Buhoneros del espiritualismo

Buhoneros del espiritualismo
La ascensión del hechicero de plástico
Ward Churchill

Los últimos veinte años han visto en Estados Unidos el nacimiento de una nueva industria de rápido crecimiento. Conocida como espiritualismo del indio americano, esta lucrativa empresa comenzó aparentemente con unas cuantas mistificaciones literarias perpetradas por no-indígenas tales como Carlos Castaneda, Jay Marks (por otro nombre “Jamake Highwater”, autor de The Primal Mind, etcétera), Ruth Beebe Hill (quien alcanzó notoriedad con Hanta Yo) y Lynn Andrews (Medicine Woman, Jaguar Woman, Chrystal Woman, Spirit Woma,). Unos pocos indios como Alonzo Blacksmith (alias “Chunksa Yuha”, el “legitimador indígena” de Hanta Yo), jefe Zorro Rojo (Memoirs of Chief Red Fox) y Hyemeyosths Storm (Seven Arrows), también se han apuntado al negocio escribiendo sobre la espiritualidad indígena groseras distorsiones y mentiras a secas para el consumo del gran mercado. Semejantes escribidores se enriquecen menudeando sus bazofias mientras que los indios auténticos se mueren de hambre, olvidados por todo el mundo.
Esta situación ha sido larga y duramente combatida por académicos indígenas tan legitimados como Vine Deloria Jr. y Bea Medicine y por activistas como Russell Means (líder del American Indian Movement, AIM), Hank Adams (director de Survival of American Indians Inc., SAIL) y el finado Gerald Wilkenson (jefe del National Indian Youth Council, NIYC). A pesar de ello, la lista de libros postizos alardeando alternativamente de “desenmascarar” o de “enseñar los significados profundos de la espiritualidad india”, continúa creciendo pues las casas editoras ven en ellos una mina de oro inagotable. Últimamente, inclusive, editoras académicas como la University of Chicago Press se han apuntado a la farsa generando travestismos como Mother Earth: An American Story, de Sam Gill, profesor de la Universidad de Colorado.
La perseverancia del americano medio en comprar tales disparates, ha hecho que Deloria afirme que “los blancos de este país están tan alienados en sus propias vidas y tan hambrientos por cualquier suerte de vida real que se agarran a un clavo ardiendo para salvarse. Sin embargo, la sociedad altamente tecnificada les ha vuelto adictos al chute instantáneo (“quick fix”). Prefieren una espiritualidad empaquetada de tal forma que les proporcione una iluminación inmediata, mejor cuanto más sensacional y absurda. Pagarán sus buenos dólares a todo aquel lo suficientemente deshonesto como para ofrecerles la salvación espiritual tras la lectura del libro correcto o tras la devota feligresía a la correcta ceremonia de cuarto de hora. Por ello, están a merced de cualquier buscón. Patético”.
Oren Lyons, líder tradicional de la nación Onondaga, concuerda con Deloria pero sostiene que el problema es mucho más profundo: “los no-indígenas, están tan malacostumbrados a todo este bululú de mentirosos e impostores que, cuando un indio de verdad les ofrece sus útiles consejos, lo rechazan. A estos alienígenas expertos en religión india, no les parece lo bastante ‘indio’. Por tanto, no es sólo degradante para el pueblo indio sino una mistificación absoluta de estos expertos instantáneos que creen haber encontrado todas las respuestas antes incluso de escuchar las preguntas”.
“La cuestión de fondo –continúa Lyons– es que hoy necesitamos más respeto intercultural que en cualquier otro momento de la historia humana. Contra la comunicación y el respeto, no hay obstáculo más rápido y efectivo que la frustración y la desilusión de una parte hacia la otra. Hoy tenemos problemas muy reales, problemas tremendos, problemas que amenazan la supervivencia del planeta. Indios y no-indios tienen que afrontar juntos estos problemas; esto significa que debemos tener un diálogo transparente. Pero un diálogo así es imposible mientras los no-indios sigan engañados en cosas tan elementales como la espiritualidad india”.
