Privado: Mexicanidad

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la version del conquistador

Miguel Ángel Mendoza, Cuauhcoatl Tlahui,

No. 2, II/1996 Zemanauak Tlamachtiloyan

 

Si la historia siempre la escriben los vencedores, obligadamente, siempre será falsa. En el frontispicio de la Biblioteca de la Universidad de Texas, en la ciudad de Austin, hay una leyenda grabada que dice: La historia se hace con documentos. Recomendamos a las autoridades de esa Universidad que agreguen: “sí, pero verídicos”, porque todas las bibliotecas del mundo están llenas de documentos falsos. Así nos lo hace saber el filósofo Maimónides (Córdoba, 1135, El Cairo, 1204) que dijo: “Los tontos han escrito cientos de libros banales y vacíos…, es error fatal creer que todo aquello que se lee en los libros se acepte como verdad, particularmente si los libros son antiguos. No veáis todo lo escrito como pruebas convincentes. El mentiroso miente con su pluma con la misma facilidad que con su lengua”. La primera verdad axiomática que transmitimos a los asistentes a nuestros cursos permanentes de Cultura y Mentalidad Mexihca’ (Mexihca nemiliztli ihuan Mexihca ilnamiquiliztli) es ésta: “No todo lo que está impreso en letras de molde es cierto”. Lo anterior, para prevenirlos de tomar a pie juntillas lo que alguien escribió por sí mismo o por encargo de alguna entidad que, incluso, financió la impresión y se ocupó de hacer circular la obra entre los sectores de la sociedad de su tiempo a quienes se deseaba o se desea influir. En el caso del pasado de los pueblos de este Continente, invadidos, derrotados, saqueados, perseguidos hasta el exterminio, y los escasos sobrevivientes sometidos por el terror -nunca conquistados por España-, los hechos acontecieron con tanta velocidad y ferocidad que produjeron fenómenos sociales, políticos, económicos y aún psíquicos tan complejos que todavía en esta época desconciertan a los estudiosos que se abocan a ellos con la suficiente buena fe e independencia de criterio como para tratar de entenderlos y explicarlos coherentemente. Si admitimos que toda cultura es un universo completo en sí mismo, tendremos que concluir que la nuestra posee una enorme riqueza, exuberancia y complejidad. Y si concebimos que la Historia no es el simple proceso de memorizar una retahíla de hechos, nombres, fechas, lugares, títulos de batallas, generalmente sacados fuera de contexto y que, de suyo, no explican nada, entonces podremos aspirar a poseer un sentido moderno de esa misma historia. Sólo hasta ese momento podríamos sentirnos usufructuarios de la esencia más profunda de la historia: ser sujetos y no objetos del re-encuentro con las raíces más hondas de nuestro ser comunitario. Antes de llegar a esto deberemos cubrir estas etapas:

 

1. Obtener una percepción integral de nuestra cultura-madre que desde luego, no fue una cultura negada, como quieren algunos. No, la nuestra fue una cultura agredida, herida, casi asesinada. Y que si no hubiera sido por la “Ultima Consigna de Anáhuac”, dada a conocer por Cuauhtémoc, el último tlacatecuhtli de la Confederación de los Pueblos del Anáhuac que ordenó preservarla para los mexicanos del futuro, ahora no tendríamos nada.

2. Hacer la revisión crítica de los nueve grandes temas que integran toda cultura, pues hasta para negarla hay que conocerla primero. Acto seguido, revitalizar cada uno de los elementos de nuestro pasado remoto que nos fueron suprimidos sistemáticamente en la enseñanza de nuestra historia, pues aquí cobra vigencia la expresión del gran escritor uruguayo Eduardo Galeano cuando sentencia: “Nos robaron nuestro pasado, nos hicieron casi imposible escribir, esto es, reconstruir, nuestra historia”.

3. El medio para lograr este re-encuentro será elaborar un método científico que nos permita abordar el estudio actualizado de esa misma historia nuestra. Aquí vale recordar la frase del filósofo contemporáneo Jorge Santayana, cuando dice: “Pueblo que olvida su pasado, está condenado a repetirlo”. Empero, en todos los historiadores y ensayistas se advierte la carencia de un método científico que reúna, mínimamente, los siguientes requerimientos:

a) Información, si no exhaustiva, sí suficiente
Veracidad en los datos
c) Una estructura ordenada
d) Claridad y sencillez en la exposición
e) Un sistema de cotejo cruzado y múltiple que permita otorgar credibilidad al conjunto y con ellos poder acercarse a la realidad histórica.

Usamos esta expresión realidad histórica porque la verdad es un valor absoluto y en un mundo totalmente relativo como éste, los absolutos no existen. En cambio, la realidad puede ser comprobada o comprobable y por tanto ésta sí existe. Por nuestra parte, al reconocer esta carencia tan generalizada, nos obligó a orientar nuestras actuaciones en dos direcciones:

a) elaborar dicho método científico
realizar una labor de destrucción de todos los mitos que infestan nuestra -tantas veces mencionada- historia.

Al efecto, hemos estructurado todo un sistema que incluye cinco instrumentos de conocimiento que se complementan entre sí, que son sencillos de aplicar y que satisfacen los requisitos antes mencionados, y que, en manos de estudiosos interesados en nuestra cultura-madre se convierten en cinco verdaderas armas de investigación y corroboración:

Documentos verídicos (indígenas). Códices (exclusivamente los anteriores a 1521), lienzos, monolitos, petroglifos y obras de arte.
Integración al contexto social, cultural, económico y político de la época.
Aportes de la tradición oral.
Análisis lingüístico.
Aplicación del sentido crítico.

En cuanto a la tarea de desmitificar nuestro acontecer remoto, tendremos que realizarla todos a la vez, pues es mayor que cualquier esfuerzo individual:

· Revisaremos toda la falsa historia de Anáhuac.

· ¿Cómo fueron escritos y publicados en el siglo XVI los libros que son considerados “fuentes históricas”?

· El mito de las joyas de Isabel la Católica.

· La misión secreta de Cristóbal Colón.

· El verdadero nombre de América.

· Aztlán o el error de considerar un solo origen mítico.

· ¿Sacrificios humanos? ¿Antro- pofagia?

· La deformada imagen de Motecuhzoma Xocoyotzin.

· El falso nombre de Cuitlahuac.

· Las “biografías”de Cuauhtémoc.

Todo lo anterior requiere de una paciente búsqueda, acuciosa investigación y un discernimiento apartado de los patrones culturales europeo- occidentales que, al ser impuestos a sangre y fuego desde el siglo XVI, han contaminado durante 500 años nuestro ser comunitario y han impedido que aflore nuestra verdadera identidad. Todavía están por ser escritos estudios profundos acerca de las formas vivas de la cultura. Aún esperan a la inteligencia penetrante y lúcida, a la percepción fulgurante y al talento ordenador que las presente como lo que son el rostro vivaz y la personalidad deslumbradora de todo un pueblo que le permita conocer su propia grandeza y a ésta, ser proyectada al mundo.

Finalmente, permítaseme citar dos expresiones que por medio de su humor, reflejan un hondo sentido satírico: “La Historia no es la sucesión de sucesos sucedidos sucesiva mente”. Y ésta otra: “Mientras los leones no tengan historiadores que escriban su historia, ésta siempre le dará la razó a los cazadores”.

 

© Ce-Acatl: No. 80, 1996. ceacatl@laneta.apc.org