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Reiki: la historia de Takata
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Reiki: la historia de Takata
REIKI






LA HISTORIA DE
HAWAYO TAKATA


POR
HELEN J. HABERLY



Este libro fue pasado a formato Word para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más. HERNÁN


Para descargar de Internet: Biblioteca Nueva Era
Rosario - Argentina
FWD: http://www.promineo.gq.nu

Dedicado a la memoria de HAWAYO K. TAKATA. Mi Maestra. Mi Amiga


AGRADECIMIENTOS
Este es un relato tal como lo contó Hawayo Takata, no una historia formal; y como sucede con cualquier historia de vida, hay innumerables individuos que han aportado capítulos y párrafos, muchos de los cuales permanecerán en el anonimato. Les doy mis "gracias" de todo corazón a aquellos con cuyas entrevistas han sustentado los hechos que aquí se relatan. Vuestra generosidad al compartir las experiencias con la Sra. Takata y con Reiki ha sido de gran enriquecimiento.
Quiero agradecer especialmente a todos los que en mi vida me han ayudado para que esta tarea sea posible:
Mis hijas e hijos, sus compañeros/as y sus hijos/as, quienes han sido mi mayor apoyo y quienes compartieron su Reiki conmigo.
Louis, quien me presentó a Hawayo Takata y a Reiki.
La difunta Maestra de Reiki Bethal Phaigh, con su fe inquebrantable en mi promesa de escribir esta historia.
El La Maestro Maestra Lani Kaito, cuya especial perspicacia ayudó a enfocar y dar forma a la escritura.
El Dr. Carroll F. Raum, por su crítica literaria y su apoyo constante a lo largo del recorrido de mi vida.
La Gran Maestra Phyllis Lei Furumoto, por haber podido utilizar fotos familiares.
Walter R. Jackson, fotógrafo y amigo, por su generosa contribución con tiempo y asesorarniento.
Mavis McLaverty, por su magia con la computadora.
La Maestra de Reiki Linda Keiser, hermana en espíritu, y su pareja. Herbert Mardis, quienes aportaron la energía y el conocimiento necesarios para manifestar un libro como éste.

INTRODUCCIÓN

Por cuarenta y cinco años Hawayo Takata llevó literalmente en sus manos, una de las artes de curación mas grande del mundo al cual llamaba Reiki. Ella compartió este conocimiento con cientos de estudiantes y trató a miles de sufrientes durante su larga carrera como maestra y practicante de Reiki.
Su camino y el mío convergieron a comienzos del otoño de 1973, cuando ella viajó desde su hogar en una isla de Hawai para dar una clase en otra isla situada al noroeste de la costa del estado de Washington; yo era una de los treinta estudiantes de aquella clase, y cuando esta pequeña mujer oriental se paró frente a nosotros diciendo categóricamente:
"Reiki significa Energía Vital Universal y todos nosotros estamos constituidos por ella. ¡Todos pueden usar esta energía para curar, y yo les puedo enseñar cómo!", supe que ella tenía las respuestas a lo que yo había estado buscando.
Ésta había sido una larga y esforzada búsqueda por más de 17 años, motivada por mi necesidad de entender más plenamente qué había ocurrido en mi vida a través de una experiencia espiritual profunda, un hecho transformador que aún ahora sólo puedo describir inadecuadamente como "místico".
Mi educación cristiana convencional no me había preparado para comprender o manejar la energía que espontáneamente era liberada como consecuencia de esta experiencia, y encontré poca ayuda o apoyo dentro de la estructura de mi Iglesia. A cambio, los libros comenzaron a influir en mí, y en las escrituras de los místicos, contemporáneos y antiguos, encontré validación a lo que había ocurrido. Las enseñanzas de Jesús tomaron una nueva profundidad y sentido en mi vida, y un camino se abrió para que yo buscara más respuestas en el estudio de las grandes religiones del mundo, en teología, filosofía, psicología, parapsicología, y en la ciencia, especialmente en las "nuevas físicas".
Leí la literatura popular sobre la curación y los curadores y asistí a seminarios y conferencias en la materia. Me senté en reuniones con algunos de los curadores espirituales mundialmente renombrados, y aprendí mucho acerca de este tema: sin embargo, nadie parecía capaz de dirigirme o darme asistencia para la utilización de mis propias habilidades hasta que la señora Takata dijo claramente aquella tarde de septiembre: "...¡yo les puedo enseñar cómo!", y realmente lo hizo.
Con mi capacitación en Reiki la búsqueda se completó, y éste se convirtió en el momento decisivo en el que mi vida comenzó a cambiar más allá de lo imaginable.
En sus visitas al Noroeste del Pacífico pude conocer a Hawayo Takata tanto maestra como amiga, y cuando en 1980 me pidió que escribiera la historia de su vida con Reiki me sentí honrada con esta tarea. Antes de terminar con el manuscrito ella hizo su transición y el proyecto fue dejado de lado temporariamente, aunque yo sabía que en el momento apropiado cumpliría mi promesa.
Además de aquellos Maestros iniciados por la Sra. Takata, en los últimos ocho años muchos más han sido entrenados para llevar adelante esta tarea y yo me siento privilegiada de estar entre ellos. A los Maestros y los miles de estudiantes que ahora llevan Reiki al mundo les ofrezco este regalo de la Gran Maestra Hawayo K. Takata.
Helen J. Haberly