Ya sería bastante desastre si las realidades del indio norteamericano estuvieran distorsionadas sólo por libros y películas. Desde 1970, ha habido también un rápido incremento en el número de individuos que intentan vender “sabiduría india” de la manera más utilitaria posible. Siguiendo el ejemplo de personas como Yogi Ramacharaka y de Maharaji Ji –quienes han levantado lucrativos imperios comercializando sucedáneos del misticismo de Asia Oriental–, estos nuevos empresarios comenzaron vendiendo “ceremonias indígenas” por un plato de lentejas.
Janet McCloud, veterana activista por los derechos de pesca y sabia de la nación Nisqually, añade: “al principio, llegaron para apoderarse de nuestras tierras y de nuestras aguas; después, de nuestros peces y de nuestra cacería. Luego, quisieron nuestros recursos minerales y, para conseguirlos, intentaron hacerse con nuestros gobiernos. Ahora, también quieren nuestras religiones. De repente, nos encontramos con un montón de idiotas sin escrúpulos zascandileando y proclamando que son brujos y sacerdotes. Por 50 dólares, mercachiflean a cualquiera una ceremonia de temascal (sweat lodge, sauna amerindia). No es sólo erróneo: es obsceno. Los indios no venden su espiritualidad a cualquiera y a cualquier precio. Estamos ante la continuación de una muy larga serie de latrocinios a los pueblos indios y, en algunos aspectos, éste es el peor de los ya conocidos”.
McCloud se muestra desdeñosa para con los innumerables individuos no-indios que se dedican profesionalmente a estas prácticas: “Estas gentes corren a las Reservas como si estuvieran perdidas y desesperadas, algo realmente patético. Entonces, algún sabio se apiada de ellos y, ¿cómo gratifican su generosidad?. Después de pasar un cuarto de hora con un líder espiritual, ya se consideran a sí mismos como sacerdotes ‘certificados’ y corren enloquecidos a ‘sembrar la Palabra’ –honorarios mediante. Incluso, algunos de ellos se autoproclaman ‘representantes espirituales oficiales’ de varios pueblos indios. Estoy hablando de gentes como Dyhani Ywahoo y Lynn Andrews. Resulta absolutamente repugnante”.
Pero su íntimo y último desprecio lo reserva para aquellos indios que se han acostumbrado a malbaratar su herencia al mejor postor: “También hay indios que hacen estas cosas; tenemos nuestros Sun Bears y nuestros Wallace Black Elks y otros que venderían a su propia madre por un dinero rápido. Lo que conchabean no es suyo y ellos lo saben. Son ladrones y manirrotos y también lo saben. Por ello, jamás les verás entre indios. Cuando nos reunimos en las asambleas tradicionales, jamás verás aparecer a los Sun Bears y tipos semejantes”.
Thomas Banyacya, líder espiritual de los Hopi, opina que “estas gentes no saben nada de aquello en lo que se dicen expertos. De cara a los Blancos, se proclaman ‘mensajeros’. Pero, ¿de quiénes? No son mensajeros del pueblo indio. Yo sí lo soy y no cobro por mis ceremonias”.
Algunos de los feriantes más sofisticados, tales como Sun Bear, han argumentado que las críticas de McCloud y Banyacya están equivocadas. Sun Bear sostiene que las ceremonias y la “sabiduría” que él vende de puerta en puerta no son verdaderamente indias sino que están “basadas en” tradiciones indias. Sin embargo, su literatura promocional se refiere a la “sabiduría espiritual indígeno-americana” y ofrece ceremonias como la del temascal a 50 dólares la sesión y “búsquedas de la visión” por 150 dólares.
“¿Desde cuándo no es ceremonia india la del temascal? –se pregunta Russell Means, un decidido crítico de Sun Bear y de sus colegas. No es que esté basada en una ceremonia india: es una ceremonia india. Al igual que su llamada búsqueda de la visión, la pipa, su uso de la pipa, de la Salvia y todo lo demás. Sun Bear es un farsante, lo mismo que quienes hacen lo mismo que él. Todos ellos saben de sobra que les compran sus productos por la imagen de ‘indianidad’ que proyectan. Y lo menos indio de sus ceremonias es que están personalmente prostituyéndolo todo al convertirlo en una chalanería para hacer dinero”.
