de beber, yo encontraré comida por mi mismo”. La oveja, respondiendo dijo: “Si yo te doy de beber, tú me utilizarás como comida”.
El comentario de Esopo, no tiene precio: “La fábula es oportuna para un malhechor que acecha con hipocresía” (Esopo. Fábulas. Alianza. 231).

Los cuentos para niños, cuyos orígenes se sepultan en la noche de los tiempos, nos presentan a varios lobos famosos.
Un lobo parlante y hambriento -los lobos siempre están hambrientos- utiliza persuasión y agudeza, para merendarse a la abuela de la protagonista y a la protagonista. Es innegable que el cuento alerta sobre la desconfianza que los enemigos contrastados nos deben inspirar, pero también oculta un mensaje sexual de gran importancia, especialmente en los pasajes que colocan al lobo en el lecho y Caperucita le pregunta por sus atributos físicos, preguntas que no parecen lógicas entre nieta y abuela que se deberían conocer mucho antes.
Los varios hombres-lobo que en la rumorología han sido, mantienen intacta su carga sexual, poniendo de manifiesto que los dos monstruos por antonomasia (el vampiro y el hombre-lobo) contienen los más arcaicos gérmenes del espíritu humano. Ambos son profundamente sexuales, ambos muerden, siendo la boca, si seguimos a los freudianos un símbolo de sexualidad arcaica, la llamada “fase oral”. Ambos son prácticamente inmortales, siendo sólo posible acabar con ellos tras tomar unas muy especiales precauciones. Ambos mantienen un “espíritu salvaje”, menos patente en el vampiro, pero que les hace pertenecer al ámbito de la Naturaleza.

Así como el beso de la princesa al sapo, representa el beso en el falo -en principio repugnante, pero que posteriormente ofrece grandes satisfacciones- la posesión física por un lobo o un vampiro, parece anunciar placenteras situaciones básicas.
No se si el Canis lupus, merece que se le denigre con la máxima hobbesiana -Homo homini lupus- o debemos pasearnos con él como San Francisco. Tampoco se si el llamar a una mujer loba, es un insulto o un agasajo si pensamos en Luperca, la loba del Capitolio.
Del lobo como símbolo, figura o categoría, nos queda mucho que investigar. Hagámoslo. El bosque de la literatura, la mitología, la antropología, la historia y hasta la religión, conserva en su seno manadas enormes de lobos.
Ars longa, vita brevis.

(1) Obra citada. Para el origen de los Molosos, ver Diccionario de Mitología Universal de Noel. Como obra general consultar “Todos los dioses de Grecia” de Richard Buxton, editado por Oberon.
(2) Noël no está de acuerdo con éste origen y las atribuye al pastor Fáustulo durante la época de Rómulo y Remo. En lo que sí parecen coincidir todos es en su carácter orgiástico y cruel. Véase Justino y Virgilio (Envida, 8) y Ovidio, obra citada.
(3) Hay textos que llevan a Zeus como portador de éste epíteto. Consúltese a Ovidio, en la obra citada. A éste respecto, recomiendo las Metamorfosis traducidas por Antonio Ruiz de Elvira para el CSIC, 1992.

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer; ni el león al caballo cómo ha de atrapar su presa. (W. Blake)
14-Apr-2009 01:07 AM
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