CAPÍTULO UNO

Había una vez, porque toda historia debe comenzar con "había una vez", un don de gran valor que les fue dado a los Niños de la Tierra. No toda la gente lo reconoció como un gran don ni lo honró como tal, pero fue, de todos modos, una maravillosa ofrenda para aquellos que pudieron comprender y aceptar lo que les había sido dado.
A través de las diferentes épocas ha habido historias sobre este mágico don que fue llamado "curación". Se habló de él en diferentes tiempos y lugares (en tierras tan antiguas como Egipto, Tíbet y China) y en el pasado de otros países. Algunos dijeron que era un mito insubstancial, y otros declararon lo contrario. Muchas historias crecieron alrededor de las actividades de los grandes Maestros que vinieron a la Tierra, los Avatares, ya que fue dicho que cada uno de ellos había traído este don de la curación cuando vinieron a compartir su mensaje de Verdad con los Niños de la Tierra; sin embargo, aquella magia no fue conocida ni practicada nunca más, y hubo muy pocos, si hubo alguno, que pudiera decir realmente que tal cosa alguna vez, existió.
Hubo muchas leyendas acerca de los milagros de curación obrados por estos grandes Maestros, pero tales historias fueron fácilmente descartadas al no haber demostración cabal de ellas en cientos de años- si en verdad estos hechos ocurrieron alguna vez. Aquellos que insistieron en la "prueba" no encontraron ninguna, por lo tanto los que creyeron en la posibilidad de hechos semejantes mantuvieron esta creencia por sí mismos, sabiendo que no había manera de probar lo que creían.
En este mundo de escepticismo del siglo XIX nació en Japón un bebé de nombre Mikao Usui, un niño destinado a convertirse en un erudito y filósofo así como también en un profundo curador. Educado por misioneros, se convirtió en cristiano y ascendió a una posición de eminencia como director de una escuela cristiana para niños en Kyoto. En su doble papel de Ministro y Director trabajó entre sus estudiantes hasta que una mañana fue consultado amablemente durante el servicio parroquial por varios estudiantes avanzados, quienes le preguntaron si creía en la Biblia, si creía literalmente. Cuando el Dr. Usui les respondió que sí, los estudiantes desearon que les demostrara su creencia ejecutando un milagro, como aquellos que había obrado Jesús. Como el Dr. Usui fue incapaz de realizar esto, sus estudiantes declararon que su fe era ciega e insuficiente para reforzar la de ellos mismos, ya que necesitaban algo más que una fe ciega para poder creer.
El Dr. Usui se sintió golpeado por la enormidad de este cuestionamiento y les pidió a los jóvenes que no perdieran su fe. Declaró su intención de renunciar inmediatamente a su posición y viajar a un país cristiano occidental donde pudiera aprender cómo realizar estos milagros de Jesús, y retornar a Kyoto para dar una prueba literal de sus creencias.
Su destino fue Norteamérica donde se inscribió en una universidad de Chicago para estudiar más profundamente las escrituras cristianas. Su interés se centró en los milagros curativos, y cuando se evidenció que no podría aprender de sus estudios cómo curó Jesús, comenzó a explorar en las sagradas escrituras de otras grandes religiones del mundo. Finalmente se concentró en las escrituras budistas, habiendo aprendido que Buda y sus primeros discípulos habían practicado la curación. Intuitivamente sintió que la respuesta que buscaba la encontraría en esta tradición.
Luego de siete años en América, el Dr. Usui regresó a Kyoto donde podría estudiar más a fondo los Sutras budistas. Allí visitó muchos templos y monasterios, hablando con los monjes sobre la curación. Estaban de acuerdo en que Buda había curado: sin embargo, esta práctica se había dejado de usar en el budismo, dedicándose los monjes a la salud espiritual y dejando a los doctores la curación física.
En el transcurso de su búsqueda el Dr. Usui encontró un abate zen, quien lo invitó a permanecer en su monasterio mientras proseguía sus estudios. El Dr. Usui aceptó la invitación y durante muchos años convivió con estos monjes. Primero estudió las escrituras en japonés, y no encontrando lo que buscaba, pensó que se había perdido mucho en las traducciones. Como el budismo había llegado a Japón desde China, entonces aprendió chino y leyó los sutras en esta lengua. Sabía que estaba cerca, pero aun así no encontraba lo que deseaba. Otra vez, puso en duda la traducción, y decidió aprender sánscrito porque el budismo había salido originalmente de India. Se convirtió en un maestro de sánscrito, y fue en esta lengua donde finalmente encontró lo que estaba buscando. ¡Los secretos de la curación eran suyos! Había encontrado los símbolos; sin embargo, no sabía qué hacer con ellos ni cómo utilizarlos.
Sin querer aceptar ésta como una respuesta final, decidió retirarse a una montanña considerada sagrada por los monjes en las afueras de Kyoto, para ayunar y meditar durante tres semanas con la expectativa de que le sería mostrado el significado de lo que había hallado. Discutió su Iniciativa con el abate, y le pidió que si no regresaba al día veintiuno enviara unos monjes a recoger sus huesos. Su intención era no regresar sin una respuesta.
El Dr. Usui caminó hasta esta montaña, unos diez kilómetros fuera de la ciudad, y encontró un lugar tranquilo cerca de una corriente de agua donde se sentó a meditar, permitiéndose únicamente beber agua durante su prolongado ayuno. Para llevar cuenta de los días depositó a su lado veintiún piedrecitas, las que fue descartando hasta quedar una sola.
De este modo, en la mañana del último día se sentó en la oscuridad que precede al amanecer, mirando hacia el firmamento donde vio una luz distante en el cielo negro. Mientras observaba, la luz comenzó a ser más brillante y a acercarse rápidamente. A gran velocidad, cada vez más cerca, más cerca y se dio cuenta de que si continuaba sentado allí la luz lo golpearía. Su primer impulso fue apartarse, luego pensó en todos esos años en los que había estado investigando; entonces se sentó inmóvil, dispuesto a permitirse esta experiencia. La luz lo golpeó en la frente y perdió la conciencia.
Cuando volvió en sí el sol estaba alto, brillando en todo su esplendor, y supo que habían pasado varias horas; sin embargo, tenía un recuerdo completo de lo que había pasado durante ese período de tiempo. Cuando la luz lo golpeó, reconoció colores bellísimos, todos los matices del arco iris: seguidamente apareció una intensa luz blanca, después de la cual grandes burbujas transparentes aparecieron ante sus ojos. Cada una de ellas contenía uno de Ios símbolos que él había encontrado en las escrituras sánscritas. A medida que cada burbuja entraba en su campo visual se le daba la instrucción para utilizar el símbolo correspondiente. Tan pronto como fijaba la información en la memoria, la burbuja se desplazaba y otra la reemplazaba con un símbolo diferente. De este modo se entregó al Dr. Usui la enseñanza completa sobre los significados de los símbolos. Ahora poseía los secretos que tanto había buscado, supo que ésta era la Energía Vital Universal que él llamó "Reiki", y de esta forma nació el Sistema Usui de Curación Natural.