Quéjase también Sun Bear de que las críticas a sus actividades están infundadas y vanagloriase de haber cocinado un estofado espiritual a partir de variopintas tradiciones; en efecto, su rueda medicinal es Shosoni mientras que sus hierbas y otros remedios terapéuticos proceden de numerosos pueblos, a la vez que muchas de sus otras ceremonias son Lakota –en su origen. No menos presume de haber construido su propia tribu de la cual se ha autoexaltado como medicine chief. Huelga añadir que la membresía de esta curiosa nueva entidad (compuesta casi exclusivamente por euroamericanos) va acompañada por una ostentosa etiqueta con el precio incorporado. La idea ha prendido entre los buhoneros de lo espiritual como puede comprobarse en Florida con la formación de similares grupos con tarifa incluida, encabezados por un no-indio que se hace llamar Chief Piercing Eyes (jefe Ojos Penetrantes).
“Este es exactamente el problema –dice Nilak Butler, un activista Inuit que trabaja en San Francisco–; cuando hay indios cerca, Sun Bear dice que no está revelando ningún secreto indio. El resto del tiempo, si hemos de creerle, se convierte en “el más indio de la banda”. En cualquier caso, siempre está echando su discurso. Pero, veamos, si tuviera alguna razón en su cantinela, no hubiera tenido que inventarse “nuevas tribus” ni autonombrarse cacique de la indiada y recaudador de tributos: hubiera sido líder de su propio pueblo”.
Según Rick Williams, un Cheyenne/Lakota que trabaja en la Universidad de Colorado, “Sun Bear no es reconocido por su propio pueblo, los Chippewa, como Jefe (espiritual ó lo que sea). No está cualificado. El aprendizaje para convertirse en la clase de líder espiritual que Sun Bear pretende ser lleva toda una vida y él nunca lo comenzó siquiera. Es simplemente un hombre que, durante 25 años, no ha estado en la Reserva White Earth; que pretende ser lo que no es, que vive para su ego y que se gana la vida enredando a un montón de gente sincera pero bastante estúpida. En muchas facetas, te recuerda a individuos tipo Jimmy Swaggart ó Pat Robertson, –pero con menor aliento”.
“Y otra cosa –añade Williams–, Sun Bear no ha formado una nueva tribu. Nadie puede formar una nueva tribu. Lo que ha hecho es comenzar un culto. Y ese culto que ha comenzado está jugando con cosas muy poderosas, como la pipa. Eso es no sólo estúpido y maligno: es peligroso”.
El peligro al que se refiere Williams tiene que ver con el mismísimo poder que hace a la espiritualidad india tan atractiva para los no-indios. Según Matthew King, anciano líder espiritual entre los Oglala Lakota, “cada parte de nuestra religión tiene su poder y su cometido. Cada pueblo tiene su propio camino. No puedes mezclarlos porque cada camino tiene su propio equilibrio. Destruir este equilibrio es grosero y muy peligroso. Por ello, está prohibido”.
“Existen muchas prohibiciones en nuestra religión –continúa King–; están prohibidas las muestras de irrespeto, los actos que desequilibran el poder. Todo ello debe ser aprendido y aprender es muy difícil. Por eso hay muy pocos auténticos medicine men entre nosotros, porque sólo unos pocos son los escogidos. Para alguien que no haya aprendido como se mantiene nuestro equilibrio, pretender erigirse en sacerdote es muy, muy peligroso. Es un zafio irrespeto hacia los poderes y puede dañar gravemente a quien lo intente, a sus pretendidos alumnos, a la naturaleza, a todo. Es extremadamente pernicioso…”