Lleno de energía y ansioso de regresar a Kyoto, el Dr. Usui salió de su larga meditación y bajó de la montaña: al caminar rápidamente se lastimó el talón por lo que inmediatamente puso en práctica lo que había aprendido. Mientras se tomaba el pie sintió una curación instantánea y recibió la primera comprobación de que las visiones que había tenido eran verdaderas.
Mientras seguía bajando de la montaña se dio cuenta de que estaba muy hambriento, así que al pasar por una taberna al costado del camino, se sentó a la mesa cubierta con un mantel rojo (señal de que el local estaba abierto). Un hombre viejo llegó de la cocina a retirar su pedido, al ver al Dr. Usui con la barba crecida y sus ropas llenas de polvo, dedujo que había estado en una larga meditación arriba en la montaña, y por esto no quería brindar a su cliente el menú común: deseaba, en cambio, cocinarle una papilla de arroz, sabiendo que después de un prolongado ayuno el estómago necesita recibir un alimento ligero antes del alimento sólido, el Dr. Usui no deseaba esperar, así que insistió en comer lo que había disponible, unos vegetales en vinagre y arroz, los que no le causaron ninguna molestia.
La nieta del anciano le llevó la comida, tenía la cara hinchada cubierta con un pañuelo a causa de un flemón. Al ver esto, el Dr. Usui le pidió permiso para tocarle la mejilla: el dolor cesó inmediatamente y la inflamación disminuyó. Ante este hecho la muchacha y su abuelo estuvieron de acuerdo en que este monje era de lo más extraño: esta nueva comprobación de la verdad de la enseñanza recibida colmó de regocijo al Dr. Usui, quien siguió su camino a Kyoto.
Los monjes lo recibieron con alegría, contentos de su regreso, sano y salvo luego de veintiún días. Al preguntar por la salud del director del monasterio, le informaron que el abate se encontraba en sus aposentos porque estaba sufriendo un ataque de artritis. Tan pronto como se higienizó y cambió, el Dr. Usui fue a rendirle informe sobre su experiencia; el abate se alegró mucho al oír que la búsqueda de tantos años había sido recompensada y que habían sido revelados los secretos de la curación, y le pidió una demostración que alivió su dolor inmediatamente.
Los dos hombres discutieron sobre lo que se podría hacer con este conocimiento tan grande, y el Dr. Usui decidió ir a los barrios bajos de Kyoto donde podría ofrecer la curación a los mendigos. Luego enviaría a los más jóvenes al monasterio para que los monjes les enseñen oficios con los que podrían ganarse la vida.
En aquellos días era muy peligroso para un extraño entrar en los suburbios, porque los mendigos se agrupaban en bandas lideradas por un cabecilla y no daban la bienvenida a extraños entre ellos. El Dr. Usui buscó al jefe de los mendigos y le pidió permiso para poder vivir allí y curar a la gente, necesitando solamente de un lugar donde poder dormir y realizar su trabajo, junto con tres tazas de arroz por día. Aceptaron su pedido, así que se mudó a su zona y comenzó su tarea de curación entre estos pobres, una labor que le demandó todo su tiempo durante muchos años.
De pronto comenzó a reconocer algunos rostros mientras caminaba por el vecindario, luego de averiguar supo que éstos eran algunos de los Jóvenes que él había enviado al monasterio para aprender. Habían regresado a los suburbios porque para ellos ganarse la vida era más duro que salir todos los días a pedir.
Al escuchar ésto, el Dr. Usui sintió que había fracasado, por lo que dejó los suburbios inmediatamente. Al meditar sobre lo ocurrido, recordó las primeras discusiones con los monjes, en las que ellos hablaban de su profundo interés por la curación espiritual de sus seguidores. Se dio cuenta de que aunque él había tenido mucho éxito en equilibrar el cuerpo físico de los mendigos, no se había interesado por su salud espiritual. En este momento añadió a Reiki sus Cinco Preceptos Espirituales:
 Sólo por hoy no te preocupes.
 Sólo por hoy no te enfades.
 Honra a tus maestros, padres, vecinos, amigos.
 Agradece por todos los seres vivientes.
 Gánate el pan honestamente.
El Dr. Usui se dio cuenta también de que al dar Reiki tan libremente, los mendigos no habían desarrollado una apreciación para la energía; no sentían gratitud por el don maravilloso que habían recibido a través de él. Decidió que nunca más daría Reiki a nadie que no lo apreciara.
Comenzó a viajar a lo largo de Japón de ciudad en ciudad, enseñando Reiki a otros. Fue un maestro inteligente y sabio, al llegar a una ciudad donde no conocía a nadie caminaba en el mercado durante el día llevando una lámpara encendida. La gente se reía y se burlaba de un hombre tan tonto que llevaba una lámpara encendida mientras el sol brillaba, de esta forma llamaba su atención y los invitaba a encontrarse con él por la tarde, si realmente querían aprender sobre la luz... Así reunía a la gente para escuchar la historia de Reiki, después de lo cual muchos deseaban saber cómo realizar esta curación.
Llegó a tener una gran cantidad de estudiantes que lo seguían y a mediados de 1920 conoció a un hombre que se convertiría en su discípulo más dedicado: el Dr. Chujiro Hayashi, un oficial naval de reserva de cuarenta y siete años. Con la transición del Dr. Usui, el Dr. Hayashl se convirtió en el Gran Maestro de Reiki, llevando adelante esta tradición de enseñanza y curación desde su clínica de Tokio.
El Dr. Hayashi provenía de una familia ilustre de Atami, cuando decidió abrir una clínica, eligió a Tokio para su sede lo que le permitió ofrecer Reiki a un mayor grupo de personas, y educó y atrajo la afluencia de un segmento muy alto de la sociedad Japonesa, la nobleza. En una generación, Reiki saltó de los suburbios de Kyoto a los palacios de Tokio.
Adquirió una propiedad lo suficientemente amplia como para albergar tanto la clínica como el hogar para su familia, con un hermoso jardín, dividiendo el terreno para brindar privacidad. La Sra. Hayashi también trabajaba en la clínica, recibiendo a los pacientes y asistiendo al Dr. Hayashi mientras supervisaba esta floreciente actividad, en la que dieciséis practicantes daban tratamientos de Reiki diariamente.
Fue a esta clínica, en el otoño de 1935 adonde una mujer llamada Hawayo Takata llegó buscando alivio a sus múltiples malestares, y nadie reconoció en ella a la futura Gran Maestra de Reiki.