Por las razones antes citadas, el Circle of Elders of the Indigenous Nations of North America, órgano representativo del liderazgo indígena tradicional de este continente, solicitó al American Indian Movement (AIM) que se aplicara a detener las actividades de aquellos descritos como “brujos de plástico” (plastic medicine men). Este término –posiblemente sexista–, describe a aquellos individuos de ambos sexos empeñados en la comercialización de la espiritualidad indígena. En su National Leadership Conference de 1984, el AIM aprobó una resolución según la cual se comprometía a llevar a cabo la voluntad de los ancianos. En esta resolución se mencionaba expresamente a “Sun Bear y su llamada Bear Tribe Medicine Society” y también a “Wallace Black Elk y [la ya fallecida] Grace Spotted Eagle, de Denver, Colorado” así como a Cyfus McDonald, Brooke Medicine Eagle (citado como “Ego” en la resolución), Osheana Fast Wolf y una corporación titulada Vision Quest. Después, se han añadido a la lista nombres como los de Dyani Ywahoo, Rolling Thunder y Beautiful Painted Arrow.
Como Russell Means señaló en su ocasión: “esta gente ha insistido en convertirse en parias dentro de sus propias comunidades y tienen que pechar con las consecuencias. Por lo que se refiere a los blancos que piensan que es guay, chupi, chachi, chévere o diver engancharse a los brujos de plástico, subsidiarles y promocionarles, y encima regañarte y creer que tienen alguna especie de ‘derecho’ fundamental para profanar nuestras tradiciones espirituales, tengo que darles una noticia: ustedes no tienen ese derecho. Nuestras religiones son nuestras. Así de fácil. Nos asisten muy serias razones para guardar como íntimas ciertas cosas, tanto si las entienden como si no. Nos asisten todos los derechos humanos para denegárselas, les guste ó no”.
“Usted puede respetar nuestros derechos elementales ó no respetarlos –prosigue Means– si los respeta, usted es un aliado y estamos encantados de estrecharle la mano, en ésta y en cualquier otra ocasión. Si no los respeta, en el mejor de los casos usted es un ladrón. Más aún, usted es un ladrón de la clase de los que conscientemente y por su propio interés se arriesgan a minar nuestro sentido de la integridad de nuestras culturas. Ello significa que usted es cómplice del proceso de genocidio cultural –del intento de genocidio cultural– orquestado contra el pueblo indio americano. Ello hace de usted, por lo menos, un enemigo. Créame: estamos preparados para tratar con usted en esa calidad”.
Casi enseguida, el capítulo de Colorado del AIM, se enfrentó a Sun Bear en medio de unos ejercicios espirituales –a 500 dólares per capita– que tuvieron lugar cerca del montañoso pueblo de Granby. Aquella acción provocó en el habitualmente pausado NIYC el siguiente comunicado: “el National Indian Youth Council respalda totalmente sus esfuerzos para denunciar, impedir y expulsar de Colorado al Medicine Wheel Gathering… Desde hace tiempo, nos hemos cansado de considerar a la Bear Tribe Medicine Society como repugnante pero inocua para el pueblo indio. Ahora estamos seguros de que no sólo llenan sus bolsillos, sino que nos causan un gravísimo perjuicio. Nada de lo que hagan en su contra será suficiente”.
La contestación del AIM de Colorado y el rotundo apoyo indígena que suscitó, consiguieron que Sun Bear perdiera buena parte de sus ingresos en aquél estado.
Desde entonces, el AIM ha tomado sólida y consistentemente partido por el tradicionalismo indígena, atacando en público a Sun Bear y otros de su calaña e incluso impidiendo por la fuerza sus actividades en lugares tan diversos como Denver y Atlanta. Todos aquellos que quieran ayudarles en su empeño deben hacerlo denunciando a los hechiceros de plástico allá dónde éstos aparezcan, organizando sabotajes activos de sus convocatorias y exigiendo a las librerías locales que cesen de exhibir las obras no sólo de Sun Bear y su compinche no-indio Wabun, sino también las de charlatanes como Castaneda, Jamake Highwater, Lynn Andrews y Hyemeyohsts Storm. Use su imaginación para hacer un buen trabajo y hágalo firme y seguro. Recuerde que Sun Bear y compañía se apoyan cada vez más en grupos de apoyo no-indios tales como las policías locales buscando en ellas protección contra esas interferencias indias que atentan contra sus desautorizados saldos de la espiritualidad india.