CAPÍTULO DOS

La historia; de Hawayo Takata comenzó en 1900, temprano en la mañana de Nochebuena, cuando nació en Hanamaulu, en la isla de Kauai. Hawai. Corno era la costumbre de los inmigrantes japoneses del siglo pasado, sus padres tomaron los servicios de una partera, de modo que cuando la madre preguntó en qué momento había nacido la niña, le respondieron que era el amanecer y que el sol recién asomaba por la colina. La madre pidió que se bañara a la niña, que fuese vestida con una manta nueva, y que la partera la sostuviese de cara al sol mientras se le daba el nombre de "Hawayo", en honor al recientemente formado Territorio de Hawai.
El padre de Hawayo trabajaba en los campos de caña de azúcar de la plantación cercana, siendo la vida en el pueblo muy simple, con mucho trabajo pesado. Hawayo asistió a la escuela como todos los niños del pueblo, lo que era un placer para ella porque le encantaba estudiar.
Cuando tenía doce años fue con los otros estudiantes a las plantaciones a cortar cañas durante el verano. Los trabajadores se internaban en los cañaverales para cortar los tallos altos con machetes, luego los niños despuntaban y llenaban las bolsas de arpillera con estos pedazos de caña. Hawayo trabajó diligentemente junto con los demás, pero era algo muy difícil para ella al ser bastante menuda y delicada.
Hizo lo mejor que pudo para llenar la bolsa, pero cuando el supervisor la sacudió sólo estaba llena en sus tres cuartas partes, por lo que tuvo que terminar de llenarla. Veía que sus compañeros avanzaban más y más, y temiendo quedarse sola comenzó a llorar. Dos amigos que estaban trabajando cerca la vieron y le ofrecieron ayudarla, utilizando parte de su tiempo para almorzar en llenar completamente sus bolsas. Así fue durante todo el verano, con la ayuda de sus amigos fue capaz de mantenerse junto a sus compañeros de escuela.
El último día al terminar el trabajo, los otros niños treparon al vagón cañero detrás de la locomotora a esperar que los llevara a casa, pero Hawayo se sentó en el suelo y elevó sus manos al cielo implorando que nunca más tuviera que realizar aquel trabajo, diciendo: "Dios, por favor permíteme realizar mejores trabajos con mis manos y no me envíes nuevamente al cañaveral, nunca jamás." Su pedido sería concedido completamente veinticinco años más tarde, con Reiki, casi sin darse cuenta; y año tras año cuando sus amigos volvían a los campos a ganarse el dinero del verano, de alguna forma o de otra ella tenía otros trabajos y nunca regresó al cañaveral.
El ingeniero de la locomotora observó y retuvo en su memoria esta escena en el campo, y un día llegó hasta la casa del padre de Hawayo para hablar de esto. Le contó las dificultades que había tenido y cómo sus amigos la habían ayudado a llenar las bolsas. Su padre no sabía que había tenido tantos problemas en la plantación, pero entendió que no llegaría a ser una buena trabajadora allí debido a su pequeña contextura; fue por esto que tomó en cuenta el pedido del director de la escuela primaria de la Iglesia para que ella viviera en su casa y ayudara en la enseñanza del primer grado. Cuando aseguró que podría completar su educación haciendo la tarea para su graduación por la noche, le dieron permiso para ir. Cada viernes cuando regresaba a su casa, le daba a sus padres su salario (cinco dólares en piezas de oro y una de plata) que era de gran ayuda para su familia.
En 1914 asistió a la inauguración de una tienda en Lihue a doce kilómetros de su pueblo. Como éste era un hecho inusual, mucha gente fue a visitar la nueva tienda, por lo que hubo un intenso movimiento ese día. El hombre a cargo del bar lácteo conocía a Hawayo y le preguntó si no lo podía ayudar al estar tan sobrecargado de trabajo. Ella accedió, lavando los platos y ayudando a atender a los clientes, y esa tarde cuando cerró la tienda la llevó en su pequeño carruaje hasta su casa y habló con sus padres. Les contó que necesitaba un ayudante y les preguntó si permitirían a Hawayo realizar este trabajo. Nuevamente pensaron mucho, y decidieron que lo ayudaría los sábados, de este modo tuvo dos trabajos mientras era estudiante, y al Finalizar la escuela tuvo un trabajo de tiempo completo en la escuela.
Continuó viviendo en la escuela primaria asistiendo a las clases de Japonés de seis a ocho de la mañana, y luego caminaba cuatro kilómetros hasta su trabajo en la tienda. Después de un tiempo el gerente le pidió que trabajara en la oficina y en los archivos durante el tiempo que le quedaba libre cuando no trabajaba en el bar. Así que con dos trabajos nunca había un momento de aburrimiento, y muy pocos para relajarse.
Un día llegó a la tienda una señora muy elegante, la hija del dueño de una plantación muy grande, quien quedó muy contenta con el servicio que se le brindó y prestó atención en la chica; al poco tiempo le ofreció a Hawayo un trabajo, prometiéndole casa, comida, ropa y el doble de salario de lo que ganaba en la tienda. Como ya tenía un buen trabajo y esto significaba un traslado de envergadura, era una decisión difícil de tomar. Finalmente aceptó la invitación de la señora para visitarla durante las vacaciones.
Nunca había visto un lugar semejante, una mansión hermosa, cinco cabañas, un gran establo, así como también otros edificios apartados que eran utilizados por la plantación. Le presentaron al cocinero quien la instó a quedarse ya que el trabajo no era duro, la paga era buena y la vestirían bellamente con kimono y obi. También sus padres estuvieron de acuerdo, porque no seguiría viviendo tan lejos en la escuela y podría visitarlos los fines de semana. Le pidió al gerente de la tienda que la dejara libre con una recomendación, de modo tal que si fracasaba en su nuevo trabajo, podría volver al anterior.
Así comenzó su relación con esta señora, la cual continuaría durante veinticuatro años. De mucama fue ascendida a ama de llaves, y como tenía experiencia en contabilidad en la tienda, comenzó a manejar los pagos con cheques y también a supervisar a los veintiún empleados.
Cuando comenzó a trabajar en la casa, el contador de la compañía de la plantación era Saichi Takata, un joven que le presentaron y con el que se casaría en su momento. Este fue un matrimonio con felicidad, aumentada por el nacimiento de dos hijas.
Aunque estaba ocupado con su empleo y su familia, Saichi aún disponía de tiempo para trabajar en la Oficina de Bienestar del Distrito, siendo la primera persona de ascendencia oriental designada por el Gobernador Territorial para ocupar ese puesto, por lo que tomó esta designación con orgullo. Ayudó en actividades recreativas y deportivas, siendo él mismo un fanático del béisbol y además jugaba como lanzador. Su vida era plena y nadie se dio cuenta de lo corta que sería.
Una mañana de octubre de 1930, aún sentados a la mesa del desayuno, le contó a Hawayo su postura frente a la vida y la muerte, comprendía que para todo lo que había nacido llegaba un momento de cambio que él llamaba transición: que todas las cosas pasan por este gran cambio, pero que en verdad no hay muerte; y que en la vida humana cuando este cambio llega nadie puede detenerlo. Le hizo comprender que ya que él pasaría por la transición antes que ella, que no se sintiera confundida o apenada, que en cambio, se alegrara y sonriera porque entonces él sabría que ella también había comprendido las leyes de la naturaleza. Le explicó cómo quería que fuese preparada su comida recordatoria, dejando una silla vacía porque él estaría allí. También le pidió que no lo enterrara en Hawai. No quería una tumba, porque ella se sentiría atada a ese lugar.
Hawayo no deseaba aceptar lo que él le había dicho y le confesó que necesitaba que estuviera a su lado, ayudándola y guiándola, dándole coraje. Él le aseguró que sería posible en cualquier caso, ya que nada es imposible, y sabía que ella lo intentaría duramente aunque él no estuviera con ella. Era difícil de creer que esto sucedería, pero tres días después de esta conversación, Saichi hizo su transición repentinamente a la edad de treinta y cuatro años. Este fue un duro golpe y una gran pérdida no sólo para Hawayo y su familia sino también para la comunidad; y aunque todo se hizo de acuerdo a sus deseos, ella se sintió muy triste y lo extrañó enormemente.