El autor es indígena keetoowah cherokee; profesor de American Indian Studies en la Universidad de Colorado/Boulder, EU. Desde 1980, ha sido miembro del American Indian Movement y fue portavoz nacional del Comité de Defensa de Leonard Peltier. Entre sus 17 libros publicados hasta la fecha (1999), destacan: Fantasies of the Master Race: Literature, Cinema and the Colonization of American Indians (2a. ed., 1998) y Struggle for the Land: Native North American Resistance to Genocide, Ecocide and Colonization (2a. ed., 1999)

Traducción de “Spiritual Huksterism. Not For Sale. The Rise of the Plastic Medicine Men”, en Z Magazine, diciembre 1990; reeditado en Indigenous Tought, s.n., junio de 1991, páginas 37A-38A y en Churchill, W., Fantasies of the Master Race: Literature, Cinema and Colonization of American Indians, Common Courage Press, Monroe, EU, 1992.
Traducción de Antonio Pérez. Traducción y publicación permitida expresamente por el autor, Ward Churchill.

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2 Commentsto Buhoneros del espiritualismo

  1. Dark Crow dice:

    La apropiación de la espiritualidad indígena
    Publicado en 195 mayo 2005 | Etnicidad | Pérez, Antonio

    Pérez, Antonio

    El texto que sigue a esta introducción es la traducción de un artículo (Spiritual Hucksterism…) que su autor, el indígena norteamericano Ward Churchill, publicó en Z Magazine, allá por el lejano año de 1990. ¿Lejano? No demasiado puesto que, en los quince años transcurridos desde su primera publicación, apenas hemos apreciado variaciones en el problema atacado por este artículo: la irresistible ascensión comercial de una seudoespiritualidad seudoindígena. Por el contrario, este problema se ha exacerbado desde entonces mientras que, precisamente en los albores de este año 2005, los ataques del fundamentalismo gringocristero a Ward Churchill, han llegado a límites intolerables –bien que escudados en pretextos ajenos a este artículo. Desde principios de febrero de 2005, las fuerzas más retrógradas de EU, piden abierta y literalmente la cabeza de Churchill: según declaraciones de éste, en los primeros cinco días de asedio recibió 130 amenazas de muerte creíbles. Obviamente, no podemos mirar para otro lado. Y como una de las mejores maneras de defender a un autor es publicar sus pensamientos, he aquí una muestra de los propios de Churchill el Bueno –imposible de confundir con el otro Churchill, el imperialista, monárquico, ¡y premio Nobel de literatura!

    Pero, con la venia del lector, permítasenos unos párrafos introductorios e informativos. En 1999, una revista española (Viento Sur, No. 46, pp. 103-108), publicó esta misma traducción (hasta la fecha único texto churchilliano publicado en papel en lengua castellana; en el ciberespacio circulan algunas otras brevísimas notas traducidas). Para aquella ocasión, escribimos otro breve proemio del que (con perdón por la autocita), reproducimos algunos párrafos:

    “Pocos pueblos del mundo conocen mejor que los indígenas norteamericanos la crueldad de los forjadores del imperio estadounidense. Para empezar, desde que comenzó la invasión, los llamados pieles rojas se vieron convertidos en el único Enemigo Interno –cuatro siglos después, lo siguen siendo aunque ahora están acompañados por los negros, hispanos y asiáticos. Hoy que el imperio tiende a considerar al planeta como su coto de caza privado, todos los pueblos que en el mundo somos, corremos los mismos peligros que corrieron y corren los indígenas norteamericanos. Por ello, aunque solo fuera por egoísta precaución, debemos escucharles con especial interés.