CAPÍTULO TRES

Después de la muerte de su esposo mantuvo su palabra y trabajó muy duro para mantener a su familia y proveer sus necesidades. De 1930 a 1935 no tuvo prácticamente descanso, y finalmente sufrió un colapso nervioso por exceso de trabajo. Además tenía graves problemas físicos (una afección abdominal dolorosa que requería cirugía y problemas respiratorios que impedían el uso de la anestesia). El médico le informó que debía operarse para salvar su vida, pero como parecía que no podría sobrevivir a la Intervención, sentía que no podía tomar semejante responsabilidad.
Estaba en una situación desesperada y sentía que estaba perdiendo seguridad, así que de noche, cuando ya había concluido sus tareas, se sentaba bajo un árbol de alcanfor, donde buscaba la paz para su mente en la meditación. Aún no tenía treinta y cinco años y se sentía como si tuviera sesenta, al no poder caminar erguida a causa del dolor en su abdomen. Por momentos tenía grandes dificultades para respirar, elevaba su mirada al cielo y rezaba por una guía, una señal, al no saber qué camino tomar.
Una de esas noches cuando estaba muy oscuro, escuchó una voz claramente que desde arriba le decía que tendría todavía más problemas, y que lo primero que debía hacer era recuperar su salud, y que sólo entonces sería capaz de trabajar y ganarse la vida, y podría proveerse de seguridad y una larga vida. Bajó su cabeza en señal de agradecimiento y aceptó este mensaje, rogando que le fuese mostrado el camino para poder cumplir con todo.
En tres semanas murió una de sus hermanas después de una enfermedad de cuatro días. Fue un momento muy penoso en la vida de Hawayo, ya que era su deber enviar esta triste noticia a sus padres, quienes estaban en Japón en una estadía de un año en la casa familiar de Yamaguchi, la primera visita de su padre en cuarenta años, después de su emigración a Hawai.
Seria un golpe muy fuerte enviar esta noticia por carta, de modo que decidió Ir a Japón y verlos personalmente, y también buscar un alivio para su pobre estado de salud. Comenzó su travesía en un barco de vapor en compañía de su cuñada.
Había esperado durante cinco años una manera de llevar las cenizas de su esposo a Kyoto para ofrendarles en servicio en el Templo Ohtani, por lo que las llevó con ella. A bordo del barco conoció a un ministro budista que viajaba desde Kona, Hawai, para residir en aquel enorme templo, y que se ofreció para ayudarla haciéndose cargo de la urna funeraria para llevarla a Kyoto mientras ella viajaba hasta Yamaguchi, con el compromiso de encontrarse en el Templo Ohtani seis meses más tarde, es decir en marzo de 1936. Esto le permitiría visitar a sus padres y asistir a un hospital de Tokio para comenzar un tratamiento para mejorar su salud.
Después de los servicios de su hermana, viajó a Tokio e Ingresó en un pequeño hospital privado en Akasaka. El cirujano acordó que su cuerpo necesitaba mucha atención, pero estuvo en contra de operar de inmediato. En cambio, le solicitó que considerara ese lugar no como un hospital sino como un refugio dónde podría descansar y alimentarse bien, y cuando hubiese aumentado de peso decidirían qué hacer.
Luego de tres semanas se le realizó un examen exhaustivo, y se le confirmó que tenía un tumor, cálculos biliares y apendicitis, siendo esto último la causa de su dolor abdominal. Por lo tanto programó la cirugía para las siete de la mañana del día siguiente.
La llevaron al quirófano temprano en la mañana para prepararla para la cirugía. Las enfermeras estaban ordenando el instrumental esterilizado, las gasas y los equipos, mientras los médicos se aseaban las manos en el lavabo, Tendida muy quieta en la mesa de cirugía, con los ojos cerrados, la señora Takata escuchaba el ruido del agua y las conversaciones, cuando de repente oyó una voz clara que le decía: "La operación no es necesaria. La operación no es necesaria." abrió los ojos y miró a su alrededor, pero no vio a nadie hablándole. Se pellizcó para asegurarse de que no estaba sonando, y decidió que si escuchaba la voz por tercera vez la aceptaría. Esta vez fue aún más fuerte: "jLa operación no es necesaria!" Supo que estaba despierta y cuerda, pero ¿qué podría hacer? La voz dijo:
"Pregunta... pregunta... pregunta." ¿A quién debería preguntar? "Al cirujano Jefe... al cirujano Jefe... al cirujano Jefe."
Se deslizó de la camilla y se puso de pie envuelta en la bata. Las enfermeras corrieron hacia ella, reprendiéndola porque había arruinado su trabajo. Los médicos también se acercaron, y el cirujano pensó que se trataba de una reacción por miedo a la cirugía. Ella le aseguró que no, que no tenía miedo, que ni siquiera estaba nerviosa, pero que tenía que hacerle una pregunta: ¿Sabía él de algún otro tratamiento o terapia que la pudiera ayudar? Pensó unos segundos y le respondió que sí, pero que dependía de cuánto tiempo pensaba quedarse en Tokio. No había forma de saber cuánto tiempo llevaría este tratamiento, dos semanas, dos meses, o un año: y seguramente que no funcionaría si pensaba en curarse y pasear por Japón en sesenta días. Como él había dicho un año, ella dobló el período, y dijo que se quedaría dos años, ya que la salud era su prioridad, no pasear.
El médico la derivó a su hermana, quien era también la dietista del hospital, ella acompañó a la señora Takata y fueron en tranvía hasta otro sector de la ciudad, a un estudio en donde se brindaba tratamiento sin medicamentos. Fueron recibidas por la señora Hayashi, la esposa del director, quien también trabajaba como recepcionista. Cuando le tocó el turno a la señora Takata, ingresó en la habitación donde se daba el tratamiento y allí vio ocho camillas donde dieciséis hombres profesionales estaban dando tratamiento bajo la supervisión del doctor Chujiro Hayashi.
Totalmente vestida se tendió en una camilla donde dos profesionales comenzaron con el tratamiento, un hombre trabajando en su cabeza y el otro en su abdomen. Mientras sus manos apenas la tocaban, comentaban sobre lo que estaban sintiendo: "Oh, sí su vesícula biliar no está muy bien; debe sentir mucho dolor aquí", y "hay un bulto aquí, podría ser un tumor", y así sucesivamente. Mientras hacían estas observaciones, podía sentir el calor que salía de sus manos, pero no comprendía cómo sabían estas cosas y se preguntaba si los habrían informado del hospital. ¿Cómo sabían? Sentía mucha curiosidad pero decidió reservarse las preguntas para el día siguiente, llegaría más temprano para tener tiempo de averiguar las respuestas.
Al día siguiente la hermana del médico la acompañó nuevamente a la clínica. Antes de subir a la camilla la señora Takata miró debajo de ésta última buscando alguna conexión eléctrica a algún aparato o batería que diera origen al calor. Luego miró el cielo raso por si veía algún cable que viniera desde arriba, en ambos casos no había nada; por lo tanto concluyó que los profesionales tenían aparatos en los bolsillos, y decidió probarlos.
Al comenzar el tratamiento, se irguió y tocó la manga del hombre que estaba tratando su lado derecho. Sorprendido por esto, tomó un papel de su kimono y se lo ofreció, pero ella lo rechazó amablemente, diciendo que estaba interesada en su bolsillo porque pensaba que tendría algún tipo de máquina allí. El se echó a reír y sacudió sus mangas para que ella pudiera comprobar que estaban vacías, mientras el Dr. Hayashi venía a ver qué estaba ocurriendo. Ella le expresó su curiosidad, preguntándose cómo el profesional podía decir dónde sentía dolor y qué estaba mal, diciendo: "Yo sé que sus manos le están dando un mensaje, porque están calientes y puedo sentir la vibración. No son manos comunes, por eso deben tener alguna conexión con algún tipo de Fuerza."
"Sí", replicó el Dr. Hayashl "Él la tiene, pero no es electricidad. Esto es Reiki". Le pidió que le explicara más claramente, ya que no estaba familiarizada con la lengua. "Reiki es la palabra japonesa para Energía Vital Universal. Viene del espacio, del universo. La única diferencia entre usted y nosotros, es que nosotros tenemos contacto con la Fuerza Vital Universal y usted no. Todos mis profesionales tienen esta conexión y pueden usarla. La están utilizando ahora para llenar su cuerpo con esta Energía Vital. Esto es tan grande que no podemos medirlo, tan profundo que no podemos desentrañarlo; de allí que en japonés lo denominamos Reiki."
Ella le agradeció, aunque comprendió muy poco de lo que le había dicho. Él prosiguió "¿Tiene usted radio en Hawai? Cuando la emisora de radio transmite no hay conexiones entre la emisora y su casa, sin embargo, cuando enciende el receptor y sintoniza la emisora, usted recibe lo que están emitiendo. Como no somos técnicos de radio no sabemos cómo. Los principios son los mismos con Reiki. Esta energía viaja a través del espacio sin cables, y sabemos que podemos contactarnos con esta gran fuerza. Una vez que hacemos contacto, la energía fluye automáticamente. Es universal e ilimitada. Cuando el interruptor está en "sí", el poder es ilimitado. Cuando quiere parar, sólo retira las manos, es muy simple."
En el camino de regreso al hospital, la acompañante de la señora Takata, la hermana del doctor del hospital, le dijo que las mujeres en Japón son calladas y rehusan expresarse y demostrar sus emociones en público. Sin embargo, el Dr. Hayashi les explicó a sus profesionales que aunque la señora Takata parecía japonesa y tenía un nombre Japonés, ella era americana y sus preguntas eran propias de una mujer occidental, no eran ni raras ni groseras. Luego le pidió a la señora Takata que no formulara más preguntas en la clínica, sino que las reservara para cuando regresaran y ella se las respondería. Le ofreció ir a la habitación de la Sra. Takata después de su día de trabajo y darle un tratamiento, y mientras podrían discutir acerca de Reiki. La Sra. Takata se sorprendió al saber que esta mujer había tomado lecciones de Reiki y podía dar este tratamiento.
Esa tarde le dio un tratamiento completo y le confirmó lo que los profesionales le habían dicho, diciéndole "sí, lo que le dijeron es correcto. Siento las mismas vibraciones. Todos diagnostican lo mismo porque las vibraciones son las mismas. Usted envía estas vibraciones y nosotros las sentimos en nuestras manos." La Sra. Takata deseaba saber por qué ella había tomado este aprendizaje siendo que trabajaba en el hospital, entonces la mujer le contó su propia historia. Había sufrido un cuadro de disentería muy grave, y estuvo en coma cerca de la muerte. Su hija, que estaba lejos en la escuela, estaba a punto de salir para el hospital, cuando una compañera le pidió que primero fuera a ver al Dr. Hayashi y le pidiera su ayuda. Al escuchar lo que le sucedía a su madre, estuvo de acuerdo en ir al hospital a darle el tratamiento, con lo que pudo recuperar el conocimiento. Continuó tratándola hasta que salió del cuadro grave. Cuando recuperó sus fuerzas, tomó el curso, y ofreció su ayuda en el hospital de su hermano para cuando los pacientes no querían usar drogas o analgésicos. Como dietista también utilizó Reiki para ayudar en la preparación de la comida, ya que podía tocar el alimento y vitalizarlo, colmándolo de Energía Vital para beneficiar a los pacientes.
Después de escuchar esta historia la Sra. Takata se sintió muy interesada en aprender Reiki también, pero la hermana del médico no la alentó, porque Japón ya había dado al mundo muchos conocimientos como el kendo, el Judo, el karate, la ceremonia del té, el arreglo floral, pero no daría Reiki. Estaba cuidadosamente guardado y no abandonaría el Japón. Ésto era muy difícil de aceptar por la Sra. Takata, después de sentir que había descubierto la esperanza de vida con Reiki; pero si ésta era la regla, no diría nada más. Sin embargo, estaba decidida a buscar una salida.
Aunque seguía concurriendo diariamente a la clínica del Dr. Hayashi, aún permanecía en el hospital. Entonces comenzó sus meditaciones, rogando que la guiaran para poder entrar en esas clases de Reiki. Habia llegado tan lejos para encontrar una respuesta a su problema de salud, y habiéndola encontrado no podía creer que la puerta estuviera cerrada para ella. Finalmente se le ocurrió pedirle ayuda al cirujano.
Después de tres semanas de tratamiento con Reiki, el médico la encontró un día en el hall y le preguntó sobre su progreso. Le comentó que estaba en camino de su recuperación y de perseverar en el buen trabajo y él estaba muy complacido por lo bien que se veía. Sintió que ésta era su oportunidad, así que tomó coraje y le pidió ayuda para poder tomar el curso. Él le respondió que había reglas y normas profesionales, y que no podría hacer nada, porque esta asociación no deseaba aceptar extranjeros.
La Sra. Takata se mantuvo en su posición, argumentando que no podría viajar a Japón cada vez que necesitara un tratamiento y que deseaba aprender Reiki para poder mantenerse por sí misma y ayudar a su familia. AI escuchar este pedido, el médico le dijo que trataría de ayudarla, aunque no le podía prometer nada.
Le escribió al Dr. Hayashi poniendo por delante el pedido de la señora Takata. que era una carta nada común; en su lugar, el médico tomó un largo rollo de papel y la escribió él mismo con su pluma y tinta. Instruyó a su hermana para que entregara la carta en manos de la Sra. Hayashi. Cuando el Dr. Hayashi la recibió de manos de su esposa, se impresionó mucho, y se sintió muy honrado de recibir semejante carta, de puño y letra de tan importante cirujano. El Dr. Hayashi llamó a una reunión de directores de la asociación donde se leería este pedido. Allí se decidió permitir a la Sra. Takata convertirse en miembro honorario, un privilegio especial que le permitiría tomar las clases de Reiki. Y cuando se dio la clase siguiente, se le permitió asistir.
Junto con los otros alumnos, fue habilitada por el Dr. Hayashi para recibir la Energía Vital Universal, y hacer contacto con esta fuerza ilimitada. Él les explicó que este contacto se daría en cuatro pequeños pasos llamados "iniciaciones", y que serían necesarios cuatro días para completar el Primer Grado de Reiki.
Durante las clases explicó el tratamiento, el primer día abarcaba la parte del cuerpo por encima del cuello: la cabeza, los ojos, los oídos, la nariz, y la garganta; y las condiciones y dolencias que se podrían encontrar en estas zonas. El segundo día les enseñaba cómo tratar la parte frontal del cuerpo, el pecho y el abdomen, con todos los órganos que se encuentran allí. El tercer día, la clase correspondía a la espalda, que Incluía la columna, el sistema nervioso, y los órganos Internos. Se les mostraba dónde y cómo colocar sus manos para permitir que la Energía Vital fluyera hacia el cuerpo del paciente, y Reiki pudiera equilibrar el estado de salud o el malestar y se pudiera dar la curación.
En el cuarto día el Dr. Hayashi explicaba cómo curar en casos agudos, como por ejemplo accidentes. También hablaba del lado espiritual de Reiki, para lo cual se daban los Cinco Ideales:
Sólo por hoy no te enfades.
Sólo por hoy no te preocupes.
Respeta a tus maestros, a tu padre y a tu madre, y a tus vecinos;
Valora tus bendiciones; y muestra reconocimiento por tu alimento.
Gánate la vida honradamente.
Respeta a todo lo que tiene vida.
Les enseñó que siempre hay una causa y un efecto; elimina la causa y no habrá efecto. Reiki funcionará mientras el practicante crea en él, lo aplique, y continúe utilizándolo.
La Sra. Takata sabía por propia experiencia que Reiki era una poderosa energía curativa. Después de tres semanas de tratamiento diario, se encontraba mucho mejor. Su cuerpo se había liberado de todas las toxinas, todas las molestias y dolores habían desaparecido, su color era el mejor que había tenido, y estaba recuperando su fuerza. Se sentía liviana como una pluma y podía moverse con facilidad. Al término de cuatro meses sus problemas respiratorios habían desaparecido y los cálculos biliares se habían disuelto. Estaba tan bien que sentía que debía practicar lo que había aprendido en las clases de Reiki.
Al cabo de seis meses, viajó a Kyoto, donde tendrían lugar los servicios religiosos de su esposo, también era tiempo de que sus padres regresaran a Hawai, así que luego de despedirlos en el vapor se mudó al hogar de los Hayashi, aceptando la invitación de vivir con ellos mientras aprendía la tarea del practicante de Reiki.
Cuando comenzaban a llegar los pacientes a primera hora de la mañana, la Sra. Takata se encontraba en la clínica junto con los otros dieciséis practicantes, donde durante cinco horas no había ningún momento libre. Las tardes eran utilizadas para visitas domiciliarias, lo que a veces requería viajar en tren de dos o tres horas al campo, fuera de la ciudad, y luego del tratamiento regresar. Después de su cena daba un informe de sus actividades de la tarde al Dr. Hayashi y a su familia. Esta fue su rutina diaria durante un año, dedicando cada día a la práctica de Reiki.
A veces el Dr. Hayashi la llevaba con él a visitas a casas particulares muy bonitas, pertenecientes algunas a gente de la nobleza. Una de sus experiencias memorables fue una visita junto con el Dr. Hayashi a un arzobispo de la secta de la Misión Jodo (budista) en Kamakura, quien sufría una laringitis aguda y había perdido la voz hacía muchos años. Al estar incapacitado de realizar las tareas de su oficio, se vio obligado a retirarse tempranamente. Después del cuarto tratamiento con Reiki experimentó una reacción en la que su garganta se liberó de ese estado tóxico, y comenzó a recuperarse rápidamente. El Dr. Hayashi estaba satisfecho, y dijo que podía esperar una recuperación total en veintiún díasy y le derivó el caso a la Sra. Takata. Con la recuperación de su voz, el arzobispo fue reincorporado y enviado a Hawai para presidir el trabajo de aquella misión en la Isla, así también como en el continente americano. Luego lo encontró en Honolulú, donde la invitaba a menudo a tomar el té al finalizar los servicios matinales.
Durante ese año trabajó muchas horas, sin tiempo para hacer compras o visitar amigos, ya que todo el tiempo estaba dedicado a Reiki. Observó qué tipo de pacientes llegaban, qué tan bien respondían, cuánto tiempo demandaban sus tratamientos. Aprendió muy pronto que en cualquier estado de salud, era como el Dr. Hayashi había dicho: "Elimina la causa y el efecto desaparecerá".
Al final de su enseñanza se sorprendió al saber que todos los movimientos que había hecho durante el año se habían tenido en cuenta, y se puso feliz de haber hecho lo correcto y que ahora tendría el privilegio de recibir el Segundo Grado de Reiki, el Nivel Profesional.
Antes de abandonar Tokio le preguntó al Dr. Hayashi algo que le molestaba. En todos estos meses en la clínica, nunca había encontrado a una persona pobre: ni pacientes andrajosos, ni obreros, de modo que le preguntó si rehusaba tratar a este tipo de gente. Él se sonrió y le replicó que ya que era una muy buena pregunta se la respondería. Le dijo que todos los que atravesaban la puerta de la clínica eran de clase alta, incluso de la nobleza, gente de dinero, educada e inteligente. Cuando estaban enfermos podían pagar los mejores médicos y hospitales, pero buscaban algo más que cirujanos o medicamentos. Tenían la conciencia de Reiki, y por eso venían hasta él. Los otros no tenían esta comprensión, y cuando estaban enfermos pensaban que necesitaban hospitales, médicos y enfermeras. Si lo llamaban, él iba. sin importar cuán pobres fueran, pero sus creencias eran diferentes, por eso no lo aceptaban y tampoco aceptaban su tratamiento sin medicamentos. También le aseguró que cuando fuese una profesional experimentada, ella también consideraría esto de esa manera.