    Ward Churchill, el autor del siguiente artículo, es un indígena cherokee. En sus numerosos escritos ha denunciado el holocausto sufrido por su pueblo. Un holocausto negado porque, al enemigo interno, se le achicharra primero y después, como si ello no bastara, se niega el achicharramiento –inclusive en los círculos académicos–, al mismo tiempo que, en los niveles populares, se les convierte literalmente en los malos de la película.

    Con todo, esta es la faceta más grosera del holocausto piel roja. El genocidio continúa en la actualidad, ahora alternando el garrotazo puro y duro con métodos un poco menos burdos. La apropiación de la espiritualidad indígena –de su superestructura, si se prefiere–, es hoy la tortura metódica más en boga. Con ella, se consiguen tres objetivos: primero, que el aficionado a lo indígena, al percatarse consciente o inconscientemente de la zafiedad pseudopoética de esos ritos pseudoindios, rehuya cualquier ulterior estudio de las culturas indígenas. Segundo, que el público común siga creyendo en las películas del oeste, esta vez en versión espiritualista. Tercero, que todos queden convencidos de que no hubo holocausto piel roja “puesto que algunos sabios indios sobreviven en la actualidad”.

    Por lo que se refiere a Europa y otras partes de Occidente, sospecho que hay un cuarto peligro: la adhesión de este pseudoindigenismo a la (aún balbuceante) alianza entre gropúsculos esotéricos que buscan (más consciente que inconscientemente) agruparse en un movimiento que sólo podemos llamar protofascista. Me explico: no nos quepa la menor duda de que el fascismo se moderniza. El fascismo de hoy puede incorporar a los pieles rojas sin mayores traumas adaptativos porque el componente racista del antiguo fascismo, pese a ser muy escandaloso, no era su factor medular sino que admitía excepciones e incongruencias, por ejemplo: Hitler adoraba a los monjes tibetanos, por muy amarillos que fueran. El fascismo de hoy se moderniza conservando sus esencias y entre ellas está la de predicar la salvación individual a través de un Maestro, Gurú o Caudillo, en este caso, Chamán”.

    Pues bien, el fascismo estadounidense ha decidido modernizarse y para demostrarlo nada mejor que aterrorizar al igualitarismo americano mediante el infame recurso de la caza de brujas. Para comenzar a roer ese hueso, ha escogido su apéndice más débil; todo indica que, en sus cónclaves negros, los patriotas se preguntaron: “¿qué les parece ensayar con un intelectual indígena, un egghead, un cabezahuevo, como les tildábamos en los cincuenta, en aquellos gloriosos años de feroz antiintelectualismo, de la guerra fría y del senador McCarthy? ¡Estupendo! De paso nos tomamos unas vacaciones de la corrección política, esa fastidiosa hipocresía”. Así, en febrero de 2005, emprendieron su Cruzada contra Ward Churchill.

    El pretexto que encontraron fue un artículo que Churchill colgó en internet el fatídico día 11 de septiembre de 2001; durante más de tres años, este tremendo alegato (On the Justice of Roosting Chickens, en adelante, RC) habitó el ciberespacio sin demasiadas alharacas ni a favor ni en contra. Más aún, en el año 2003, Churchill lo incluyó en un libro recopilatorio de varios artículos suyos que lleva ese mismo título: tampoco hubo mayores escándalos. Aunque, poco después de la redesignación de Bush, un grupo de estudiantes se opuso violentamente a que “ese profesor indio” diera una conferencia en su universidad. A partir de ese momento, estalló el escándalo.