CAPÍTULO CUATRO

Al completar su período de enseñanza con el Dr. Hayashi, la Sra. Takata regresó a Kauai en el verano de 1937. Unas semanas después, el Dr. Hayashi y su hija llegaron para pasear durante un mes y medio, y ayudar a establecer Reiki en Hawai. Decidieron que Honolulú sería el mejor lugar para dictar clases, de modo que alquilaron dos bungalows y comenzaron a ofrecer conferencias gratuitas y demostraciones de este arte de curar. El editor del diario japonés fue de mucha ayuda al publicar fotografías y artículos para apoyar a Reiki. De este modo en un corto período de tiempo fue muy bien recibido por la gente, y rentaron un salón más grande, donde el Dr. Hayashi daba clases y conferencias asistido por la Sra. Takata.
En febrero de 1938, cuando ya era tiempo de que el Dr. Hayashi regresara a Japón, sus amigos dieron un banquete en su honor, obsequiándolo con presentes y recuerdos de Hawai, en agradecimiento por permitir que Reiki fuese llevado afuera de Japón. Él aprovechó esta ocasión para anunciar públicamente que la Sra. Takata era ya una maestra de Reiki, elegida para esta tarea después de haber pasado por muchas pruebas y haber vivido bajo los Principios e Ideales de Reiki, reconociéndose que estaba capacitada para continuar la práctica de Reiki y dar clases en Hawai. Por ese tiempo el arzobispo de la Misión Jodo planeaba su primer viaje al continente americano, para visitar las iglesias y encontrarse con los ministros en California. Ninguno de los doce miembros de su comitiva hablaba inglés, por eso le pidió a la Sra. Takata que los acompañara como intérprete. Se sintió halagada por este pedido, y como también necesitaba unas vacaciones, aceptó.
Viajó intensamente con estos ministros por la Costa Oeste y cuando terminaron su recorrido, ella siguió hasta Chicago, donde ingresó a la Facultad de Médicos Homeópatas para estudiar diversas terapias, y también anatomía. Cuando completó sus estudios en Julio de 1938, regreso a Honolulú con la confianza que le daba el haber aprendido mucho más acerca de la parte física y técnica del cuerpo humano. Recordó aquella mañana de octubre, casi tres años atrás, cuando había ingresado en la clínica del Dr. Hayashi para su primer tratamiento, y le pareció un milagro que ahora ella estuviese lista para comenzar su propia práctica de Reiki.
A fines de diciembre de ese año, fue invitada para hacer una presentación de Reiki en Kamuela (Walmea), su primera visita a la Gran Isla de Hawai, Kamuela era una de las ciudades más grandes de la isla, y algunos de los ciudadanos de la comunidad estaban esperando las instrucciones en la casa de sus anfitriones. No estaban convencidos del valor de lo que ella les enseñaba, por eso le informaron que Reiki debía ser probado allí, y que tendría dos semanas para trabajar con dos pacientes. El primero tenía una enfermedad crónica del corazón, que le imposibilitaba cualquier actividad tísica; y el otro sufría de una amigdalitis aguda, y tenía planeada una intervención quirúrgica para cuando estuviese más fortalecido. Era un gran desafío, pero esta gente decía que querrían aprender Reiki si los dos mostraban un buen resultado con el tratamiento.
Ambos pacientes respondieron rápidamente al tratamiento, y al final del tiempo otorgado, la mujer con la enfermedad del corazón ya podía ponerse de pie y caminar, visitar a sus amigos e ir a la tienda de compras. El hombre experimentó una reacción que liberó las toxinas de sus amígdalas, por lo que se recuperó rápidamente y no fue necesaria la operación.
La respuesta de la comunidad fue gratificante ya que asistieron treinta y cinco personas a la primera clase, y al ser un grupo tan grande debió dividirlos en grupos más pequeños. Cuando terminó su enseñanza, le dijeron que éste era sólo el comienzo de Reiki en esa zona, y le pidieron que regresara cada seis meses para dar más clases.
Mucha de la gente de esta parte de la isla eran granjeros, y también esta era una tierra de cría de ganado, con un gran rancho en las cercanías; de modo que las clases que ella dio tuvieron un largo alcance. Los granjeros energizaron sus semillas y plantas con Reiki, produciendo una abundante cosecha. Los granjeros avícolas lo usaban para incrementar su productividad, colocando sus manos en las incubadoras con los pollitos todos los días durante quince minutos; de modo que las crías eran sanas, con pérdidas mínimas. Incluso creció la producción de huevos de gallina. Los ganaderos también experimentaron beneficios al trabajar con el ganado. Casi no sufrieron pérdidas de terneros, ya que comenzaron a tratar a los animales recién nacidos y vitalizarlos con Reiki; y también trabajaron con éxito con las vacas menos productivas, dándoles tratamiento para que hubiera más terneros en el rancho.
En 1939 viajó nuevamente desde Honolulú a la Gran Isla, primero para enseñar en Kona, y en una visita posterior, en Pahoa... Su primer año como practicante había sido muy activo, por eso cuando recibió el pedido de dos maestras de escuela de la Gran Isla de Hawai, pidiéndole que se tomara unas cortas vacaciones y las visitara, recibió la invitación con alegría. Habían leído los artículos en el diario de Honolulú y estaban interesadas en aprender más sobre Reiki.
Llegó en barco y fue recibida en Hilo por una de las maestras, y mientras viajaban a su casa le preguntó muchas cosas sobre Reiki. En el camino se detuvo en una residencia adonde llevaba un recado, y al ingresar en el jardín, la Sra. Takata observó que la casa tenía un cartel de venta.
El hombre mayor que vivía sólo allí estaba jugando a las cartas, y cuando le presentó a la Sra. Takata y le dijo que venía de Honolulú, él creyó que estaba interesada en la propiedad. Arrojó sus cartas al aire, alegrándose de que ella le comprara la casa. La maestra se sintió incómoda y no supo qué decir, por eso la Sra. Takata le dijo al hombre que no había traído el dinero para hacer el pago inicial porque no había planeado comprar bienes raíces. Su réplica fue "¿Quién está hablando de un pago inicial?" Todo lo que él necesitaba era una suma mensual que lo ayudara a vivir.
Era una hermosa propiedad, con un acre de terreno, cuatro dormitorios y sótano. Había un amplio garaje y cuartos de servicio para una mucama. Mientras recorría la casa, se dio cuenta de que con algunas reparaciones y modificaciones ésta sería suficientemente amplia para funcionar como centro de Reiki y albergar a la familia. Se decidió rápidamente, aceptando sus condiciones, ya que podía pagar lo que él le pedía. Esto le permitiría traer á sus padres desde Kauai a vivir con ella y sus hijas en este hermoso lugar, así parecía apropiado mudarse desde Honolulú hasta Hilo.
Sintiéndose como si fuese dueña de un palacio, buscó a los carpinteros para que comenzaran con las modificaciones, creando no sólo un hogar sino también un centro de curación para todo el que necesitase ayuda. Antes de que el trabajo de carpintería estuviese terminado, e incluso de que estuviese instalada con los muebles, las dos maestras de escuela fueron cada día para un tratamiento. Cuando se sintieron mejor le pidieron asistir a su próxima clase de Reiki, y de este modo fue aceptada en Hilo inmediatamente.
Cuando se terminó el proyecto de construcción, había dos habitaciones para tratamiento, una gran sala de espera, y el área privada para la familia. Tomó un muchacho para cuidar el jardín, con lo que muy pronto la propiedad sufrió una gran transformación, y la Sra. Takata estuvo lista para ofrecer Reiki a la Gran Isla.
Ya la gente de toda la isla llegó hasta ella por tratamientos, y también daba clases. Casi de un día para otro se volvió popular, debido en gran parte al capataz de una de las plantaciones de azúcar. Se cayó del caballo lastimándose y ocasionándole problemas con sus piernas y su espalda, así que le pidió que lo fuera a ver e intentara aliviarle su dolor. Le pidió treinta días para trabajar con él, con lo que estuvo de acuerdo, y a los veintinueve días ya estaba completamente recuperado.
Al ser capataz de una plantación que incluía varias villas, su influencia fue muy grande. Estaba tan complacido con su recuperación que le ofreció enviarla a estas villas para dar conferencias y demostraciones, después de lo cual podría dar clases: de modo que se unió a su staff para ayudarla a organizar estas visitas. Alquilaron el pequeño sampán para llevarla hasta los distintos clubes en donde se reunía la gente, y así Reiki se difundió en toda la zona, con mucho por aprender para toda la gente.
En una de estas demostraciones había un herrero de la plantación. Tenía una astilla de metal en el ojo que el médico no le había podido retirar, él le preguntó si ella no lo podría usar como modelo y removerle esta astilla que le producía tanto dolor. Tenía esa zona de la cara vendada, de modo que trabajó sobre sus ojos y su cabeza durante veinte minutos, colocando sus manos sobre la gasa. Cuando parpadeó no sintió dolor, y a la mañana siguiente cuando fue al médico no tenía rastros de la astilla, se había ido. Con ese sólo tratamiento, el cuerpo extraño había desaparecido. Esto asombró a los estudiantes de la clase y les dio más confianza en Reiki, ya que aunque el tratamiento se realizó sobre el vendaje, fue realmente efectivo.
Cuando llegó a otra villa para dar clases, el ministro de la iglesia se le acercó, comentándole que un hombre hacía años que estaba postrado en cama, sin poder caminar, a causa de un accidente en el que se había dañado la espalda. Había leído los artículos sobre Reikl en el periódico, y tenía muchas ganas de conocer a la Sra. Takata. El ministro le explicó que había un problema. Este hombre vivía muy lejos arriba en las montañas, y el camino sólo llegaba hasta una corta distancia; el resto del viaje debía realizarse a caballo. Ella no era muy buena jinete, pero quiso intentarlo: de modo que viajaron media hora en auto, y luego siguieron por la senda durante dos horas más a caballo.
La familia se puso muy feliz de que hubiesen ido, y luego del almuerzo comenzó el tratamiento con el hombre enfermo. Con tanto tiempo libre, leía muchas revistas y diarios, así que estaba bien informado sobre Reiki por los artículos del diario de Honolulú, de modo que hizo muchas preguntas. Ella le dijo que no era ella la que curaba. El verdadero curador es Reiki, y Reiki es Energía Divina; y ésta determinaría cuán bien podría responder al tratamiento. Hablaron del accidente que lo había dejado paralizado de la cintura para abajo. La parte superior de su cuerpo estaba bien, pero no tenía sensibilidad en sus miembros inferiores. Ya que su mujer hacía de enfermera y ayudante, ella también estaba confinada en su casa y a su condición: de modo que le sugirió que éste sería un buen momento para tomar clases de Reiki y aprender a dar un tratamiento. La Sra. Takata permaneció cinco días con ellos, mientras la esposa le ayudaba y aprendía el arte de curar con Reiki. El cuerpo del hombre comenzó a recuperar la sensibilidad, y así supieron que estaba respondiendo bien y había esperanza de recuperación. Otros miembros de la familia tomaron luego las clases así podrían ayudar cada vez que los visitaran, y con tratamiento diario de sus familiares, en menos de un año el hombre fue capaz de caminar por su casa y su jardín sosteniéndose solamente con un bastón.
Naturalmente muchas personas escucharon sobre estos casos y querían saber más. Incluso el personal del hospital de la plantación se interesó y abrió sus puertas a Reiki, ofreciendo un lugar para dar clases.
La clínica de la Sra. Takata en Hilo prosperó, y ella estalla muy ocupada dando tratamientos allí, y también viajando por las islas dando clases. En todas partes donde iba obtenía partes de agradecimiento, demostrando muchas veces que Reiki verdaderamente trabaja sobre todo lo que tiene vida — plantas, aves y animales, así como en los seres humanos.
A comienzos de 1940 tuvo un vivido sueño en el cual ella veía al Dr. Hayashi en kimono de ceremonia de seda blanca. Caminaba hacia adelante y hacia atrás tres veces, y ella podía oír el siseo de la seda sobre las esterillas de tatami. Parecía real, no un sueño. Esto la intranquilizó, y escribió preguntando por él, y esto se confirmó cuando supo todo.
Unas semanas después sintió urgencia de ir a Japón, y cuando llegó en abril, los Hayashi se sorprendieron mucho de verla. La bienvenida del Gran Maestro la desconcertó cuando le dijo que aunque la esperaba en algún momento del año, había llegado muy temprano. Le sugirió que fuera a Kyoto para estudiar hidroterapia, lo que le ayudaría en su práctica de Reiki. La Sra. Hayashi le habló en privado y le explicó que su marido había decidido pasar a transición por su propia elección. Aún no había fijado la fecha, por eso cuando la Sra. Takata recibiera el cable, debería ir inmediatamente a Atami donde estarían residiendo.
La Sra. Takata fue a Kyoto para las clases de hidroterapia, y cuando el 9 de mayo recibió el telegrama, tomó el tren nocturno para Atami, adonde arribó a las cinco de la mañana. Cuando llegó a la casa de los Hayashi le preguntó a una de las mucamas por la salud del gran Maestro y al saber que se encontraba bien, sintió que no estaba segura de comprender el sentido de la palabra "transición" en Japonés.
La familia le dio la bienvenida en el desayuno, y parecían bastante contentos. Nada se mostraba diferente o extraño, hasta que el Dr. Hayashi anunció que a partir de las diez en punto comenzarían a llegar muchas personas, y él quería que la Sra. Takata los recibiera y oficiara de anfitriona, ayudando a dar asiento a los visitantes. Había invitado a sus amigos y estudiantes para presenciar su transición, y le expresó su placer de que ella estuviera allí para esta ocasión.
Ella se preguntaba cómo alguien podía estar sentado y hablar con tanta calma, pero el Dr. Hayashl dijo que ya había fijado el tiempo entre la una, y la una y veinte de la tarde, y en ese período él entraría en la transición. Aún más, la familia había decidido que la Sra. Takata sería la persona adecuada para llevar adelante su tarea con Reiki. Su hija estaba casada y no deseaba trabajar; su hijo deseaba entrar en los negocios y no deseaba continuar con la clínica, y la Sra. Hayashi retirarse a su casa en el campo. De este modo, todos acordaron elegir a la Sra. Takata para convertirse en la Gran Maestra de Reiki. Esto era más que una posición honoraria, ya que se le daría la propiedad de Tokio junto con la clínica y la casa; además él había escrito un documento a la asociación de Reiki de modo que el pueblo de Japón entendería que él había elegido a Hawayo Takata como su sucesora.
A la Sra. Takata le explicaron todo lo planeado, pero encontraba muy difícil de creer que una persona pudiera pasar a transición de esta manera, y pensaba que había un malentendido. Nadie de la familia expresaba pena o derramaba lágrimas, y se sentía abrumada por todo esto.
A la una en punto el Dr. Havashi entró en la habitación donde estaban reunidos los invitados y la familia. Estaba vestido con el mismo kimono blanco que la Sra. Takata había soñado, y cuando caminó sobre las esterillas, pudo escuchar el siseo de la seda y sintió el aire frío. Justo como lo había soñado. Los saludó y les explicó por qué había tomado esta decisión.
Sabía que era inevitable la guerra entre Japón y Estados Unidos, y siendo un ciudadano patriota tanto como un oficial de reserva de la Marina, sería llamado para actuar en un buque de guerra y tendría que matar muchas personas. Como un devoto budista y Gran Maestro de Reiki no podría atentar contra la vida. Habló de haber vivido una vida de paz y comprensión, de trabajo para ayudar a la gente; entonces antes que matar a otros, había elegido hacer una transición pacífica en este momento, aunque sólo tuviera sesenta y dos años, y estuviera en perfecta salud.
Les agradeció haber ido, diciendo que no era la muerte, sino la vida la que seguía; por lo tanto, la transición significa «gran cambio» no muerte; y que no debería haber lágrimas o pena, ya que hasta su familia comprendía. El Dr. Hayashi les dijo que el primer signo había llegado, pero que no

La consigna:
Mantener la Dignidad, la Fe, la Esperanza, el Respeto y el Honor. A traves de la Sabiduria, la Serenidad, la Sensibilidad y la Sencillez. regresar al Origen.

Los seres humanos son libres excepto cuando la humanidad los necesita.
ORSON SCOTT CARD
21-Nov-2008 11:30 AM
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