    Esta simple cronología puede ser bastante significativa. En primer lugar, nos insinúa que la fuerza polémica de internet es bastante caprichosa como lo demuestra que los Roosting Chickens estuvieran varios años congelados antes que asados; en segundo lugar, nos instruye sobre cómo el poder siempre puede contar con un estudiantado ávido de notoriedad (en unos cuantos párrafos, volveremos sobre la Universidad).

    En RC, Churchill se maravillaba de que la primera –y última– reacción ante los atentados del 11-S fuera la extrañeza ante lo que sus compatriotas consideraban “un absurdo, un sin sentido”; por el contrario –argumentaba este cherokee–, todo lo que se haga contra el imperio tiene necesariamente sentido –moral islámica o cristiana aparte. Sin embargo, los inquisidores actuales no aluden siquiera al meollo del artículo sino que se concentran en el pecado mortal que Churchill ha cometido al calificar de little Eichmanns a los ejecutivos agresivos que perecieron en las torres del World Trade Center. Para nuestro autor, estos eichmancitos son quienes realmente dan las órdenes al complejo militar estadounidense y, por ende, son incluso más culpables que los uniformados.

    Febrero de 2005 ha sido el lapso de controversia más aguda; al principio, la discusión académico-legalista giró en torno a los límites de la libertad de expresión mientras que los bushitas se dedicaban a lo suyo –los golpes bajos–; así, deslizaron que Churchill no era realmente indígena, que había sido repudiado por algunos personeros del American Indian Movement, que ganaba demasiado dinero –primera vez que servidor contempla como los gringos convierten en pecado lo que siempre han considerado como la virtud pública por excelencia–, etcétera.

    En una segunda fase, los ataques a tan deslenguado indígena se ampliaron a la “excesiva libertad” que gozaban los profesores universitarios y se pidió su expulsión de la Universidad de Colorado. Pero resulta que Churchill es profesor tenured, funcionario y, por tanto, inamovible. Salvo… salvo que a alguna luminaria bushita como David Horowitz se le ocurra que la única manera de guillotinar al rebelde sea propalar que ha cometido fraude académico, bien porque no sea “indio de verdad”, bien porque haya plagiado. La primera línea de ataque se ha revelado muy costosa porque es cuasi imposible demostrar cuántas gotas o raudales de sangre indígena tiene una persona. Por ello, los bushitas están concentrándose en la segunda; en este sentido, ya han surgido no menos de dos profesores (Thomas Brown, de Lamar University, y Fay G. Cohen, de Dalhousie University), que han acusado a Churchill de ligereza y de plagio, respectivamente.

    En estos momentos, los jerifaltes de la universidad de Colorado, dizque están estudiando los libros de Churchill para decidir si pueden expulsarle. Empero, extraoficialmente, lo que están buscando es un corpus de denuncias, como las de Brown y Cohen, que hagan menos costosa políticamente su defenestración. Y aquí es donde volvemos a la Universidad como instrumento del bushismo: siendo Churchill inatacable desde la Primera Enmienda (la libertad de expresión), queda la vía de la difamación académica. Continuando las peripecias de Salem y de McCarthy, el establishment de EU busca inaugurar su tercera caza de brujas disfrazándola de purismo académico. Por ello, recurre a la Universidad convirtiéndola en una puta barata; ya han empleado a los estudiantes como jauría que levanta la caza y a ciertos profesores como escopeteros. Sólo les falta implicar a los rectores… Y que en el extranjero no se solidaricen con el profesor indio Ward Churchill.

  2. yusuf dice:

    demasiado bueno este articulo…y pensar que cuando pase una temporada viviendo en los states me compre libros de algunos autores mencionados aqui como farsantes !!!…todavia los tengo en algun lado…como diferenciar lo verdadero de lo falso es algo que siempre esta pendiente de mejorarse